Transparencia retributiva y “avaricia corporativa”

La publicidad de las remuneraciones de los grandes ejecutivos no parece que haya sido un incentivo a la moderación y ha provocado inflación

Las remuneraciones de los consejeros ejecutivos y de los principales directivos de las empresas cotizadas eran secretas hasta comienzos de este siglo. En España no se empezaron a conocer los sueldos de los jefes de las grandes empresas del Ibex 35 hasta 2003. Ese mismo año, las juntas de accionistas de las empresas cotizadas británicas sometían por primera vez a votación los emolumentos de los consejeros. El objetivo no era alimentar la curiosidad, sino alinear las remuneraciones de los ejecutivos con los intereses de los accionistas y poner fin a un proceso oscurantista que podía dar pie a malas prácticas.

 

20 años después, es evidente que ha mejorado el gobierno corporativo de las empresas, con una mayor participación de los consejos de administración y de los accionistas también en materia retributiva, pero quizás se esté fracasando en uno de los retos de esa transparencia: la mesura. Es probable que los reguladores pensaran que la publicidad salarial alentaría la moderación; sin embargo, la experiencia de las dos últimas décadas invita a pensar que la luz trajo tanta claridad como exageración.

Esto, que puede parecer una mera percepción, es lo que vino a decir uno de los mayores inversores del mundo en empresas cotizadas. Nicolai Tangen, consejero delegado de Norges Bank, denunció en mayo pasado lo que él llamó “avaricia corporativa”. Norges Bank es el fondo de pensiones de Noruega que maneja el excedente que obtiene el Estado de la venta de sus reservas de gas y petróleo y que suma unas inversiones de 1,2 billones de euros, lo que equivale al PIB de España. Por tanto, es una de las voces más autorizadas del mercado.

“Estamos en un entorno inflacionario, y vemos muchas empresas con un rendimiento bastante mediocre que mantienen paquetes salariales muy grandes. La avaricia corporativa está alcanzando un nivel no visto, y realmente se está volviendo muy costoso para los accionistas cuando hay una dilución” de sus acciones, dijo Nicolai Tangen en una entrevista concedida al Financial Times.

Este mismo medio publicaba esta semana un estudio de la consultora Farient Advisors en el que ponía de manifiesto que los accionistas empiezan a cansarse de las altas remuneraciones de los grandes ejecutivos y muestran un rechazo creciente en las juntas de accionistas, donde es preceptivo el voto, aunque no es vinculante. Hasta hace pocos años, lo habitual es que los emolumentos de los directivos fueran aprobados con el apoyo de más del 90% del capital; sin embargo, ese apoyo cae y rápido. Este año, solo el 61% de las empresas del S&P 500 conseguía el escrutinio favorable de más del 90% de los accionistas, cuando dos años antes era el 76% de las empresas las que lograban esa abrumadora mayoría.

Un caso paradigmático es el de Amazon, prototipo de empresa de éxito de este siglo. En el año 2020, los bonus de los directivos, incluido el CEO, atrajeron el apoyo del 97% de los accionistas. Este año, ese consenso ha desaparecido y el soporte ha caído en más de 40 puntos, hasta el 56%. Solo a un 46% de los accionistas les debió parecer difícil de entender los 250 millones de dólares de remuneración del CEO, Andy Jassy.

En España, el voto en contra de las remuneraciones de los consejeros ejecutivos también crece año a año. Este año el hito lo ha marcado Telefónica, cuando en marzo pasado un 42% de los accionistas presentes y representados en la junta votó en contra de los sueldos de José María Álvarez-Pallete y Ángel Vila, presidente y consejero delegado, respectivamente, y tan solo un 53% votó a favor; el 4% restante se abstuvo. El viernes de la semana que viene es la de Iberdrola y también hay mucha expectación con este punto.

Norges Bank ha mostrado su rechazo a los paquetes retributivos de compañías tan emblemáticas como Intel, Apple, IBM o General Electric, lo que es consecuente con su aviso de que “si los accionistas no son más estrictos al votar, esto [la avaricia] continuará”. Tangen no se muerde la lengua y señala que “la culpa es claramente de los consejeros delegados y los consejos”.

El caso de Estados Unidos que quizás más ha sorprendido recientemente ha sido el del CEO de Discovery, David Zaslav, que en 2021 recibió un paquete salarial por importe de 247 millones de dólares. Aunque 2021 fuera el año en que Discovery acordó su fusión con su competidor Warner Media (HBO, CNN, Warner Bros) la pregunta es: ¿qué hay que hacer para merecer tanto?

Esta publicidad retributiva en las sociedades cotizadas no se produce en el mundo del futbol. El mes pasado, el París Saint-Germain le ofreció de todo a Kylian Mbappé para que no se fuera al Real Madrid. Los medios especulan con que el PSG, propiedad del emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani, le va a pagar un fijo de 100 millones de euros, además de derechos de imagen y quién sabe cuánto más. No hay ni un dato oficial.

En el mundo del fútbol impera el oscurantismo sobre los sueldos de los jugadores hasta en los equipos que cotizan en Bolsa, que publican las remuneraciones del CEO del club, pero no de sus cracs. El argumento para no dar la luz es evitar la competencia interna entre los jugadores del mismo equipo y, a su vez, no dar pábulo a los competidores para que se los lleven.

Por tanto, la desmesura se produce con transparencia y sin ella. El problema está en la avaricia humana, corporativa, que diría el CEO de Norges Bank. El departamento de recursos humanos y la comisión de nombramientos y retribuciones de las empresas tienen mucha labor por delante si no quieren que los accionistas les llamen la atención. A ellos les corresponde poner orden en los procesos de fichaje, en los que participa una pléyade de intermediarios (compañías especializadas en cazar talentos, en gobierno corporativo y en remuneraciones), que participa activamente en el proceso y sin incentivos para modular a la baja. Eso sí, si no son sensibles ni en tiempos de inflación galopante, llegará el día en que los políticos sientan la tentación de regular, lo que tiene más riesgos que ventajas.

Aurelio Medel es doctor en Ciencias de la Información y profesor de la Universidad Complutense