La selección de fondos o cómo acertar con una oferta infinita

En los últimos años se ha incorporado un análisis ASG que no solo tiene en cuenta criterios financieros, sino ambientales, sociales y de gobernanza

La finalidad de un selector de fondos es encontrar un producto que sea consistente en el largo plazo, es decir, lograr escoger un fondo estable y con un comportamiento esperable según los diferentes momentos de mercado. Siempre bajo la premisa de las necesidades y objetivos del cliente. Para esta generación de ideas hay diversas fuentes de información: medios de comunicación específicos de la industria de fondos, artículos, recomendaciones de las gestoras, eventos, etc. Es por ello que, en muchas ocasiones, el abanico de posibilidades es infinito, el nivel de información es inmanejable y la granularidad del detalle, abrumadora. Y si bien, el proceso de selección se observa como una serie de pasos, la velocidad que el mercado exige en la toma de decisiones y el bombardeo de posibilidades en el día a día, hace en ocasiones difícil la implementación de dicho proceso ordenado. Aunque todo proceso deberá tener las siguientes etapas.

El paso inicial a todo análisis de un fondo es saber qué características se desean del fondo. Es decir, hay que previamente seleccionar la categoría y factores o sesgos que deseamos tenga el fondo, esto es, estilos, sectores, regiones, gestión, tamaño de capitalización bursátil u horizonte de inversión.

Una vez se ha acotado la lista de los fondos en base a las preferencias de búsqueda, es el turno del análisis cuantitativo, a través del cual se espera seguir reduciendo el enorme universo de fondos que existen. En este proceso se tienen en cuenta datos numéricos y cuantificables como el patrimonio de los fondos, fecha de lanzamiento, máxima caída, generación de Alpha (se entiende por Alpha al exceso de retorno sobre mercado), la exposición a factores de riesgo, rentabilidad a diferentes periodos, así como diferentes ratios financieras con el fin de poder ordenar por preferencias los fondos.

Antes de proceder con el análisis cualitativo, es importante tener en cuenta la información operativa, así como los estándares de calidad de la gestora. Es decir, analizar la gestora, la facilidad de poder comprar y vender el fondo (liquidez), el custodio, el auditor… en conclusión, que los estándares de calidad de la gestora sean suficientes para el inversor.

El análisis cualitativo es el más humano, pues tiene un sesgo más subjetivo: trata el análisis de los equipos gestores, de los procesos de inversión, entender los movimientos históricos que han tenido las carteras, comprender como gestionan las crisis, etc. En concreto se hace una comparativa con los fondos preseleccionados, evaluando el comportamiento en diferentes entornos de mercado, análisis del riesgo asumido y generación de Alpha. En esta etapa del estudio del fondo se suele tener una reunión con el equipo gestor para conocer de primera mano la estrategia, el proceso de construcción de la cartera, la toma de decisiones, la visión y el posicionamiento de la cartera. Se espera con ello observar una consistencia entre la visión del gestor y los movimientos realizados, así como sentar las bases para saber qué esperar a futuro del comportamiento del fondo de acuerdo con su estilo y a su proceso de inversión.

Por último, en los últimos años se ha incorporado en todos los procesos de selección un análisis ASG. A través del cual, no sólo se tienen en cuenta criterios financieros, sino también criterios ambientales, sociales y de gobernanza. La aplicación de estos criterios está alineada con el reglamento SFDR y pretende reducir el riesgo de sostenibilidad el cual puede impactar de forma negativa en el valor de la inversión. Para ello se han establecido normas sobre la transparencia y la integración de la sostenibilidad en el proceso de inversión.

También, el impacto y la calidad del reporte en la información sobre sostenibilidad en los productos financieros. En contraposición, al no haber una normativa única, es de vital importancia analizar los procesos y analistas de sostenibilidad con el fin de evitar el greenwashing (engaño sobre la sostenibilidad en el proceso de inversión) y premiar a las gestoras que verdaderamente tengan esa filosofía integrada en su proceso de inversión y ese compromiso con las compañías.

Dentro de todo el proceso descrito, la etapa que más tiempo consume y más se alarga en el tiempo es hacer el seguimiento de los vehículos seleccionados. Esto consiste en revisar los fondos a todos los niveles, ya que la finalidad de un selector es entender el comportamiento pasado y futuro de estos instrumentos. Para llevar a cabo esta última tarea, una herramienta indispensable son los equipos de ventas de las gestoras. Estos proporcionan información (de mercado y de producto) de manera constante y facilitan el acceso a los equipos gestores o especialistas en productos. En caso de que algún fondo cambie su proceso de inversión, su filosofía, su comportamiento sea dudoso o haya escasez de información, será revaluado y podrá ser retirado de las carteras o de las listas de recomendación.

En conclusión, el trabajo de un selector requiere de una constante monitorización tanto del mercado como de los fondos, siendo indispensable un elevado conocimiento tanto de los productos financieros como de la normativa que los regula.

Isabel Lamana es miembro del equipo de Selección de fondos de A&G