Una oportunidad para combatir la pobreza energética de verano

Los fondos europeos incluyen entre sus objetivos este problema cuya incidencia en España triplica la de otros países

Las olas de calor son cada vez más frecuentes y han puesto de manifiesto la pobreza energética de verano. Y aunque pueda parecer un concepto nuevo, no es tan diferente a la pobreza energética general. Sus causas y consecuencias no difieren y también supone una expresión de la dificultad o imposibilidad de un hogar para cubrir sus necesidades energéticas básicas. De hecho, la problemática de la pobreza energética ha ido poniendo el foco en los países de clima mediterráneo, con una estación estival cada vez más severa, en los que se dan picos de consumo y se generan incluso más dificultades económicas y afectaciones a la salud en los hogares que en invierno.

Los tres factores que provocan que un hogar sufra pobreza energética también en verano son los mismos que en invierno: los ingresos del hogar, los precios de la energía y la ineficiencia energética de la vivienda por su escasa calidad constructiva.

Los ciclos económicos y los precios de la energía sufren cambios periódicos ante los que poco podemos hacer de manera individual. Sin embargo, la mejora de la eficiencia energética y de la calidad constructiva es el único factor que está en nuestras manos que podemos abordar de forma directa y que es el que reporta más beneficios colaterales (económicos, ambientales y de salud).

No obstante, no siempre actuamos en base a la lógica y acabamos adoptando estrategias erróneas. Las estadísticas nos dicen que 9 de cada 100 personas están lejos de llegar en su hogar a tener una temperatura saludable en verano, cifrada en 25º C por la OMS. La pobreza energética de verano se manifiesta en hogares con un gasto muy bajo para evitar impagos, poniendo así en riesgo su salud, o que realizan un consumo excesivo de sus equipos de refrigeración (a partir de 26º C, descender 1º C mediante aire acondicionado encarece la factura en más de un 7% por cada grado). España triplica, así, las tasas de pobreza energética de países como Suecia, Países Bajos o Dinamarca respecto a la capacidad para mantener la vivienda a una temperatura adecuada.

No ignoremos al cambio climático. Es difícil pronosticar si el este provocará que la pobreza energética aumente en términos, pero seguro, la pobreza energética de verano tomará un mayor protagonismo en el futuro y se incrementarán fenómenos como las “islas de calor” en las ciudades.

La pobreza energética de verano puede afectar (casi) a cualquiera. Sin embargo, existen ciertos colectivos que sufren más sus consecuencias. Además, los estudios existentes han concluidos que no existe un solapamiento perfecto entre la pobreza energética y la pobreza monetaria o la exclusión social. Y viceversa. Por ejemplo, también la sufren los hogares que dedican gran parte de sus ingresos para pagar las facturas, en concreto, quienes dedican más del doble de la mediana del país, que según los datos del Miterd, en 2020 suponían el 16,8% de los hogares españoles. No todos estos hogares serían detectados por los índices de pobreza (ni se consideran pobres), pero sufren la pobreza energética.

Sí se ha establecido una correlación con la salud por la exposición continuada a altas temperaturas, al ruido y a una baja calidad de aire interior, causada por una ventilación inadecuada. Estas situaciones agravan patologías previas o crónicas relacionadas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias o de los sistemas urinario y nervioso. Las continuas olas de calor de 2003 causaron más de 13.000 muertes adicionales en España, o la de este junio 2022, según el Instituto de Salud Carlos III, podría haber causado más de 800.

Nuestra salud no puede esperar, ni la del planeta. Y aunque no existe una fórmula mágica, existe la fórmula óptima. No sería una forma óptima el hecho de apostar por soluciones coyunturales (como la utilización de aparatos de refrigeración) que no abordan el problema de raíz y, además, incrementan el consumo individual del hogar, las necesidades energéticas del país y los precios de la energía, por el exceso de demanda, generándose un círculo no virtuoso que penaliza aún más a los hogares vulnerables.

La solución óptima es estructural: disponer de aislamiento térmico y acabar con el derroche energético en nuestra vivienda y edificio. Esto requiere de profesionales expertos que ayuden a evaluar el potencial de mejora y propongan las acciones y los materiales a utilizar. Contar con la asesoría de empresas como Rockwool, líder en aislamiento sostenible de lana de roca, es el camino para erradicar la vulnerabilidad energética y conseguir que las viviendas tengan unas condiciones saludables, proporcionando confort térmico y acústico, seguridad contra incendio, además de resiliencia y capacidad de adaptación al cambio climático.

Estamos en el momento propicio. Tenemos a nuestra disposición los Fondos Europeos de Recuperación que, en España, a través de las Comunidades Autónomas, movilizarán hasta 3.800 millones de euros. Entre los objetivos prioritarios de dichos fondos está el afrontar la pobreza energética y, sobre todo, no dejar a nadie atrás. Para ello, existen subvenciones que pueden cubrir hasta el 100% de los costes de la actuación.

Pobreza energética de verano y cambio climático son problemas reales y del presente que pueden afectarnos a todos en el futuro. Actuemos ya para evitarlo.

José Luis López Fernández es Experto en pobreza energética y eficiencia energética