Mapa del tesoro de fondos y ETF: cómo orientarse ante la colosal oferta actual

Actualmente hay casi 100.000 ISIN de fondos y ETF que se pueden comercializar activamente a inversores españoles no profesionales

Desde que en 1774 a Adriaan Van Ketwich se le ocurriera la simple pero conveniente idea de ofrecer a un grupo de comerciantes holandeses comprar conjuntamente deuda de distintas compañías, el número de vehículos colectivos de inversión se ha multiplicado exponencialmente. En la actualidad hay un sinfín de fondos y ETFs entre los que elegir y la forma en que combinan bonos, acciones, divisas y sus derivados, es de lo más variopinta.

La industria de productos de inversión tiene poco que envidiar, en cuanto a creatividad para diseñar y lanzar productos, a otras industrias de consumo. Algunos de ustedes recordarán aquel anuncio de Coca Cola donde un argentino enumeraba el consumidor objetivo de esta bebida: “….para los optimistas, para los pesimistas, para los que juegan, para las familias,… para los comprometidos, para los que trabajan,…., para los calculadores, para los sencillos, para los que leen, …., para los precavidos, para los transparentes, para todos”. Pueden visualizarlo en YouTube tecleando: “Coca Cola para todos”. Pues al igual que ha ocurrido con los refrescos, hoy en día hay fondos y ETFs para todos los gustos imaginables.

Algunas compañías financieras pueden ser tan imaginativas lanzando productos como las más ingeniosas empresas de consumo. Ambas industrias satisfacen deseos, pero también necesidades reales, pues hay que beber y hacer algo con los ahorros que no vayamos a gastar. Equivocarnos con un refresco, salvo que seamos alérgicos o diabéticos, es algo banal, pero si hablamos de un dinero que vamos a necesitar en el futuro, escoger donde y con quien invertimos ya no es tan trivial. Actualmente hay casi 100.000 ISIN (el DNI) de fondos y ETF que se pueden comercializar activamente a un inversor español no profesional. No me extraña que más de uno se pierda en este maremágnum que va creciendo sin parar, pues cada año se lanzan cientos de productos.

En los últimos años el mercado se ha visto inundado por temáticas: robótica, digitalización, inteligencia artificial, transición energética, y sostenibilidad, por nombrar algunas de las más populares. Estos fondos suelen invertir en empresas de distintos sectores y distintos países. Por ejemplo, un gestor que busque aprovechar las oportunidades que ofrece el envejecimiento de la población mundial podría tener empresas de salud, de tecnología, de nutrición, inmobiliarias y muchos tipos más. Dentro de la misma tendencia coexisten estrategias de inversión muy diversas. Así, en productos con nombres similares, podemos observar cateras y resultados muy dispares. Esto hace más complejo clasificar y analizar fondos incluso para expertos profesionales, ni me imagino lo que tiene que ser para un particular.

Mientras miraba los estantes repletos de bebidas de un supermercado me pregunté si algunos harían con los fondos lo mismo que yo con los vinos: compro las botellas que me parecen más bonitas o las de nombre más sugerente. Si dudo entre varias, me leo la etiqueta, pero, como ya habrán deducido que no soy una entendida, me decido por lo que mejor me suena. Y en esas estaba cuando reflexioné sobre cómo puede influir en una aficionada la narrativa. Y es que la descripción de algunos vinos parece poesía, ¿cómo evitar dejarse llevar por la belleza de las palabras y los objetos? Luego te bebes un vino que no conocías y a veces decepciona, así que ya solo compro una botella para probar.

Seguía dándole vueltas en mi cabeza, ¿qué hará un consumidor de fondos? ¿va probando con poco dinero? ¿se deja aconsejar? ¿por un amigo o por un profesional? ¿le seduce la narrativa? Y si ha probado recomendaciones y no ha sido lo que esperaba, ¿qué hará?

El placer de tomarse un vino puede ser una metáfora poco acertada para ilustrar la satisfacción de seleccionar fondos adecuados, pero aún así fantaseé con un sumiller que, más allá de recomendar fondos que maridan con los objetivos soñados, sugiera en base a la experiencia y, casi lo más importante, a la personalidad. Y, además, acompañe en el momento de paladear.

Aunque solo ayude a unos pocos y me arriesgue a disgustar a otros, voy a aprovechar el espacio que amablemente me cede este medio para escribir una serie de tribunas que orienten al inversor español que se sienta perdido en este laberinto de productos. Así intentaré responder a preguntas sencillas cuya respuesta es más compleja de lo que pueda parecer, ¿qué tipos de fondos hay y en qué me puede ayudar una clasificación? ¿Es mejor invertir en fondos españoles o extranjeros? ¿Cómo sé si un fondo es bueno o malo? ¿Cómo lo mido? ¿Con qué lo comparo? ¿De qué gestoras puedo comprar fondos regulados en España? ¿Es mejor invertir con grandes gestoras o con boutiques? ¿ETF o fondos de inversión? ¿Gestión activa o pasiva? ¿Hay gestores o fondos que ofrecen mejores resultados? ¿Cómo los encuentro? ¿Cuánto tiempo debería mantener un fondo? ¿Cuándo debería vender un fondo? ¿De qué me protege la regulación y de qué no? ¿Fondos nuevos o con histórico? Añadiré un par de capítulos, uno con los errores más frecuentes al invertir en fondos y otro con las características que, a mi juicio, debería tener un asesor ideal.

De algunos temas ya he escrito en el pasado, pero este es el prólogo que me compromete a escribir una guía sencilla sobre cómo invertir en fondos, tanto si desean encontrar un tesoro o simplemente preservar el que ya tienen. Habrá orientaciones para todos.

Marta Díaz-Bajo es Directora de soluciones de inversión de Atl Capital