Moscú hace el papel de bufón en su teatro en torno a la deuda

Ahora que ha parpadeado una vez, es más probable que los inversores se encojan de hombros ante nuevas amenazas

Billete de 200 rublos.
Billete de 200 rublos. reuters

La fanfarronada rusa puede no haber terminado. Moscú ha devuelto en dólares una deuda que, decía, solo podía ser reembolsada en rublos. Al demostrar que puede pagar, Putin se ha convertido en el bufón de su propio teatro.

 

Deseoso de demostrar que es víctima de un Occidente malévolo, Rusia dijo que las sanciones le obligarían a pagar el servicio de unos 39.000 millones de dólares de deuda externa en su propia moneda, lo que equivale a un impago. Es cierto que las sanciones han congelado la mayor parte de las reservas de Rusia de divisas fuertes, más de la mitad de su total de 609.000 millones de dólares. Otros 290.000 millones en oro y monedas no occidentales son difíciles de usar, porque necesitaría contrapartes dispuestas a convertirlos en dólares.

Pero Putin aún puede utilizar las reservas que está acumulando gracias a las exportaciones de petróleo y gas no afectadas por las sanciones. Desde el comienzo de la guerra, ha vendido más de 50.000 millones de dólares en petróleo, gas y carbón solo a la UE.

Los impuestos sobre las exportaciones de energía y la industria nacional del petróleo y el gas representaron el 36% de los ingresos del Gobierno en 2021: unos 120.000 millones de dólares. Si crecen un 20% este año –en consonancia con los precios de la energía–, podrían suponer 144.000 millones. Según Moscú, solo necesita 950 millones de dólares este año para el servicio de su deuda, y 3.400 millones en 2023. Así que no es de extrañar que Putin haya optado por cumplir con los pagos de abril justo antes de que expirara el plazo. Pero puede que no sea el último acto de la comedia. Es posible que el 25 de mayo EE UU decida no prolongar la prórroga que permite a los bancos occidentales tramitar los pagos de Moscú. O puede haber un embargo de la UE a petróleo o gas.

Incluso así, el impago no es ni mucho menos seguro. Moscú puede seguir vendiendo a otros países, y los altos precios compensarán los menores volúmenes. Putin puede contraatacar amenazando al menos con no pagar a los acreedores extranjeros. Pero ahora que ha parpadeado una vez, es más probable que los inversores se encojan de hombros.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías