¿Desglobalización o nueva globalización?

El Covid, la guerra y el giro en política monetaria dañan la internacionalización, pero la digitalización y la apertura de Asia y África la están impulsando

Desde el inicio del siglo actual las condiciones que soportaban la internacionalización de la economía mundial se están deteriorando, hasta el punto de que algunos autores sostienen que estamos asistiendo a un proceso de desglobalización. La crisis financiera acaecida a finales de la primera década provocó un debilitamiento del crecimiento del comercio mundial y de las inversiones directas en el exterior. Posteriormente, las divergencias comerciales entre Estados Unidos y China trajeron consigo el aumento de aranceles y medidas proteccionistas, que se fueron extendiendo a países de distintos continentes. En 2020 la pandemia paralizó la movilidad internacional de personas, mercancías y determinados servicios, apareciendo estrangulamientos, problemas de suministro y un repunte de la inflación a nivel mundial a medida que se retomaba la normalidad. A ello se añade un paulatino descenso de la fragmentación de la producción asociada a las cadenas globales de valor, lo que se está traduciendo en un encarecimiento añadido de numerosos productos y servicios.

En estos momentos tres shocks negativos muy potentes afectan a la internacionalización: las consecuencias de la invasión de Ucrania por Rusia, la política de contención de los nuevos brotes de Covid-19 en China, y el cambio de orientación de la política monetaria en Estados Unidos y la zona euro. El impacto agregado de estos acontecimientos es todavía difícil de precisar, y va a depender de su duración e intensidad y, sobre todo, de las medidas que se adopten.

El conflicto bélico en Ucrania y las sanciones adoptadas están teniendo una notable incidencia en el crecimiento económico, la confianza y la inflación, por el momento desigual y más acusada en países con relaciones económicas más intensas con las partes involucradas, como Chipre, Lituania, Irlanda o Eslovaquia. Pero, en segunda ronda, la elevada integración económica derivará en la rápida extensión de estas dificultades tanto por la vía del comercio de productos y servicios finales como de las cadenas globales de valor de muchos productos.

Por su parte, la estricta política seguida por el Gobierno chino para hacer frente a las nuevas oleadas del Covid-19 está provocando una paralización intensa de la movilidad interna en China, pero también de la movilidad internacional de productos intermedios claves en la producción en otros lugares del mundo. Conviene recordar que la participación de China en el comercio de determinados productos intermedios es muy superior al 15% que supone en el total del comercio de bienes finales. En cuanto al cambio de orientación de la política monetaria, es difícil prever en estos momentos sus consecuencias exactas, si bien la estrecha interrelación entre los mercados de capitales a nivel mundial y los altos niveles de endeudamiento añadirán dificultades al intercambio comercial y a las inversiones directas internacionales, aparte de mayor inestabilidad financiera y cambiaria.

Al tiempo estamos asistiendo a movimientos rápidos y profundos cambios en los comportamientos empresariales y las políticas públicas que pueden afectar a la internacionalización. En el ámbito empresarial se está registrando un proceso de relocalización de actividades productivas hacia lugares más cercanos a los mercados de destino de sus productos y servicios. Estos movimientos están asociados a modificaciones en las condiciones económicas de los países donde se implantaron hace años en busca de contextos productivos más competitivos. Por ejemplo, se ha asistido a un crecimiento de los costes laborales unitarios en China mayor que en la mayoría de los países desarrollados. A esto se añaden los cambios en la demanda a raíz de la transformación digital. Está por ver la influencia de nuevas tecnologías como el metaverso, la impresión en 3D o la inteligencia artificial en las decisiones de localización de las empresas. Por último, la transición ecológica también está modificando el hábito de los consumidores, con efectos inciertos en la producción, logística o sostenibilidad empresarial.

Respecto a las decisiones de los Gobiernos, es pronto para evaluar las consecuencias sobre la internacionalización de las acciones para reducir la dependencia del exterior, la llamada autonomía estratégica; de las medidas de lucha contra el cambio climático, como los ajustes en frontera; o de los Fondos Next Generation EU. Es necesario analizar con rigor el equilibrio entre medidas para garantizar el acceso a productos y servicios básicos y estratégicos, junto con el coste asociado en términos de eficiencia y condiciones de competencia en los mercados.

Pero no todos los cambios pueden empeorar las condiciones para la internacionalización de las empresas y las personas. De hecho, la digitalización está favoreciendo el comercio de servicios, en particular a empresas, que crece a mayor ritmo que el intercambio de bienes. Asimismo, la apertura económica y comercial de nuevos países de Asia o África abre posibilidades para la internacionalización.

En estos momentos no está claro si asistimos a una desglobalización o a una nueva forma de globalización. Lo que sí es evidente es que hay múltiples dinámicas con enorme trascendencia para la internacionalización, más allá del impacto sobre el modelo de vida y de sociedad.

España es una economía muy abierta, con una presencia significativa de pymes internacionalizadas, mayor que en las principales economías europeas. Es por ello fundamental mejorar nuestro conocimiento del proceso de internacionalización con un seguimiento sistemático de las tendencias y mayores recursos para la investigación en la materia. Sin olvidar la necesaria actualización y fortalecimiento de las políticas de apoyo a la internacionalización de las pymes, con nuevos instrumentos, como el uso de big data y la inteligencia artificial, para ofrecer servicios actualizados y personalizados para las pymes.

Gonzalo Solana / Raúl Mínguez son Director / Subdirector de la cátedra Nebrija Santander en Internacionalización de Empresas