El lugar de trabajo al servicio del propósito

Las oficinas deben ser espacios para conectar con la misión y los valores de la organización

Dejar la oficina para trabajar desde casa en marzo del 2020 fue relativamente fácil para la gran mayoría. Lo que está siendo más complejo es la vuelta. En un primer momento, por las diversas olas de la pandemia, y ahora, por una gestión compleja de muchas variables a tener en cuenta en el nuevo escenario, donde la palabra de moda es híbrido.

A la gran Revolución Tecnológica en la que estábamos inmersos antes del Covid, le acompaña ahora la Revolución Flexible, con un cambio de paradigma fundamental, donde el trabajo es una actividad y no un lugar, lo cual está teniendo un gran impacto en las organizaciones.

La oficina central en 2019 era casi la única respuesta para la ejecución de un trabajo, pero la pandemia de 2020 rompió ese concepto de anclar el trabajo a solamente un lugar. Nos encontramos en los inicios de la evolución hacia la descentralización del lugar de trabajo y de trabajar bajo un modelo distribuido.

Todo cambio social lleva su tiempo de implementación, maduración y consolidación, y hay evoluciones que se transforman en revoluciones. Y en este momento, nos encontramos en el inicio de una gran revolución en los modelos laborales, con enormes implicaciones.

Las oficinas actuales no están trabajando a su máxima capacidad, y la falta de eficiencia provoca que muchas compañías paguen un alquiler por metro cuadrado que no utilizan y por la producción de una energía que no necesitan. Parece un contrasentido que los inquilinos exijan a las compañías patrimonialistas todo tipo de certificaciones de sostenibilidad y eficiencia energética a sus activos inmobiliarios para que, después, los usuarios no hagan un uso eficiente de los metros cuadrados alquilados y de la energía producida.

¿Cómo debe evolucionar la oficina, los metros que necesita una organización? ¿En qué lugar o lugares debe encontrarse para satisfacer las nuevas necesidades tanto de las organizaciones como de sus profesionales? Hay cierto consenso sobre el cambio que debe producirse en las oficinas en cuanto a su objetivo para que no sean espacios para teletrabajar presencialmente y sí espacios para la realización de interacciones presenciales, trabajos de creatividad, actividades de formación e innovación, y para conectar con la misión y los valores y, en definitiva, con el propósito de la organización.

Las incógnitas e incertidumbres están en cómo deben producirse estos cambios y en el impacto que tendrán en el tamaño de las oficinas, en los edificios que las contienen y en los nuevos modelos de contratos de arrendamiento, ya que la flexibilidad es protagonista.

Las empresas más innovadoras están ofreciendo ya omnicanalidad del trabajo en cuanto al dónde y al cuándo, siendo la antigua oficina un lugar que evoluciona y se transforma en un espacio para la socialización corporativa, y convirtiendo el nuevo lugar de trabajo más en la red de opciones. Es decir, el lugar de trabajo al servicio del propósito.

Las oficinas evolucionan a un modelo más líquido y, según mi visión, el espacio de trabajo del futuro será una red multimodal: en casa, en la oficina corporativa, en terceros lugares… en definitiva, una oficina distribuida como respuesta a la demanda de flexibilidad de los profesionales

Esto implicará eficiencia en costes, ahorro en tiempos medios de desplazamiento diarios al trabajo y una disminución de emisión de CO2 en las ciudades, con la consiguiente reducción del estrés y la mejora de la salud física y emocional de los profesionales. Según el informe El impacto de lo híbrido (Manpower), las ciudades generan el 70% de las emisiones de CO2 y, dentro de ellas, la movilidad es la responsable del 27% y la edificación del 25%. Este es el momento en el que las organizaciones tienen que tomar la decisión sobre si retroceder a un modelo tradicional o aprovechar la inercia generada por la pandemia para continuar evolucionando hacia un modelo flexible, dinámico, ágil y, a la vez, eficiente.

La oficina seguirá siendo un lugar fundamental, pero los compromisos contractuales seguramente impliquen menos metros cuadrados comprometidos en contratos a largo plazo y un mayor porcentaje en modelos de flexibilidad, al ser utilizados cuando el negocio o el ciclo económico así lo determine. El éxito será pasar del tengo que ir a la oficina y tengo que ir a trabajar al necesito ir a la oficina.

Tenemos una gran oportunidad para construir un modelo de espacio de trabajo que conecte realmente las necesidades de las empresas y sus profesionales, y que les ayude en la permanente búsqueda de una mayor productividad y bienes­tar físico y emocional, donde el trabajo gire alrededor de nuestras vidas y no al revés. Tiempo y propósito serán los protagonistas de la Revolución Flexible. Un tiempo que debe ser mínimo para desplazarse en la ida y vuelta al espacio de trabajo y un propósito por parte de las organizaciones que debe conectar emocionalmente con los profesionales. Las empresas que no sepan trabajar con emociones no conseguirán ni atraer ni motivar a los mejores profesionales, y los espacios de trabajo son un gran aliado para la dinamización y la conexión emocional entre empresas y empleados.

Ángel Serrano de Ceballos es CEO&Co-Founder de zityhub