¿Hace falta una vicepresidencia de reindustrialización e innovación?

Recuperar las manufacturas es vital para la independencia económica

Con mucha frecuencia oímos hablar de lo importante y necesario que es incrementar el peso del sector industrial en la economía, y hacerlo de manera digital y sostenible.

Este ha sido uno de los principales objetivos defendidos desde Ametic, la asociación empresarial representante de la industria digital, que presido, y será el tema central del 36 Encuentro de la Economía Digital y las Telecomunicaciones que celebraremos en la UIMP de Santander en los primeros días de septiembre. Pero ¿qué hace falta para que ocurra?

Lo más importante es generar un entorno que lo favorezca y, para ello, hacen falta muchos cambios, empezando por la percepción que la sociedad en su conjunto tiene de la industria. Hasta hace poco, la industria se ha asociado a actividades contaminantes indeseables. Todavía es habitual en los medios de comunicación ver dibujos de chimeneas humeantes como representación de la industria… Aunque la pandemia y las peligrosas consecuencias de depender de terceros en caso de emergencias han abierto los ojos y han ayudado a cambiar la percepción social, sigue siendo imprescindible que la industria sea valorada como lo que es: la fuente más importante de creación de riqueza, empleo de calidad e innovación. Es imprescindible que la sociedad cambie su actitud hacia la industria, que a su vez tendrá que transformarse hacia nuevos modelos respetuosos con el medioambiente y la cohesión social.

Además de un entorno social que lo favorezca, hacen falta cambios legislativos y fiscales favorables a su desarrollo. Recientemente, las instituciones de la sociedad civil implicadas (asociaciones empresariales, sindicatos y asociaciones profesionales) hemos presentado a todos los grupos parlamentarios del Congreso de los Diputados una propuesta de Pacto de Estado por la Industria, en la que proponemos a todos los grupos políticos un pacto que trascienda más allá de una legislatura y que pueda ser apoyado por los sucesivos Gobiernos, sea cual sea su color. Este Pacto de Estado debería de abrir paso a la elaboración de una Ley de la Industria que convierta los pactos en acciones de gobierno, objetivos a medio y largo plazo y compromisos presupuestarios en los presupuestos generales del Estado.

Nicolas Hayek, el hombre que fue contratado por el Gobierno suizo para definir una estrategia de defensa de la industria relojera suiza cuando su existencia se puso en peligro debido al cambio marcado por la aparición de los relojes electrónicos procedentes de países asiáticos, elaboró la propuesta que salvó a la industria relojera suiza y generó The Swatch Group SA, conocido como SMH Société Suisse de Microelectronique & d’Horlogerie hasta 1998 y, hoy en día, el primer fabricante mundial de relojes y poseedor de una gran parte de las grandes marcas suizas (Swatch, Omega, Longines y un largo etcétera).

Decía Hayek en un aclamado artículo que se publicó en la HBR (Harvard Business Review): “Tenemos que fabricar productos donde vivimos, porque de la fabricación nacen la experiencia y el know-how, que son básicos para la innovación, de la que nacen la competitividad internacional, la capacidad financiera y como consecuencia, la soberanía”. Si queremos conservar nuestro modelo de vida y nuestra autonomía y soberanía, es imprescindible disponer de industrias capaces de innovar y desarrollar nuevos productos y sus técnicas de fabricación.

Recientemente, en un debate sobre innovación oí al profesor de Esade Esteve Almirall una manifestación muy interesante sobre el papel que juegan la ciencia y la innovación: “La ciencia es por su naturaleza global. La innovación está ligada al territorio”. Este papel de conexión con el territorio lo realizamos las empresas, las industrias. Por eso, es tan importante para el desarrollo de una sociedad disponer de empresas e industrias innovadoras.

Disponer de un entorno legal, laboral y fiscal que facilite la innovación también es imprescindible para la deseada reindustrialización. Es muy importante que la innovación ocupe el lugar prioritario que le corresponde en las políticas públicas y no como subsidiaria de la ciencia, sino como parte imprescindible para que los resultados científicos se acaben convirtiendo en generación de riqueza y empleo y, en definitiva, bienestar para la sociedad. No es eficaz juntar en la misma ley ciencia e innovación. Es muy necesario apoyar la ciencia, pero si no se apoya a la vez la innovación empresarial, otros países más enfocados a la innovación convertirán el nuevo conocimiento en nuevos productos, riqueza y trabajo (la famosa paradoja europea…).

Por ese motivo y siguiendo el consejo del profesor de innovación Xavier Ferràs, en Ametic utilizamos la I de innovación en mayúscula (I+D+I) y, si se me permite, en negrita, para destacarla como parte esencial en el proceso de generación de riqueza y bienestar económico.

La innovación más importante es la innovación disruptiva. La que cambia los paradigmas. Para realizarla hacen falta no solo conocimiento, sino grandes dosis de emprendimiento y de asunción de riesgos, características propias del espíritu empresarial. Es propia de empresarias y empresarios… Y de sociedades y países emprendedores. Para su desarrollo hacen falta también políticas públicas inteligentes y estrategias de país a largo plazo, así como una renovación profunda de las leyes administrativas y del perfil del alto funcionariado público que sustituya paradigmas anticuados por enfoques modernos y de futuro.

Otro elemento que marca la diferencia entre los países muy industrializados y los que no lo están suficientemente es la disponibilidad de buenos técnicos profesionales. Mientras no se modernice y dignifique la Formación Profesional, el fortalecimiento de nuestra industria será tarea imposible. El Gobierno ha anunciado la dedicación de recursos económicos para potenciar la FP, pero para tener éxito es imprescindible formar a buenos formadores y dignificar y reconocer socialmente el valor de formadores y formados para hacer de la FP (o Formación Vocacional, siguiendo la definición anglosajona) un pilar de la reindustrialización.

Por último (y no por ello menos importante), la sostenibilidad es esencial y será la primera prioridad en el próximo futuro para las nuevas generaciones. Las nuevas industrias tendrán que ser sostenibles por diseño y genética, y las existentes tendrán que transformarse si quieren sobrevivir. La oportunidad es enorme, pero no es evidente que la vayamos a aprovechar.

En el mundo de bloques al que nos dirigimos, el marco del Estado-nación se nos queda pequeño, y hay que considerar como mínimo el marco europeo para todas las políticas y, muy en particular, las económicas. España asumirá en julio de 2023 la presidencia de la UE, y el inicio de una nueva tríada de presidencias. Creemos que es un buen momento para que España se plantee liderar el necesario proceso de reindustrialización sostenible y digital.

Hace ya tres años, en nuestro encuentro de Santander de 2019, propusimos al presidente del Gobierno la creación de una vicepresidencia de Digitalización, Reindustrialización e Innovación. La primera parte se creó con mucho acierto, al juntarla con Economía. Queda pendiente la segunda parte y, por ello y todo lo anteriormente expuesto, reiteramos la propuesta de crear una vicepresidencia de Reindustrialización e Innovación que sitúe la Reindustrialización Digital y Sostenible en el primer nivel de las prioridades del Gobierno.

Pedro Mier Albert es presidente de Ametic