El asedio que amenaza al bastión de la protección social

Las pensiones, la sanidad y la educación públicas han sido durante años el orgullo y los cimientos de las democracias europeas. Ahora, una suma de factores pone en jaque un modelo que trajo un bienestar nunca antes visto

El asedio que amenaza al bastión de la protección social
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Hay asedios que marcan épocas. Mencionando un único ejemplo de este fenómeno, la toma y destrucción de Cartago propició la llegada de la era dorada de Roma, una civilización que tras su victoria sobre su entonces principal imperio antagonista en el Mediterráneo dejaría una huella imborrable en la historia.

Miles de años después, un nuevo asedio, esta vez uno metafórico, amenaza con provocar otro cambio que está lejos de traer consigo una época dorada. Un cerco de problemas está poniendo en peligro la era del Estado de bienestar en diferentes naciones que durante décadas lo han lucido con orgullo y usado de pegamento que mantiene su cohesión social. Especialmente palpable está siendo este asedio en Europa, ya que sus democracias han sido los lugares en los que esta concepción de un gobierno que trata de garantizar sanidad, educación y pensiones a su población se ha vuelto más sofisticada.

Los datos muestran que este desarrollo ha sido de hecho una rara avis. Así, según la Organización Mundial del Trabajo, en 2020 solo el 46,9% de la población mundial estaba efectivamente cubierta por al menos una prestación de protección social. El resto no tenían ninguna clase de protección.

Pero no solamente estos esquemas de salvaguarda social son escasos, sino que gozan de mala salud. El Mercer CFA Global Pension Index de 2021, un informe que monitoriza la sostenibilidad, la adecuación y la integridad del sistema de bienestar de 43 países, consideró que solo tres de ellos (Países Bajos, Dinamarca e Islandia) son sostenibles, robustos y con buenas prestaciones. El índice muestra, por el contrario, que la mayor parte de países con Estado del bienestar tienen cosas buenas, pero se enfrentan a riesgos mayores que ponen en peligro su sostenibilidad. España es uno de los países en esta categoría.

Los riesgos que acechan

Al igual que en el resto de Europa, la demografía es una de las principales explicaciones de la vulnerabilidad del sistema español. Antonio Pedraza, presidente de la comisión financiera del Consejo General de Economistas de España, lo identifica, de hecho, como un punto clave. “Una causa mayor es la demografía, la pirámide poblacional se está invirtiendo. Entonces, cada vez son más los que cobran, mientras que los que aportan son cada vez menos”, describe.

El experto razona que se trata de simples matemáticas. Los sistemas se afianzaron cuando había una parte mayor de la población en activo y pocos estaban jubilados. En cuanto esto empezó a cambiar, el diseño se reveló incapaz de afrontar el nuevo entorno poblacional de una mayor longevidad y menos juventud para trabajar.

El precariado

Hay menos trabajadores por pensionista, pero además, los que entran al mercado laboral cada vez lo hacen en condiciones más precarias. Esto es algo especialmente sangrante en el caso de los jóvenes y se trata de un hecho que compromete las pensiones presentes y, sobre todo, las futuras.

Víctor Alvargonzález, director de estrategia y socio fundador de la firma de asesoramiento independiente Nextep Finance, analiza el origen de este precariado que la inflación disparada ha acentuado, pero que tiene visos de ser un problema mucho más que temporal. “En el caso de Europa, hay un riesgo de que los bajos salarios, especialmente los que perciben los trabajadores jóvenes, se conviertan en algo estructural, mientras que no se puede afirmar eso en absoluto respecto a otras economías avanzadas como la estadounidense, ya que allí no sucede eso”, expone.

Preguntado sobre por qué los salarios son especialmente débiles en Europa y fuertes en cambio en Estados Unidos, Alvargonzález apunta a una diferencia profunda. “Si se compara el crecimiento de la economía estadounidense con el europeo en los últimos años, los datos no mienten, es mucho mayor en EE UU. En Estados Unidos tienen asumido que quien crea empleo son las empresas, mientras que en Europa vamos cada vez más a un modelo en el que la única esperanza de tener una cierta seguridad económica para los jóvenes pasa por ser funcionario. Y esto no solo pasa en España, también ocurre a nivel europeo. Estados Unidos es una economía que crece más y genera mucho más empleo porque se apoya a las empresas y emprendedores, que son los que realmente crean el empleo”, afirma.

Los datos le dan la razón. Según cifras del Banco Mundial, entre 2008 y 2021 el PIB estadounidense ha crecido un 55,72%, mientras que el español ha bajado en ese mismo periodo un 14,37%. En cuanto a los sueldos, el salario medio estadounidense repuntó un 34% entre 2008 y 2020. El español subió alrededor de un 15%. “Todo depende de cómo se apoye a las empresas. A su funcionamiento, a su financiación e, incluso, el papel que se les dé a nivel social. En un país en el que la empresa se demoniza, habrá menos dinamismo”, concluye.

A esta diferencia cultural, se le suma el hecho de la burocracia. Alvargonzález la compara con un traje de cemento que limita a las empresas y provoca también un menor dinamismo. Según la CEOE, en España, el conjunto de las páginas publicadas por los boletines oficiales de ámbito estatal y autonómico alcanzó 1.088.249 páginas en 2021. “Es el sumatorio más alto de los últimos 10 años, siendo un 10% superior a la media anual”, analizaba al respecto la patronal.

“Todo esto impacta en los salarios. La fórmula para que suban los salarios es que haya mucho empleo porque entonces los jóvenes tienen una posición negociadora mucho más fuerte a la hora de discutir sus sueldos. La fuerza negociadora de los trabajadores pasa por el hecho de que las empresas vayan bien y haya puestos de trabajo. Con un paro alto, la capacidad de negociar de los trabajadores y especialmente la de los jóvenes es mínima, porque si ese trabajador no acepta las condiciones, llegará otro. En el momento en el que pretendes pagar las pensiones de una población cada vez más envejecida con sueldos raquíticos en jóvenes tienes un problema”, asegura.

Debido al cóctel de amenazas que asedia al sistema, José Luis Escrivá, ministro de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones de España, apuntó recientemente a la necesidad de la llegada de alrededor de 270.000 inmigrantes al año a España hasta 2050 para salvar las pensiones. “Son raquíticos los sueldos de los jóvenes españoles, pero también los de los inmigrantes, porque la gente que viene de fuera entra por lo general en empleos de baja remuneración”, señala Alvargonzález.

Demagogia cortoplacista

La mayor amenaza para el futuro de los esquemas de protección es esta peligrosa combinación. Tanto Pedraza como Alvargonzález coinciden en culparla como el origen de la falta de soluciones eficaces.

Por su parte, Pedraza dice que los periodos electorales invitan a no hacer lo que se tendría que hacer. “Ese es un problema absoluto. La visión de la reforma de 2013 (una medida que terminó derogada por el actual Gobierno español) era absolutamente necesaria. Ligar la prestación a la esperanza de vida y a las cuentas del Estado era importantísimo. Debería haber racionalidad en una reforma que ni el partido del Gobierno ni el principal de la oposición se atreven a hacer porque es absolutamente antivoto”, lamenta.

Para Alvargonzález reina el cortoplacismo, atentando con ello contra la sostenibilidad. “Se pretende pagar más a la gente mayor para obtener votos, pero se tiene que pagar con las contribuciones a la Seguridad Social de gente que cobra poco y de unas empresas que cada vez son menos. A más empresas cierren o no se abran, menos aportación”, finaliza.

Las consecuencias y qué cabe esperar: el castillo deslucido

Si bien el asedio es contundente, todo parece indicar que el castillo de la protección social aguantará, aunque lo hará de una forma deslucida, lejos de la gloria pasada. El motivo de que vaya a resistir está claro. El precio de dejarlo caer es mucho más elevado que el de mantenerlo.

“La protección social, las mejoras que llevan gestándose desde la revolución industrial, no creo que de alguna forma no se mantengan ya que son necesarias. El sistema a largo plazo parece incorregible, pero lo que ocurre es que es un sistema necesario, por lo que será obligatorio reformarlo”, prevé Pedraza.

Entre las reformas que sugiere el economista, destacan la llamada “mochila austriaca”, que es una aportación extra que se ahorra para el propio cotizante y que se capitaliza, y la búsqueda de nuevos ingresos que ayuden a sostener el sistema. “Es lo que ya están haciendo en Francia. Están contribuyendo con los impuestos que obtienen de las loterías a sostener sus pensiones”, ejemplifica.

Para Alvargonzález, hay muchas soluciones, pero augura cuál será la que adopten los políticos españoles. “Es lo siguiente. El que está gobernando ahora no va a hacer nada y le va a dejar el problema al siguiente. El siguiente va a tener que subir los impuestos. Los subirá y, por lo tanto, perderá las elecciones posteriores. El que llega de nuevo no va a bajar esos impuestos, puede que no los suba más, pero no los va a bajar. El proceso es muy deprimente. Todo el mundo trata de ganar las próximas elecciones y mientras tanto el problema va creciendo”, aventura.

Respecto a que va a pasar en general con los sistemas de protección social, Alvargonzález no cree que se vayan a limitar de forma repentina. “Será un proceso mediante el cual poco a poco se reduzcan las pensiones. No va a ocurrir que un día digan de repente que ya no hay más dinero, sino lo que ya está pasando. Echarán la culpa a la Unión Europea, que exige equilibrarlo. Con esa excusa, irán bajando las pensiones poco a poco. Dentro de 10 años serán más bajas y los jubilados de entonces vivirán peor que los de ahora. El que se jubila no está pensando en cuánto cobraban antes. Ahora dirán que esto no está ocurriendo porque las pensiones están subiendo. Sí, suben las de los que están ya jubilados, pero esto se hará con los que todavía no se han jubilado por el hecho de que el que todavía no se ha jubilado no vive tanto ese recorte. Al que le quedan siete años para jubilarse le cambian la forma de calcular la pensión ahora y le perjudican, pero no al extremo de lo que lo haría si ya estuviera jubilado y el cheque que le llegue mañana fuera más bajo”, adelanta Alvargonzález.

Los principales perjudicados de esta medida serían, según el experto, la clase media. La clase alta no depende apenas del sistema público, con lo que no le afectan estos recortes. La clase baja será, según Alvargonzález, la última en ser objeto de los ajustes, ya que es un grueso de votantes mayor. Por lo que deja claro cuál será el estrato social más afectado y la consecuencia. Menos clase media, ricos igual o más ricos, y más número de personas viviendo con lo mínimo y dependiendo de las raquíticas cuentas del Estado. De esta forma, los problemas en los sistemas de protección se traducirán en agudizar la tendencia de desigualdad.

El informe de riqueza global de Credit Suisse correspondiente a 2010 mostraba que el 0,5% de la población mundial tenía un patrimonio superior al millón de dólares por aquel entonces. Esta pequeña ­élite manejaba el 35,6% de la riqueza mundial. Un total de 69,2 billones de dólares. En contraste, el 68,4% de la población tenía menor riqueza que 10.000 dólares y solo poseía en conjunto un 4,2% de la riqueza ­mundial.

En 2020, la última edición de ese mismo informe mostraba que el 1,1% de la población mundial tenía más de un millón de dólares de riqueza. En total, acumulaban 191,6 billones de dólares, el 45,8% de la riqueza total. En el lado opuesto, el número total de gente con menos de 10.000 dólares bajó, pero también lo hizo su riqueza total. El 55% de la población mundial acumula el equivalente al 1,3% de la riqueza. Menos pobres, pero los que permancen pobres, lo son más.

La forma de consumir: parte del círculo vicioso

Lo barato sale caro

La tendencia a buscar productos baratos ha redundado en una peor remuneración. “Si al final queremos gastar poco en el consumo se le pagará menos a los trabajadores. Con la inflación disparada es normal que los consumidores busquen gastar menos, pero esta tendencia ya venía en marcha desde hace mucho tiempo. Se buscaba que todo fuera más barato y esto se traducía también en los salarios”, asevera Alvargonzález.

Temporalidad con otro nombre más atractivo

Pedraza cree que el empleo impulsado por nuevas formas de consumo crea precariedad. “No solamente la población está más envejecida, sino que el trabajo que se está poniendo de moda con, por ejemplo, la gig economy ha cambiado mucho las relaciones laborales. Muchos jóvenes trabajan por una miseria”, analiza.

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