La recesión más anticipada de la historia

Con independencia de su alcanza, existe una constante histórica: que los mercados se recuperan cuando la economía está en fase de contracción

No deben existir muchos precedentes de una recesión tan ampliamente descontada como la que esperamos para los próximos meses. A pesar de que seguimos observando una cierta fortaleza en los beneficios empresariales, o en los datos macroeconómicos más retrasados, los niveles de los índices de confianza o los indicadores adelantados nos dibujan un claro escenario recesivo en el horizonte.

Más allá de los datos macroeconómicos, los mercados financieros (como siempre) llevan meses anticipándose y poniendo en precio esa recesión que cada vez parece más inevitable. Dependiendo del activo que observemos, el grado de descuento varía; por ejemplo, la pendiente de la curva americana entre el bono a 2 años y el vencimiento a 10 años se invirtió el pasado mes de julio, aunque el modelo que utiliza la Fed (la pendiente entre el 3 meses y el 10 años) aún otorgue pocas posibilidades de recesión. En el caso de la renta variable, la probabilidad de recesión anticipada ha llegado al 85% en los peores momentos de este año. Si miramos a los diferenciales de crédito en la renta fija privada, tanto en Investment Grade como en High Yield, ya nos encontramos en niveles que se corresponden con escenarios recesivos.

Por lo tanto, y desde el punto de vista de los mercados financieros, hace tiempo que la recesión ya está aquí. Esto, sin embargo, no tiene que constituir una circunstancia especialmente negativa para el inversor. Con independencia del alcance de esta recesión, hay una pauta histórica que se ha repetido en prácticamente todas y cada una de las recesiones anteriores y no es otra que los mercados se recuperan cuando la economía está inmersa en pleno período de contracción económica.

Es imposible establecer el alcance de esa futura recesión. Los precedentes históricos pueden constituir una referencia pero, desgraciadamente, la economía no funciona de manera tan lineal y más aún cuando hay demasiadas partes móviles y factores exógenos (como la guerra de Ucrania) que pueden cambiar por completo el escenario en un sentido u otro.

Quizás resulte más útil no intentar predecir el alcance y la duración de la recesión y sí observar el nivel alcanzado por los activos financieros y considerar si estos suponen una oportunidad o no.

En el caso de la deuda soberana, el repunte de la inflación ha alterado todas las curvas y ha disparado las rentabilidades al alza. La cuestión aquí es si la inflación se va a mantener de manera estructural en estos niveles o, por el contrario, poco a poco veremos una normalización que la llevará hacia el objetivo de los bancos centrales. Si esto es así, y asumimos que la inflación tenderá al 2% en el largo plazo, ya se pueden practicar inversiones en deuda pública a tipos reales positivos. Algo que hace unos meses parecía una entelequia.

En el caso de la renta fija privada, las rentabilidades se han movido con fuerza al alza y los diferenciales ya se identifican con un escenario recesivo y en el que los impagos de deuda hacen su aparición. Aquí la oportunidad es muy evidente también; estamos en niveles en los que el inversor en renta fija siempre ha ganado dinero a doce meses. Es cierto que el entorno de inflación puede invalidar esta suposición, pero una inversión a un plazo un poco más largo que esos doce meses y con el colchón que suponen las rentabilidades actuales, ofrece una ventana especialmente interesante para el bonista que se plantea entrar en estos niveles.

La renta variable no ha escapado a este ajuste de las expectativas. A lo largo de los últimos meses hemos visto caídas que raramente se asocian con compañías de elevada calidad. El repunte de los tipos ha provocado un reajuste de las valoraciones y ha llevado a compañías que tradicionalmente cotizan a múltiplos altos a niveles que se corresponden con negocios mucho más mediocres. Al igual que sucedía con la deuda, si consideramos ciertos factores como de corto plazo (como puede ser el actual repunte de la inflación) en una inversión a largo plazo (como por definición es la renta variable) el mercado nos está ofreciendo un excelente punto de entrada para los próximos años.

En nuestra opinión, un buen inversor tiene que ser consciente de sus limitaciones y de sus capacidades. Nuestra principal limitación es la imposibilidad de predecir el futuro. Nuestra capacidad es la posibilidad de hacer un análisis racional de nuestras inversiones, identificar la calidad y potencialidad de estas y acompañarlo todo de la paciencia suficiente para que esa volatilidad, que seguiremos viendo en el mercado, no nos impida aprovechar las oportunidades que este nos ofrecerá en los próximos meses.

David Ardura es Director de Inversiones de Finaccess Value AV