Mifid II, nuevo reto regulatorio, también para los inversores

Las nuevas modificaciones sobre preferencias de sostenibilidad obliga a tenerlas en cuenta al evaluar la idoneidad de los clientes de los fondos

Mifid II, nuevo reto regulatorio, también para los inversores
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A pesar de las recientes turbulencias del mercado, la nueva regulación de Mifid II sobre preferencias de sostenibilidad ha seguido su curso. Para poder adaptarse y cumplir con esta regulación, los gestores de activos han de invertir aún más tiempo, esfuerzo y recursos en satisfacer los nuevos requisitos, lo que plantea un desafío significativo para las entidades gestoras de pequeño tamaño.

Pero los gestores no son los únicos afectados. Con la entrada en vigor de las nuevas modificaciones de Mifid II el día 2, tanto los fabricantes (gestoras) como los distribuidores de productos tienen que considerar las preferencias de sostenibilidad de los inversores como parte de su evaluación de idoneidad. Los inversores deben completar un cuestionario para expresar sus opciones de inversión, y las gestoras deben hacer coincidir las respuestas a estas cuestiones con la correspondiente oferta de productos, teniendo la responsabilidad de alinear las preferencias de sostenibilidad con las características de los fondos, de forma que se consiga una oferta de productos adecuada.

El cuestionario Mifid se refiere a los criterios medioambientales, sociales y de gobernanza (ASG), la alineación de los productos con la taxonomía europea y las externalidades negativas de la inversión. El objetivo es proporcionar una mayor personalización de la cartera y una oferta de productos ASG más armonizada, basada en las preferencias de los inversores.

Puesto que una correcta aplicación de la directiva es fundamental para evitar sanciones, los reguladores han publicado varios informes sobre buenas y malas prácticas en el ámbito financiero para ayudar a las instituciones financieras en la difícil aplicación de esta directiva. Entre las malas prácticas se señalan: 1) recomendar instrumentos financieros para los que el cliente no dispone de recursos suficientes; 2) utilizar cuestionarios declarativos y de autoevaluación, que pueden no proporcionan una verdadera medida del conocimiento del cliente; 3) solicitar al cliente que simplemente haga una lista de las inversiones financieras que ya tiene o ha tenido; 4) proporcionar al cliente una guía con las instrucciones que contenga información para influenciar las respuestas del cliente; 5) animar al cliente a que cambie algunas de las respuestas del cuestionario.

Como buenas prácticas, se indican, en cuanto al diseño del cuestionario: 1) que sea claro, coherente y accesible, evaluando la coherencia de la información proporcionada; 2) que se diseñe la estructura de árbol del cuestionario de tal manera que sea posible comprobar la coherencia de las respuestas obtenidas para cada pregunta; 3) evitar el uso de un lenguaje demasiado técnico o impreciso; 4) usar ejemplos claros que ilustren diferentes escenarios; y 5) otorgar preferencia a los cuestionarios de selección múltiple. Para adaptarse al perfil del cliente, se recomienda que el cuestionario 1) proporcione la opción de contestar ‘No sé’ a cada cuestión; 2) proporcione una evaluación escalable según el nivel de conocimiento del cliente; y 3) proporcione mecanismos de bloqueo en caso de respuestas inconsistentes.

Se recomienda asimismo, entre las buenas prácticas, ayudar al cliente a ser más competente sin influir en él 1) permitiendo que mejore su conocimiento de los productos financieros; 2) proporcionándole información sobre herramientas para facilitar su comprensión durante la evaluación de sus conocimientos; 3) dándole la posibilidad de ponerse en contacto con un asesor, para aclarar el propósito de las preguntas formuladas; y 5) tratando de evitar la repetición del cuestionario en un corto periodo de tiempo.

A la hora de procesar el cuestionario, se recomienda 1) proporcionar al cliente una copia de la versión final y un documento que resuma la operación, así como los riesgos asociados, cuando se trate de un producto complejo; 2) negarse a proporcionar asesoramiento de inversión a un cliente que se haya negado a responder al cuestionario; 3) determinar un período de validez máximo para la recomendación personalizada; y 4) proporcionar una periodicidad de actualizaciones del cuestionario.

Claramente, la tarea es compleja y no puede esperarse que todas las partes estén preparadas desde la misma fecha de entrada en vigor de la normativa. No solo es una tarea ardua y costosa para proveedores y distribuidores, también se necesita un cierto grado de educación financiera por parte del inversor final, que habrá de esforzarse por adquirir y comprender los conocimientos necesarios para que el ejercicio tenga resultados óptimos.

Es posiblemente en este punto donde más quede por hacer. Hay estudios recientes que muestran que el nivel de conocimientos financieros entre los europeos continúa siendo notablemente bajo. Por ejemplo, en Francia, según un estudio del Banco de Francia hecho en 2021, el 69% de la población considera que su nivel de conocimientos financieros es mediano o bajo. Según el mismo estudio, un 80% consideraba necesaria la educación financiera ya en la educación básica. Según la última Encuesta de Competencias Financieras (2021) del Banco de España, el 46% admitía tener un nivel bajo o muy bajo de conocimientos financieros y más del 75% reconocía que debe mejorar sus conocimientos en esa materia para ser capaz de optimizar la gestión de sus propias finanzas personales.

Con el nivel general de educación financiera estancado y las autoridades cada vez más decididas a hacer cumplir una normativa más estricta, las instituciones financieras europeas parecen no tener otra opción que invertir en la formación de sus clientes. Para ello, hasta ahora se han encontrado algunos obstáculos: I) falta de tiempo para asesoramiento: familiarizar a un cliente novato con los mecanismos de un derivado o un producto estructurado puede tardar varias horas; II) falta de habilidades docentes; III) cierta desconfianza de los inversores individuales hacia las finanzas; IV) falta de tiempo por parte de los clientes, que precisamente confían sus ahorros a asesores financieros por no contar con tiempo para su propia formación; V) nuevos hábitos de aprendizaje, ya que los métodos tradicionales utilizados por las instituciones financieras (folletos impresos, conversaciones con el asesor) no se adaptan a los mileniales, acostumbrados a aprender principalmente a través de aplicaciones digitales, intuitivas y cortas, como muestra el éxito de herramientas como Duolingo o Babel.

Paula Mercado es directora de análisis de VDos