Achim Wambach: "Vamos hacia una estanflación en los próximos meses"

Considera que Europa debe despertar y reducir su dependencia de China, pero no el comercio y diversificarse

El traslado de la producción de China al Viejo Continente tendría una pérdida de bienestar

Achim Wambach, preside el Centro de InvestigaciónEconómica Europea de Mannheim.
Achim Wambach, preside el Centro de InvestigaciónEconómica Europea de Mannheim.

Achim Wambach, 1968, preside el Centro de Investigación Económica Europea (ZEW) de Mannheim desde 2016. ZEW es uno de los think tanks económicos más prestigiosos de Europa. Investigador y experto en Economía Industrial, Wambach es miembro del Consejo científico que asesora al Ministerio de Economía.

También es el máximo responsable de la Comisión Antimonopolio del Gobierno alemán, un gremio independiente que asesora en política y derecho de competencia. Wambach estudió Físicas y Matemáticas en Colonia y se doctoró en Oxford.

Tras su máster en Economía en la London School of Economics and Political Science, se doctoró en la Universidad de Múnich. Ha sido catedrático de Teoría Económica en la Universidad de Nuremberg y ahora en la Universidad de Mannheim.

¿Vamos a entrar en una recesión por la guerra? El Bundesbank pronostica una caída del PIB del 2% en Alemania. ¿Qué pronóstico baraja su instituto, con y sin boicot energético? ¿Caería en recesión?

Es muy difícil hacer pronósticos sobre la coyuntura económica porque no sabemos cómo va a evolucionar la guerra en Ucrania. Si no hubiera un embargo energético, la economía alemana crecería este año un 2,7%. En caso de imponerse un embargo, todo cambiaría, sobre todo si afectara al gas. Pero las consecuencias de un embargo al gas ruso para la economía alemana dependen sobre todo de cómo se reparta en Europa el gas disponible. Según un modelo económico a nuestra disposición, el PIB caería entre un 1 y un 3%. Y en caso de que hubiera un racionamiento del gas y este no llegara a donde se necesita para generar riqueza, entonces el perjuicio económico se multiplicaría. En cualquier caso, los expertos en mercados financieros que consultamos constantemente son escépticos respecto a la evolución económica de Alemania y Europa.

Se está utilizando la economía como arma en un momento de enfrentamiento entre economías competidoras entre sí que cuentan con diferentes sistemas económicos. ¿Qué pueden hacer Alemania y Europa en esta crisis?

Las cuestiones de seguridad nacional son también relevantes para la economía, que deberá tener en cuenta la geopolítica más que antes. Este punto de vista ya empezó a ganar peso hace unos años ante la cuestión de cuál debe ser la posición de Europa frente a China. La UE planea un nuevo instrumento para poder intervenir, por ejemplo, ante empresas chinas que operan en Europa pero reciben subvenciones del Estado asiático. En muchos países se ha intensificado ese control de las inversiones procedentes de Asia. Su propósito es que los consorcios chinos solo puedan adquirir empresas nacionales cuando ello no represente un riesgo o una limitación para la seguridad nacional. En cualquier caso, en Europa tenemos que despertar y reducir nuestra dependencia. Necesitamos una mayor diversificación internacional. Para ello precisamos más tratados comerciales en lugar de menos. Se trata de que podamos acceder con garantías a la energía y a las materias primas que necesitamos.

La economía se enfrente al dilema: ¿política o negocio? China busca ahora una cooperación estratégica con Rusia. También los consorcios alemanes dependen mucho de China. ¿Qué hacer cuando la dependencia es tan intensa? El 9% de las exportaciones del rico Baden-Württemberg va a China.

El objetivo es reducir la dependencia pero no el comercio. También hay que tener en cuenta que las relaciones comerciales pueden contribuir a la estabilidad geopolítica. Para reducir la dependencia hay que diversificarse. Esa es la clave. Por ejemplo validando a diferentes proveedores para el mismo componente. Eso nos permitiría disponer de un proveedor cuando falte otro.

Pero la patronal de la industria BDI ya advirtió en 2021: "La idea del cambio político democrático a través del comercio no avanza". ¿Qué va a pasar con la globalización?

Sí es cierto que durante mucho tiempo vivimos con la idea de que la política económica y la política de seguridad eran ámbitos separados entre sí. Un criterio para sortear la inestabilidad en las relaciones comerciales y económicas es también la diversificación de socios comerciales a nivel estatal. Un instrumento sería los tratados comerciales internacionales que facilitan las relaciones y el suministro entre países y pueden abrir mercados alternativos. En este sentido recomendamos a la UE que acelere los acuerdos previstos con Latinoamérica, los estados asiáticos, India y Australia.

¿Cuáles serán las consecuencias de tratar de buscar alternativas a China?

Si quisiéramos trasladar completamente la producción de China a Europa (como alternativa a la situación de dependencia actual) nos costaría pérdida de bienestar. Por otro lado, esa decisión no contribuiría tampoco a una mayor estabilidad geopolítica. Hasta ahora nos hemos beneficiado de la estrategia de producir en el lugar que resulta más barato y de especializarse económicamente en aquello que mejor se sabe hacer. Por eso considero que deberíamos reforzar nuestra apuesta por otras zonas económicas del mundo, también con la idea de evitar dependencias únicas de una sola región.

Hablaba usted antes del escepticismo entre los expertos ante el futuro. ¿Cuáles son los riesgos y cómo deberían los Estados compensar la pérdida de poder adquisitivo? Y cómo podría intervenir efectivamente el BCE ante el brutal shock actual?

El aumento de la inflación no solo es un riesgo sino una realidad que nos acompañará en el futuro. Los expertos que consultamos mensualmente coinciden en que se desarrollará una estanflación los próximos meses; es decir, una combinación negativa entre estancamiento económico e inflación. La mayoría pronostica también para los próximos seis meses subidas de los tipos de interés a corto plazo.

Ante esas malas perspectivas, Europa se pregunta por la posición de Berlín por las crecientes deudas y las inversiones estatales de futuro. ¿Qué hará Alemania?

La deuda soberana ha aumentado en Alemania, pero no tan fuertemente como tras las crisis financiera de 2010. En aquel momento Alemania pudo salir de su endeudamiento sin subir los impuestos y sin reducir sustancialmente los gastos. Esa es nuestra experiencia. Por ello, ahora la prioridad debería seguir siendo poner los pilares para crecer más y mejor económicamente. Un importante paso en ese sentido sería simplificar los procesos administrativos de planificación, aprobación y autorización.

¿Cuáles serán los retos tras esta crisis?

Estamos registrando ya dos grandes transformaciones, la digital y la del cambio energético. A raíz de la guerra en Ucrania tenemos que asumir además los retos de la geopolítica y de la política de defensa y seguridad. No busquemos más retos y concentrémonos en estos. Y por supuesto lo más importante: que lo hagamos juntos en Europa. Una Europa unida.

La geopolítica entra en la economía

A raíz de la guerra en Ucrania, la política alemana ha anunciado un cambio en su política económica. La geopolítica ha entrado en la economía y expertos como Wambach reiteran la importancia de tener en cuenta los aspectos geopolíticos en la nueva economía. "China es un mercado crucial para las empresas alemanas y es el mercado que más crece, pero habrá que evitar la dependencia de esa única región". Wambach propone que Alemania reduzca su dependencia económica de los sectores del automóvil y de la maquinaria, que viven de las exportaciones a China, e impulse otros sectores como el de las técnicas de salud. Solo Baden Württemberg tiene un volumen de negocio de 34.300 millones de euros anuales con China. Otro riesgo a corto plazo, según Wambach, son las consecuencias inmediatas de la dependencia energética. "El cambio energético, que de por sí ya es un reto para la economía alemana, parte de la premisa de que el gas, como tecnología puente, sea barato. Pero su encarecimiento actual presionará más a las empresas para que se adapten". Las próximas semanas y los próximos meses serán claves para amortiguar el impacto que provoque el eventual embargo de gas después del verano.

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