previsiones económicas

Funcas prevé que el PIB se ralentice 1,3 puntos hasta el 2% en 2023

Prevé un crecimiento para este año del 4,2% y el deflactor del consumo en el 8,8% este año y el 5% el próximo

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El espejismo de positivismo económico que está generando el verano y más concretamente la buena evolución del sector turístico, está ocultando las serias dificultades que se vislumbran a partir del próximo otoño. Una vez que las bajas temperaturas invadan el Viejo Continente y Rusia haya cerrado totalmente el suministro de gas a Europa el cambio será radicalmente diferente.

La crisis derivada de la guerra en Ucrania presentará su cara más adversa en este momento con un incremento de las tensiones geopolíticas y una crisis energética sin parangón en la historia reciente europea, y todo ello aderezado con una fuerte dosis inflacionista. A todo ello se une además un cambio de la política monetaria del Banco Central Europeo (BCE) no vivida desde los últimos once años.

Este contexto es el que anticipa Funcas en su último informe de previsiones económicas para España en el que vislumbra que para los próximos meses todavía se espera el rebote del turismo, el dinamismo de las exportaciones de bienes y servicios no turísticos, junto a la pujanza del mercado laboral.

Ello provocará que para el cierre de 2022 el crecimiento del PIB se mantenga invariable respecto a la anterior estimación en el 4,2%, aunque no el sesgo de sus factores. La demanda interna aportará sólo 2,1 puntos, 1,7 puntos menos que en su previsión de marzo, lo que es un reflejo fiel de la importante pérdida de capacidad de compra de los consumidores como consecuencia de la inflación, que lastra la renta disponible de los hogares una vez descontado el efecto del IPC.

Las familias españolas tirarán de ese ahorro bien gestionado durante la pandemia para poder gestionar sus gastos, especialmente los vacacionales, lo que permitirá que el consumo privado siga aportando al conjunto del producto.

Sin embargo lo peor está por llegar. El próximo año la economía española experimentará un importante frenazo hasta registrar una velocidad de crucero del 2%. El fin del rebote turístico y de la aportación del sector exterior y los mayores riesgos asociados a la probable falta de suministro ruso, explican por sí solo esta previsión. Cifra que probablemente dejaría para 2024 la recuperación del PIB hasta los niveles de prepandemia.

La inflación seguirá marcando la marcha de la economía. Con una estimación de precios energéticos al alza hasta la próxima primavera el deflactor del consumo cerraría este año en el 8,8% y el 5% en 2023, lo que abre de lleno un escenario de estanflación si se perpetúa el conflicto bélico o se extiende a otros países.

El dinamismo del mercado laboral poco a poco se irá ralentizando en consonancia con la evolución económica, si bien se crearán 600.000 puestos de trabajo hasta finales de 2023 con lo que la tasa de paro bajará del 12%. El déficit público descenderá este año hasta el 4,7% del PIB, pero en 2023 será apenas 2 décima menos fijándose en el 4,5% del PIB, mientras que la deuda pública pasará del 113,9% al 112,1%.

Una desaceleración que puede derivar en recesión

La duración de la guerra en Ucrania es hoy por hoy el principal factor de incertidumbre que afecta a las economías internacionales. De esa duración dependerá también la evolución de los precios energéticos, lo que provoca que las estimaciones conocidas hoy no estén exentas de cambios en apenas un par de meses.

De esta manera, Funcas anticipa que la perpetuación del conflicto llevaría inevitablemente a la estanflación, pero lo que es más preocupante aún es que si tras el verano la demanda interna cae y por tanto el crecimiento económico en general, “estaríamos rozando la recesión”, según señaló el director de coyuntura de Funcas, Raymond Torres, si bien matiza que por ahora las previsiones apuntan hacia la desaceleración.

Por su parte, el director general de Funcas, Carlos Ocaña refiriéndose a los problemas de la inflación y a las medidas de choque puestas en marcha por el Gobierno, considera que “las opciones de los Gobiernos para reducir la inflación son muy limitadas”, si bien ha afirmado que “sí tiene la misión de no agravar las consecuencias negativas”.

Otro de los temas que surgió en la presentación fue el de llegar a un acuerdo en un pacto de rentas, para evitar la actual espiral inflacionista. En este tema, Torres ha considerado que un pacto de rentas “explícito o tácito” permitiría “contener y moderar el bucle precios-salarios para a la vez mantener la competitividad y también la cohesión social”.

A su juicio, el desafío pasa por lograr “el reparto equilibrado de los costes de la inflación”, en un contexto en que se espera que los salarios crezcan de media un 2,5% este año y un 3% el que viene, frente a unos precios de consumo que subirán un 8,8 % de media en 2022 y un 5 % en 2023.

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