Cuando la sostenibilidad está en el ADN de la empresa

Hay compañías cuyo modelo de negocio se basa en el respeto al medio ambiente

Concienciar al consumidor y el comercio electrónico son sus principales retos

Proceso de producción de un mueble de Andreu World.
Proceso de producción de un mueble de Andreu World.

En unos años en los que la palabra sostenibilidad toma cada vez más fuerza en el mundo empresarial, hay compañías españolas que ya apostataron por ser respetuosas con el medio ambiente desde sus inicios o varias décadas atrás. De hecho, se podría decir que este concepto marca su modelo de negocio y que está en su ADN.

Sus 15 años trabajando en el sector del retail hicieron que Silvia Fernández tuviera muy claro cómo quería que fuera la empresa que iba a crear. Su marca de bolsos, Moclan, sería sostenible, y en la fabricación de los mismos solo usaría materiales reciclados y veganos. Así, desde el pasado año vende estos complementos realizados en neopreno reciclado y cuero obtenido a partir de fibras vegetales. Unos diseños que cuestan en torno a 150 euros y están fabricados íntegramente en España, ya que otro de sus principios era apostar por la economía circular. “Todos los elementos que introducimos en la producción están realizados aquí”, afirma Fernández, antes de explicar la decisión de que sus productos no puedan adquirirse por internet, solo en los casi 20 puntos de venta que tiene la firma en tiendas multimarcas. “Creemos firmemente en el comercio local, que sigue siendo el impulsor de las ciudades, de que tengan vida”.

Bolso modelo Eve de Moclan hecho con cuero vegano.
Bolso modelo Eve de Moclan hecho con cuero vegano.

La diseñadora es consciente de que los consumidores españoles son más reticentes que otros europeos, como los franceses, otro mercado al que se han abierto, a gastar dinero por el hecho de que un producto sea sostenible y esté pensado para perdurar. “En el país de Zara tenemos muy inculcado el concepto de fast fashion, de compro barato, me lo pongo tres veces, lo tiro o no lo uso más. Y muy introducido el concepto de que hay que pagar poco. Somos muy reivindicativos a la hora de pedir pensiones y salarios más altos. Queremos beneficios, pero no nos damos cuenta de que esos beneficios los tenemos que generar a través de nuestra economía circular. Compramos productos que vienen de India y de China, donde hay esclavitud infantil”, sentencia.

Botellas que son abrigos

En Ecoalf, firma pionera en España en el uso de materiales reciclados para fabricar prendas de ropa, coinciden con Silvia Fernández en que aún queda camino que recorrer para concienciar al consumidor. Aun así, reconocen que sí han notado un cambio de mentalidad en los más de 10 años que llevan convirtiendo en tejido objetos como botellas de plástico o redes de pesca. “Al principio el cliente no entendía muy bien lo que le estábamos vendiendo, pero le gustaba y tal vez por eso empezó a comprar. Luego ya empezó a ser consciente de todo lo que había detrás de cada prenda y cómo ellos podían estar apoyando el proyecto o siendo parte de ese cambio que estábamos proponiendo. A día de hoy, según en qué mercado estamos, es el propio mercado el que te está exigiendo en algunas cosas incluso más de lo que estabas haciendo”, cuenta Carolina Blázquez, jefa de innovación y sostenibilidad de la compañía.

El hilo que usa Ecoalf para confeccionar sus chaquetas proviene del fondo del mar.
El hilo que usa Ecoalf para confeccionar sus chaquetas proviene del fondo del mar.

Un cambio que también nota a la hora de acceder a materiales con los que realizar las prendas. “Hace 12 años, los dos o tres primeros tejidos que pusimos en marcha nos costó dos años desarrollarlos. Ahora, es mucho más fácil. Los proveedores han ido avanzando y son ellos los que nos proponen los materiales”, asegura.

Esta empresa, que nació “con un propósito muy claro: la protección de los recursos del planeta”, se enfrenta ahora al reto que supone el e-commerce, el “gran dolor” que tienen, tal y como afirma Fernández, por la huella de carbono que supone el traslado de los paquetes. Uno de sus proyectos de innovación es, de hecho, cómo minimizar ese impacto y ser más eficientes en dicho servicio.

Innovar sin olvidar la tradición

Esta preocupación la comparte la empresa Andreu World, nacida a raíz de un pequeño taller de ebanistería en la década de los 50 en Valencia y que, ahora, con unos 500 empleados, reparte sus muebles a todo el mundo. “Estamos desarrollando todos los productos para que ocupen lo mínimo en el transporte. A veces, los entregamos por partes y se produce un ensamblaje sencillo cuando llega al cliente. Eso hace que podamos reducir la huella de carbono más de un 50% o 60%”, indica Jesús Llinares, director general de la firma.

Además, la compañía está llevando adelante un plan, en alianza con empresas locales de diferentes países, para establecer centros donde se lleven a cabo labores como la reparación o retapización de los muebles sin que tengan que ser trasladados a España, con el consiguiente ahorro de emisiones que eso conlleva. Por ahora, ya tienen establecidos tres puntos en América, prevén tener otros en Europa y el mismo número en Asia.

Desde sus inicios, ya eran respetuosos con el medio ambiente, que les proporcionaba la madera con la que trabajar. Pero fue a comienzos de este siglo cuando se decidió incluir la sostenibilidad al redactar los valores y la misión de la compañía. “Pensamos que es urgente ahora mismo un cambio hacia un modelo de crecimiento que sea regenerativo. Que devuelva al planeta tanto o incluso más de los recursos que estamos tomando. Nosotros ya iniciamos ese tránsito hace décadas”, señala Llinares.

Hoy en día, la madera que utilizan proviene de bosques controlados y reforestados, y usan tecnología propia para que todos los materiales que emplean, en especial en las partes no vistas, sean 100% reciclados y 100% reciclables. “En 2019, fuimos la primera empresa del mundo en nuestro sector que hizo una butaca con biopolímero, un plástico que no es plástico, que es de origen natural. Se crea a partir de unos procesos de fermentación de microorganismos vivos. Es 100% reciclable, biodegradable y compostable”, añade el directivo.

La compañía, que solo consume energía limpia de fuentes renovables en sus instalaciones, ha obtenido, además, el sello C2C (Cradle to Cradle) Certified, ya que los 6.830 diseños de su catálogo cumplen con los requisitos de la economía circular, los materiales y acabados empleados están libres de sustancias restringidas y han sido fabricados sin usar sustancias nocivas para la salud. “La sostenibilidad es la nueva belleza”, sentencia Llinares.

El coste en agua de una camiseta de algodón

La cantidad de ropa comprada en la UE por persona ha crecido un 40% desde 1996, debido a la caída de los precios, según datos del Parlamento Europeo. La misma institución señala que para elaborar una camiseta de algodón se estima que son necesarios 2.700 litros de agua dulce, la misma cantidad que un ciudadano bebe en dos años y medio.

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