De la "pureza de sangre" a la matanza de los abogados de Atocha: los 425 años del ICAM

El colegio, testigo del sufragio femenino o de la llegada de internet, se enfrenta a retos como la salud mental o la situación de júnior y sénior

Imagen de la sede actual del ICAM y, sobreimpresa, otra del desaparecido convento de San Felipe, donde se creó. ICAM
Imagen de la sede actual del ICAM y, sobreimpresa, otra del desaparecido convento de San Felipe, donde se creó. ICAM

Del rey Felipe II, llamado “el Prudente”, a Felipe VI. El Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) celebra este 2022 su 425 aniversario (con un año de retraso debido a la pandemia), aunque fue en 1595 cuando 37 abogados se reunieron en el desaparecido convento de San Felipe (ubicado entre la calle Mayor y la Puerta del Sol) para acordar su creación. Fundado definitivamente el 15 de julio de 1596, el ICAM es parte de la memoria de España. Tanto como sus colegiados, que han contribuido a escribir una historia de más de cuatro siglos.

Desde sus orígenes, la corporación asumió el establecimiento del “abogado de pobres”, que ha dado lugar al actual turno de oficio. Aunque en sus páginas también figuran algunos episodios aciagos, como la exigencia de la “limpieza de sangre”, que hasta 1835 impidió la colegiación a judíos y musulmanes. A lo largo de estos años, no obstante, el ICAM ha sido testigo de grandes acontecimientos, como la aprobación del derecho al voto de las mujeres por el que Clara Campoamor luchó sin ambages. Tanto ella como la también diputada Victoria Kent, que estaba a favor del sufragio femenino pero defendía que había que demorarlo por la influencia conservadora que en 1931 el clero o los propios varones pudieran ejercer sobre las mujeres, son dos de las colegiadas más prestigiosas de la institución.

De hecho, para el actual decano, José María Alonso, este momento es uno de los “hitos fundamentales” que marcan la historia de la corporación, ya que “la labor de Campoamor fue importantísima para que se colegiaran las mujeres”, que actualmente representan el 48% del censo. Bajo su mandato, el ICAM ha abandonado la denominación de 1732, pasando de ser “colegio de abogados” a “colegio de la abogacía”, por resultar más “inclusiva, haciendo visibles no solo a los hombres, sino también a las mujeres”.

No obstante, la casa de la abogacía de Madrid tuvo que esperar hasta 2012 para ser dirigida por primera vez por una mujer, la letrada Sonia Gumpert, quien ejerció como decana hasta 2017, precediendo en el cargo a Alonso. La jurista señala que la matanza de los abogados de Atocha, cometida en enero de 1977 por un comando de extrema derecha, es uno de los momentos más tristes, y a la vez importantes, de la historia del ICAM. “En una profesión que en aquel momento era marcadamente conservadora, el colegio se puso a la cabeza del cortejo fúnebre” de los juristas del Partido Comunista, que todavía era ilegal, y de Comisiones Obreras, “reivindicando el ejercicio profesional”.

Ley de violencia de género

El asesinato a bocajarro de estas cinco personas (tres abogados, un estudiante de Derecho y un administrativo) fue un episodio clave en la Transición que marcó el decanato de Antonio Pedrol (entre 1973 y 1992), quien logró que la capilla ardiente se instalara en el colegio a pesar de las reticencias iniciales de los dirigentes políticos de una España que dejaba atrás la dictadura de Franco para entrar en la democracia.

Luis Martí Mingarro, antecesor del desaparecido Antonio Hernández-Gil Álvarez-Cienfuegos en el decanato del ICAM, vivió este fatídico momento de 1977 como tesorero de la junta de gobierno de Pedrol. Durante su mandato, entre 1992 y 2007, entró en vigor la ley de violencia de género, hasta hoy vigente, que por primera vez adoptaba medidas concretas en la lucha contra los malos tratos hacia las mujeres. Mingarro subraya cómo en estos tiempos el ICAM ayudó a las víctimas con la creación de los primeros puntos de ayuda legal e información. De estos años, el letrado también destaca el reto que planteó el fenómeno migratorio y cómo el colegio “fue pionero en crear dispositivos de asesoramiento para ayudar al colectivo y la creación de las aulas de extranjería”.

Aunque el pasado está escrito, el futuro de la abogacía comienza a redactarse. Tanto Alonso como Gumpert y Mingarro coinciden en que los vientos de cambio ya están soplando. La adaptación de una profesión con solera como esta al mundo virtual, donde cada vez cobra más protagonismo el big data, la tecnología blockchain o las herramientas legaltech, es uno de los grandes desafíos. Y en este contexto, donde la realidad física y la digital se desdoblan, resulta fundamental respetar la “deontología profesional” y “la ética”, consideran el decano y Gumpert. “Los abogados tuvimos ocasión de conocer muy tempranamente las convulsiones que vendrían con la irrupción de la tecnología”, remarca por su parte Mingarro, quien vivió como decano la llegada de los ordenadores a los bufetes y la apertura de la web del ICAM. De cara al futuro, los letrados deben prestar especial atención a “la protección del secreto profesional”, subraya el exdecano.

Retos acuciantes

¿Qué cabe esperar en los próximos 425 años? Por el momento, la salud mental de los letrados, que están empezando a romper el tabú del estrés, la ansiedad o la depresión que les generan los plazos o los objetivos de facturación, así como la lucha por unas condiciones laborales dignas vertebran las demandas de las nuevas generaciones. Según una encuesta realizada por la Agrupación de Abogados Jóvenes de Madrid (AJA) para este medio el pasado octubre, para el 68,5% de los letrados júnior madrileños el principal problema al que se enfrentan es la “precariedad laboral”. Un 39,8% recibe menos de 13.300 euros brutos al año y el 41,2% trabaja más de 40 horas a la semana sin compensación de las extraordinarias.

En los grandes despachos de la capital, donde los abogados jóvenes cobran alrededor de 32.000 euros brutos al año, según la Guía del mercado laboral 2022 de la consultora Hays, los socios directores se enfrentan a dificultades para retener el talento. Y es que los letrados mileniales (los nacidos entre la década de 1980 y finales de los años noventa) se diferencian de sus predecesores en que no comparten la visión tradicional de estar disponibles las 24 horas del día los siete días de la semana. Buscan algo más que un buen salario, como medidas que les permitan trabajar sin renunciar a formar una familia o desconectar digitalmente.

Por su parte, los abogados sénior denuncian que al llegar a la mitad de la cincuentena, cuando están en lo mejor de su carrera, son removidos de los niveles más altos de las estructuras de los grandes bufetes, que tratan así de dar entrada en los órganos de poder a socios más jóvenes. Un fenómeno que empuja a algunos a crear sus firmas propias, que acaban rivalizando con los despachos de los que proceden por los clientes. Se trata de retos acuciantes a los que la abogacía debe dar respuesta para seguir haciendo historia.

Un palacio del saber jurídico

Biblioteca del Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM). ICAM
Biblioteca del Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM). ICAM

Frescos. De las paredes de la Biblioteca y Archivo del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid (ICAM) cuelgan frescos de los últimos decanos de la institución. También una Inmaculada Concepción, un retrato de Alfonso XIII, otro del rey emérito Juan Carlos I y una escena de un juicio de Salomón. Más de 120.000 obras y 35.000 documentos de archivo duermen entre los muros de la que fuera la Casa-Palacio del Marqués de Portazgo. El enclave es ahora una de las sedes del colegio y alberga la biblioteca de la abogacía madrileña.

Sangre. José Mario Barabino lleva 30 años trabajando en este lugar, los últimos 15 como director. Reconoce que empiezan a tener “un problema de espacio” porque cada año ingresan entre 2.000 y 3.000 nuevos volúmenes. En los sótanos del antiguo palacete, los libros no expuestos –algunos del siglo XV– colman las estanterías en salas refrigeradas. Aquí se guardan los expedientes de limpieza de sangre del siglo XVIII, de la época en la que la institución exigía árboles genealógicos y escudos nobiliarios a los nuevos ingresados. “Era importante investigar el origen del solicitante para mantener el prestigio de la institución”, explica Barabino.

Préstamos. La biblioteca del ICAM, inaugurada en 1852, cumple 170 años. En la actualidad asiste a los más de 75.000 colegiados, además de jueces, estudiantes y otros profesionales jurídicos. Barabino lamenta que la pandemia ha terminado de vaciar las salas que hace unos años vivían acostumbradas al trasiego. Las herramientas digitales han ganado peso, pero la maquinaria no para. Hay mucho que digitalizar y muchas consultas. “Cada año realizamos 20.000 préstamos”, atestigua. De ellos, la mitad son obras digitalizadas.

Normas
Entra en El País para participar