El impacto sobre China: efectos de las sanciones contra Rusia

Las consecuencias dependerán del perjuicio que sufra la economía rusa, de la unidad occidental y de la capacidad de EEUU de aplicar medidas secundarias

La actitud de China ante la guerra en Ucrania es de apoyo cauto a Rusia. En los organismos internacionales no respalda ninguna resolución de condena. Muestra comprensión por la intervención y también apela a la negociación. Xi Jinping a menudo destaca la legalidad internacional como mecanismo para gestionar la globalización. Los análisis rápidos de las masivas sanciones que han impuesto los países occidentales concluyen que provocarán un mayor estrechamiento de la cooperación económica y militar entre China y Rusia. Para Pekín ya es decisivo el suministro ruso de petróleo, gas natural, carbón, metales y materias primas agrícolas. Entre 2010 y 2021 las exportaciones rusas a China se cuadruplicaron, ascendiendo a 80.000 millones de dólares. Las importaciones de China en el mismo periodo se incrementaron de 38.000 a 68.000 millones. En 2021 el volumen comercial entre ambos países se disparó un 35% hasta 146.000 millones y China se convirtió en el primer mercado de exportación de Rusia.

Pero la exposición de Rusia y China a la economía occidental es muy distinta. Entre 2013 y 2020 la participación de Rusia en el comercio internacional descendió del 2,8% al 1,9%. En 2021, Rusia fue el quinto socio comercial de la UE, representando solo el 5,8% de su comercio total. En cambio, en 2020 la UE fue el primer socio comercial de Rusia, con un 37,3% de sus intercambios. La UE es el primer inversor en Rusia, con un stock acumulado de inversión directa extranjera (IDE) de 311.000 millones. Bruselas ha acordado la prohibición de inversión en el sector energético ruso y tanto EEUU como la UE revocarán la cláusula de nación más favorecida en su menguante comercio con Rusia.

Para China la situación es radicalmente distinta. Es el primer exportador y segundo importador mundial de bienes. Sus flujos comerciales, de servicios e inversión con el conjunto de países occidentales no los pueden sustituir Rusia y algunos países emergentes como India, Brasil, México y Turquía, que por ahora mantienen sus negocios con Moscú. El énfasis de la administración Biden en consensuar todas las rondas de sanciones con el máximo número de aliados refleja dicha realidad. Pekín no puede remplazar su comercio e inversiones con EEUU, la UE, Japón, Reino Unido, Canadá, Corea del Sur, Australia y Taiwán, cuyo PIB conjunto de 56 billones de dólares es 3,3 veces superior al de China. La ministra de Comercio de EEUU advirtió que se cortará el acceso de empresas chinas al software y componentes de alta tecnología estadounidenses si Pekín ayuda a Rusia a evadir las sanciones. Joe Biden también avisó a Xi Jinping de las consecuencias negativas de un apoyo militar a Vladimir Putin.

En 2021 las exportaciones chinas a EEUU aumentaron un 25% respecto al año anterior y registraron un récord histórico de 3,3 billones, con un superávit de 667.000 millones. Para Pekín, Rusia solamente es su octavo mercado de exportación, por detrás de no solo EEUU sino también de la UE, ASEAN, Hong Kong, Japón, Corea del Sur, India y Taiwán. Los 68.000 millones de exportaciones chinas a Rusia palidecen al lado de los 3,3 billones en bienes vendidos a EEUU y 472.000 millones a la UE. En 2021, China fue el tercer mercado de destino de exportaciones de la UE (10%) y la primera fuente de sus importaciones (22,4%).

Washington ha advertido que sancionará a cualquier empresa y país que exporte a Rusia bienes vetados bajo las sanciones o que contienen tecnología de EEUU. Lo haría mediante la normativa denominada normas sobre productos directos extranjeros (FDPR, por sus siglas en inglés). La Casa Blanca ha impuesto un FDPR total sobre el sector militar ruso y uno parcial sobre el resto de la economía. Biden añadió más empresas chinas a la lista de 60 con las cuales Donald Trump ya prohibió compartir tecnología.

China es el primer suministrador de Rusia de móviles, ordenadores, equipos de telecomunicaciones, juguetes, textiles, ropa y bienes electrónicos. La UE y EEUU venden a Rusia maquinaria, vehículos, aviones, productos farmacéuticos, equipos eléctricos, médicos y ópticos. Pekín proporcionará dichos bienes a Rusia. Pero hay productos tecnológicos que China no fabrica y debe importar de Occidente. Los semiconductores son imprescindibles para los sistemas electrónicos de los vehículos, armamento y sectores tecnológicos punta. Taiwán cuenta con una cuota de mercado del 60% en su producción, mientras que la de China es del 6%. Únicamente la taiwanesa TSMC y Samsung producen chips de alta gama de cinco nanómetros. TSMC ya está desarrollando un chip de tres nanómetros, mientras que su rival china SMIC está en la lista de empresas vetadas. En 2020, la IED (inversión extranjera directa) entre EEUU y China fue de 15.900 millones, la más baja desde 2009. En 2020, la IED de China en la UE registró solamente 13.200 millones, su nivel más reducido en seis años (7.100 millones de dólares). Dichas cifras contrastan con el hecho de que EEUU en 2019 se erigió en el primer destino mundial de IED con 4,4 billones.

La congelación de las divisas del banco central ruso y la prohibición de invertir en y comprar deuda de sus principales bancos por parte de EEUU y la UE también son un problema para China. El yuan constituye sólo el 2,2% de las reservas mundiales y el 1,7% de las transacciones internacionales se efectúan con la moneda china, mientras que el 38% y 39% se llevan a cabo en euros y dólares, respectivamente. Moscú ha doblado su tipo de interés al 20% y restringe la conversión a dólares. Pekín y los emergentes neutrales no subvencionarán indefinidamente a Rusia pagándole sus exportaciones en un rublo que se ha desplomado en 2022 un 40% frente al dólar.

El impacto de las sanciones sobre China dependerá del perjuicio que causen a la economía rusa, de la unidad occidental y de la capacidad de EEUU de aplicar sanciones secundarias. Haber sumado Japón, Corea, Australia y Taiwán al frente occidental es fundamental porque dichos países comparten el temor a la expansión militar y avance tecnológico de China y Rusia.

Alexandre Muns es Profesor de EAE Business School