La inmunoterapia se abre camino para mejorar la vida de los alérgicos

El alergeno se inyecta en el cuerpo para generar tolerancia

La inmunoterapia se abre camino para mejorar la vida de los alérgicos

Una de cada cuatro personas es alérgica. Más que en los años ochenta y menos de lo que se prevé de aquí a 20 años. Para entonces habrá “un 50% de población que, a lo largo de su vida, podrá desencadenar alguna enfermedad alérgica”, expone Antonio Valero, presidente de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC) y jefe de la sección de alergología del Hospital Clínic de Barcelona.

Este señala que en las últimas décadas del siglo pasado la prevalencia en la población era del 10%-15%. Actualmente está entre el 20% y el 30%, y el porcentaje va a seguir creciendo por factores asociados a la vida en las ciudades y a los hábitos de higiene, pero también a la predisposición genética, infecciones víricas, consumo de tabaco y a la contaminación ambiental.

La alergia respiratoria se puede manifestar en la nariz con rinitis, en los ojos con conjuntivitis y en el pulmón con asma. “Hay asma alérgico y asma no alérgico. El primero está causado por ácaros, moho, epitelios o pólenes. Pero hay otro tipo de asma, en el 30% o 40% de los casos, del que no se conoce bien el mecanismo que lo produce.

 Esta patología afectará a la mitad de la población en 20 años

Irantzu Muerza, responsable de la Coordinadora Nacional de Asma de la Federación Española de Asociaciones de Pacientes Alérgicos y con Enfermedades Respiratorias (Fenaer) y presidenta de Asmabi Euskadi, añade otros dos aspectos: “Para nosotros es prioritario seguir mejorando el desarrollo del diagnóstico, la detección precoz de las alergias. No solo las respiratorias, también las alimentarias o las alergias a medicamentos”.

Innovación terapéutica

“El diagnóstico molecular es un avance relativamente reciente que nos ha permitido diagnosticar mejor”, dice Valero. Se trata “no solo de testar el anticuerpo IgE, que es el alérgico frente a ácaros o polen, sino las proteínas dentro de estos”.

“La inmunoterapia es una vía muy esperanzadora para mejorar las perspectivas y la calidad de vida de los pacientes, al lograr reducir los síntomas de las alergias y, en algunos casos, casi hacerlas desaparecer”, celebra Muerza.

Están llegando al mercado fármacos biológicos de nueva generación para asmas graves

Esta inmunoterapia consiste en administrar el alergeno para que el cuerpo genere tolerancia. “Entrenamos el sistema inmunológico y llega un momento en que los pacientes no se someten a la exposición suficiente para tener síntomas o lo hacen con menor intensidad o necesidad de medicación”, explica Valero.

Por otra parte, están llegando al mercado fármacos biológicos de nueva generación para las asmas graves. Según Carlos Colás, jefe del servicio de alergología del Hospital Clínico-Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón, están dirigidos a moléculas concretas causantes de intensos fenómenos inflamatorios, refractarios a los tratamientos convencionales o que no tienen una respuesta satisfactoria. Ha sido “revolucionaria la aparición de anticuerpos monoclonales, han abierto unas expectativas enormes”.

La farmacéutica GSK, que en 1971 lanzó su primer tratamiento para el asma, ha buscado en los últimos años “moléculas innovadoras, primeras en su clase terapéutica, que cubren las necesidades de aquellas personas que más dificultades pueden tener para llevar una vida sin sobresaltos”, asegura María Guadalupe Sánchez-Herrero, medical affairs lead de la compañía en España.

El siguiente paso es abordar el origen de una de las causas, la calidad del aire

Destaca la importancia de haber desarrollado tratamientos que “puedan ser administrados cómodamente en su propio domicilio”.

El siguiente paso que hay que dar es abordar el origen de una de las causas que produce las alergias. “Resulta imprescindible”, advierte Muerza, “seguir avanzando en medidas que ayuden a medir y mejorar la calidad del aire que respiramos.

Es fundamental actuar contra la polución por gases y por partículas en suspensión, desencadenantes de las alergias cada día más determinantes, no solo para los alérgicos actuales, sino también para los futuros”.

 

Relevo generacional

“Los que hemos trabajado en esta patología creemos que todavía hay muchos programas de investigación que se pueden desarrollar y creemos importante que se despierte esta inquietud en los jóvenes profesionales”, dice Carlos Colás. Lo hace como miembro del comité docente de aPASIonados, proyecto impulsado por GSK y SEAIC para reforzar la formación de las nuevas generaciones de alergólogos.

El sistema MIR (médico interno residente) tiene “un programa riguroso de aprendizaje que garantiza una formación excelente en todos los que completan la especialidad”, pero hay muchas facultades de Medicina donde no se da formación específica de alergología. Las patologías “se tratan de manera esporádica en otras especialidades sin llegar a darles una cohesión que permita tener una visión global sobre cómo abordarlas y cómo tratar a los pacientes. En muchos de ellos coexisten varias enfermedades y es bueno que un médico sea capaz de evaluarlas y tratarlas simultáneamente”, explica.

En el programa, basado en la autoformación, los alumnos eligen los temas, los preparan y los defienden con tutorización de un comité científico. Su duración es de 36 meses y acoge a 24 alergólogos de entre 30 y 40 años.

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