La restricción de los vuelos privados es una idea que podría volar

Se les podría obligar a entrar en el sistema de derechos de emisión, que ahora solo se aplica a las líneas comerciales

Jet privado de un asistente a la cumbre del clima de Glasgow, en 2021.
Jet privado de un asistente a la cumbre del clima de Glasgow, en 2021. reuters

Gravar a los ricos voladores: el Ministro de Transportes francés, Clément Beaune, está sopesando una idea que ayudaría a reducir las emisiones de carbono, al tiempo que enviaría un mensaje de que todos los miembros de la sociedad deben compartir los sacrificios causados por la crisis energética. Quiere restringir el uso de los aviones privados.

Los jets privados que gustan a los peces gordos de las empresas, los gestores de fondos de cobertura y las grandes figuras de Hollywood son un blanco fácil en la lucha contra el calentamiento global. Según Transport & Environment, un grupo europeo de defensa de los derechos humanos, solo el 1% de los viajeros provoca el 50% de las emisiones de carbono de la industria de la aviación.

Sin embargo, la pandemia ha animado a más personas a pagar por el privilegio de evitar el contacto aéreo con extraños. En los primeros siete meses del año, los vuelos de negocios mundiales aumentaron un 22% en comparación con el mismo periodo de 2021, según la consultora de aviación Wingx. La actividad de las aerolíneas comerciales bajó un 18%.

Los Gobiernos pueden recurrir a impuestos más altos o a regulación para dejar en tierra los jets privados. Una opción sería obligarles a entrar en el Sistema de Comercio de Derechos de Emisión de la UE, que actualmente solo se aplica a las aerolíneas comerciales. Los propietarios de aviones privados se verían obligados a comprar “derechos de emisión”, que funcionan como derechos limitados a contaminar, lo que encarecería el coste de sus vuelos.

Pero Francia también está estudiando la posibilidad de obligar a los usuarios de aviones a demostrar que no disponen de medios más respetuosos con el clima para llegar a su destino, como las compañías aéreas regulares o el tren. Ello pondría a los pasajeros privados a merced de la burocracia francesa, lo que supondría un importante factor de disuasión.

Cualquier impuesto tendría que ser punitivo para obligar a las estrellas de cine o a los ejecutivos preocupados por su estatus a cambiar sus aviones Gulfstream por un asiento normal de clase business. Pero la recaudación ayudaría al menos a compensar parte de la enorme huella de carbono. Y, a diferencia de la mayoría de los impuestos, hay pocas desventajas económicas. Los consejeros delegados que quieran viajar en solitario pueden decidir aterrizar sus aviones en el extranjero, pero es poco probable que esto tenga un impacto significativo en la inversión en Francia. Y las restricciones podrían ser más efectivas si los ministros de Transporte europeos aceptan la idea cuando la discutan en octubre.

De momento, los inversores no se han inmutado. Las acciones de Dassault Aviation, el fabricante de aviones militares y comerciales de 12.000 millones de dólares que produce el Falcon, uno de los aviones privados más populares del mundo, han cotizado en línea con el mercado francés en general desde los comentarios de Beaune el pasado fin de semana. Esto respalda la idea de que los ricos serán reacios a renunciar a los viajes aéreos privados. También hace que sea más probable que despegue una medida de restricción.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías