Decálogo para que volver al trabajo no sea una cuesta arriba

La planificación y ponerse objetivos realistas son dos aspectos fundamentales

Las vacaciones son un buen momento para reflexionar si se está satisfecho con el empleo o hay que cambiar

El síndrome postvacacional no está considerado una patología médica.
El síndrome postvacacional no está considerado una patología médica.

Cambiar los días de relax en la playa o la montaña por las jornadas de oficina o en la fábrica no siempre es fácil. No en vano, el término síndrome posvacacional, que no está considerado una patología médica, empieza a colarse en muchas conversaciones estos días. “Normalmente es una dificultad de adaptación o una necesidad de tiempo para asimilar los cambios”, explica Elisa Sánchez, psicóloga especializada en salud laboral. Para que retomar la rutina no se haga cuesta arriba se pueden seguir estos consejos.

1. No agobiarse el primer día. “Las personas que tienen síndrome posvacacional suelen ser muy autoexigentes, quieren rendir el primer día a tope y todos los correos electrónicos y tareas que tienen atrasadas los quieren resolver en un momento. No tienen unas expectativas realistas. Son muy exigentes, impacientes. Tienen que plantearse objetivos que puedan cumplir, hacer pausas, no sobrecargase con temas familiares, aprender a decir que no y priorizar”, afirma Sánchez.

2. Planificar la vuelta al trabajo. “Desde varios meses antes estamos planeando las vacaciones, el destino, con quién vamos, miramos presupuestos, pensamos qué tenemos que echar en la maleta. Sin embargo, no nos preparamos para volver. Y es algo fundamental. Hay que empezar a pensar en que tenemos que retomar el trabajo varios días antes de incorporarnos”, explica Joseba Pérez, director general de Lortu, compañía de coaching empresarial.

3. Llegar a casa varios días antes de que acaben las vacaciones. “Si vuelves el domingo y el lunes a las ocho quieres estar rindiendo al 100% es muy complicado porque las personas necesitan un proceso de adaptación. Algunas lo gestionan más rápido que otras. Aprovecha esas jornadas para poner lavadoras, hacer la compra. Para no llegar el primer día y estar desbordado de las cosas nuevas que han surgido del trabajo, más toda la gestión doméstica”, apunta Sánchez.

4. Cambiar de horarios poco a poco. En relación con el punto anterior, esos días previos es aconsejable empezar a adaptar las horas de levantarse y acostarse que se van a tener cuando comiencen las jornadas laborales. “Las personas a las que no les gusta madrugar y han aprovechado para dormir hasta las 10.00 h o las 11.00 h es normal que sientan que el cuerpo está un poco decaído hasta que las hormonas se acostumbren otra vez a acelerarse pronto por la mañana”, y para ello hace falta tiempo, aclara Sánchez, que también es directora de la consultora Idein.

5. Continuar con algunos hábitos de las vacaciones. “Se puede seguir disfrutando de un clima que aún invita a hacer actividades de ocio con tu circulo social en los días libres. Además, puedes quedarte con ciertas actividades que te hayan aportado bienestar durante las vacaciones, como la lectura”, recomiendan los profesionales en España de Mindgram, una plataforma internacional de salud mental para empresas.

6. Tener una vida saludable. Si uno de los hábitos que se han adquirido durante los días de descanso es hacer deporte o simplemente dar un largo paseo, es recomendable seguir haciéndolo. Además de cuidar la alimentación y “procurar dormir en condiciones, sin pensar que al día siguiente tienes que trabajar”, aconseja Joseba Pérez. Eso sí, mejor no empezar el primer día con “un régimen severo, porque serían demasiados cambios”, añade Sánchez.

7. No encallarse en las vacaciones. “Hay que ser conscientes de que las vacaciones representan un corto periodo de tiempo al año y no se puede estar pensando todo el tiempo en las se acaban de pasar o focalizarse ya en las siguientes. Se debe encontrar la felicidad en las pequeñas cosas del día a día. Ayuda para ello iniciarse en el mindfulness o adaptar algunas prácticas como desayunar en silencio, prestar atención a la respiración mientras se va camino del trabajo o saborear un café en lugar de tomarlo mirando el móvil”, explican desde Mindgram.

8. No tomarse el empleo como un castigo. Ligado al consejo anterior, Elisa Sánchez asegura que es perjudicial hacer la polarización de “qué maravilla son las vacaciones, qué horror es el trabajo”. En este sentido, Joseba Pérez aboga por ver el lado positivo de la situación, “como puede ser reencontrarte con los compañeros” e incluso pensar que “es gracias a lo que estás haciendo que te puedes permitir unos días de descanso”.

9. Dedicar un tiempo a reflexionar. Los días de descanso, cuando se dispone de más momentos de relajación, son una buena ocasión para pararse a pensar si se está satisfecho con el trabajo que se tiene o si quizá esa desafección por volver a la rutina esconde algo más. Es lo que Pérez llama “crear un nuevo punto de partida”. También es una buena oportunidad para pensar nuevos proyectos que generen ilusión.

10. Cambiar aquello que crea malestar. Tras un periodo de reflexión quizá salgan a relucir circunstancias que hacen que volver a trabajo se vea como algo negativo. “Puede que no te guste lo que estás haciendo. Que tengas un conflicto con algún compañero o jefe. O no te sientas valorado en la empresa”, asegura Sánchez, antes de añadir que estos momentos son una oportunidad de cambio, ya sea para hablar con un superior y pedirle desde nuevas funciones a un aumento de sueldo, pasando por un movimiento a otro departamento. “Si tienes desafección por el trabajo, no sigas, intenta salir. A través de la formación o mandando currículos para encontrar un nuevo empleo. No vuelvas como que no ha pasado nada”, opina Joseba Pérez, tras 35 años dirigiendo equipos.

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