Auxilio en carretera: ¡la urgencia se paga!

Las empresas del sector realizan servicios 24/365 que al no ser compensados económicamente pueden estar en riesgo de desaparecer

El mercado de la asistencia en viaje y auxilio en carretera está marcado por un oligopsonio, situación donde apenas una decena de grandes compañías aseguradoras y clubes automovilísticos comercializan sus pólizas de servicios con casi 2.000 empresas de auxilio en carretera, titulares de las más de 10.000 grúas que nos asisten en las vías públicas cuando, como conductores, tenemos un accidente o una avería. La relación de poder para negociar precios y condiciones en dicho oligopsonio es netamente desfavorable para las empresas de auxilio, quienes sufren la imposición de aquellas grandes compañías.

Hasta aquí, la situación es similar a otros muchos mercados que padecen el desequilibrio entre compradores y vendedores de servicios. Pero en el caso del auxilio en carretera, no solo hablamos de un sector proveedor de un servicio esencial y de interés general para la

sociedad en su conjunto, a través de su colaboración con los agentes de tráfico y servicios de emergencias, sino también de un gremio muy intervenido y regulado por cuidar de la seguridad vial. Un matiz diferenciador es que sus empresas están obligadas a prestar servicios las 24 horas de todos los días del año (24/365), con carácter de urgencia en las más de las ocasiones, como cualquier otro servicio 112, como bomberos, policías, ambulancias, médicos, salvamento, etc., pero sin el paraguas público y presupuestario de estos otros. Y esa especificidad del

servicio, lamentablemente, no se retribuye desde hace ya muchos años, ni de lejos.

Esta fragilidad de las empresas de auxilio se convierte en drama cuando aparece una crisis económica por la subida de todos los insumos, pero también por la rigidez de las normas laborales y fiscales que termina por ahogar a cualquier empresa de este sector, que llevan viviendo en la cuerda floja demasiado tiempo. Las consecuencias directas son un severo empeoramiento de la calidad y tiempos de respuesta ante accidentes y averías, con serias dificultades a la hora de mantener la prestación de los citados servicios 24/365, sin que por contrapartida existan mecanismos de adecuación de precios a costes de la actividad que permitan a las empresas poder mantenerlos.

Si a ello le sumamos la creciente competencia desleal de aquellos que, entre el cierre o la ruina, optan por saltarse todas las normas que sea necesario para mantenerse un minuto más en el mercado, tenemos pintado un terrible panorama para los más de 11.000 trabajadores que dependen se este sector y los conductores, receptores de sus servicios y clientes de las aseguradoras que los ofrecen. Estas últimas anuncian en medios una calidad e inmediatez en los servicios que ofrecen, pero que no pagan a las empresas de auxilio. Acudir en escasos minutos a un incidente vial requiere una infraestructura y personal muy caro que no se retribuye en modo alguno. Alguien se queda con lo que no le corresponde en la cadena de valor. “¿Quieres ser rico? Pues no te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia”, como sentenció Epicuro de Samos.

Ciertamente la actividad de estas empresas tiene una importante función social y goza de una alta valoración por parte de los ciudadanos. Cualquier ciudadano español hoy se siente protegido en caso de accidente en cualquier punto del territorio nacional, ya que confía en que en pocos minutos su vehículo objeto de accidente o avería será auxiliado por una empresa de grúas. Pero esta sensación de seguridad va a tender a desaparecer al estarse produciendo, ya en la actualidad, la degradación progresiva del servicio. Primero se nota especialmente en las zonas más despobladas y en las operaciones salida o similares de gran tránsito vial, y en breve se notará en los servicios urbanos. Vamos hacia servicios del tercer mundo, de la mano del oligopsonio y la gestión suicida de algunas corporaciones, que, abusando de sus proveedores, matan su futuro. Y lo curioso o paradójico de la situación es que el número de accidentes (y víctimas) en carretera sube sin cesar.

Las averías se multiplican con un parque de vehículos cada vez más envejecido y peor mantenido por la crisis económica que sufren los propietarios de coches. Cada vez hay más trabajo, con mayores exigencias de urgencia y peor retribuido. ¿Qué puede salir mal para el sector de auxilio en carretera? En consecuencia, este sector se suma a todos aquellos que lanzan gritos de socorro porque están en peligro miles de empresas familiares, de las que dependen miles de empleados por cuenta ajena y autónomos, que además sufren la normalización de condiciones precarias. Uno más, dirán algunos, pero cuando usted se quede tirado en una carretera, o si la sangre llega al río y no se prestan regularmente los servicios en una operación salida o retorno, reflexione sobre las causas de la situación.

Para guinda, el incremento acelerado de los combustibles y la situación de incumplimiento sistemático del reciente decreto ley de los 20 céntimos, que también hacía obligatorio el pago de cantidades compensatorias para trasladar el aumento de precios de combustible a las tarifas por parte de los clubes automovilísticos, plataformas y compañías de asistencia en viaje. Ninguno de ellos ha cumplido aún esta regulación imperativa y empujan a las empresas de auxilio a las puertas de la inviabilidad económica de sus negocios. En definitiva, nadie paga la urgencia, así que tocará esperar y esperar a que venga la grúa, si es que aún quedan empresas.

Emilio Domínguez es abogado y experto en movilidad y transportes