La hoja de ruta de la Fed y la amenaza de la curva de tipos invertida

Los mercados descuentan que la retirada de estímulos monetarios provocará una recesión y obligará a Powell a bajar de nuevo los tipos de aquí a 2024

A lo largo de los últimos meses hemos visto una metamorfosis dentro de la Reserva Federal de EEUU. Si hasta octubre de 2021 las presiones inflacionistas eran calificadas de transitorias, a partir de noviembre los responsables de la política monetaria de la primera potencia económica del mundo empezaron a darse cuenta del error cometido. Imagino que tras más de dos décadas en las que la inflación no ha representado ningún problema, uno se acostumbra a pensar que siempre será así, pese a la destrucción del tejido productivo, los cuellos de botella en la logística del comercio internacional, los estímulos fiscales y monetarios sin precedentes, los cambios en las pautas de consumo de los ciudadanos debido a la pandemia, etc.

Ahora la Fed parece tener claro que su principal objetivo es combatir una subida constante del precio de bienes y servicios que ha llevado a la inflación a niveles que no se veían desde 1982. Eso nos remonta a la era del presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, que tuvo que combatir niveles de inflación del 15% ¡subiendo las tasas de interés hasta rozar el 20%! El 16 de marzo de 2022, el actual presidente de la Fed, Powell, decidió que era buen momento para comenzar la lucha contra la inflación y subió las tasas de interés del rango 0%-0,25% a 0,25%-0,50%, es decir, 25 puntos básicos desde el nivel más bajo de la historia, a fin de frenar una inflación del 7,9%, dato que aún no recoge el impacto de la subida de la materia prima tras el inicio de la guerra en Ucrania.

De cara a este año 2022, se espera que haya una subida adicional en cada una de las reuniones restantes, es decir, que los tipos de interés deberían terminar el año en el entorno del 2%, con la idea de seguir subiendo hasta el 2,50%-2,75% a lo largo de 2023. Junto a esa medida de retirada de estímulo monetario convencional, la Fed indicó que comenzaría a reducir su balance de compras de bonos, que a lo largo de la última década ha crecido hasta acercarse a los nueve trillones de dólares. Aun no hay detalles concretos de como llevará a cabo este proceso de desapalancamiento, pero sí se aclaró durante la rueda de prensa que será a un ritmo superior al que se hizo en 2018.

Para los lectores que no estaban muy encima de lo ocurrido durante 2018, permítanme recordarles que en el último trimestre de ese año la Bolsa se hundió más de un 20%, lo que obligó a la Fed a intervenir el mercado interbancario, inyectar liquidez de nuevo, dejar de reducir el balance, y anunciar que no seguiría subiendo las tasas de interés, sino que volvería a bajarlas en 2019. Gracias a eso, la Bolsa se recuperó con fuerza y siguió con su tendencia alcista remolcada por el apoyo incondicional del banco central. Hoy el escenario es distinto, ya que en 2018 no había presiones de inflación como las actuales, ni tampoco una gran incertidumbre respecto a la guerra y su impacto en nuestras vidas y en la economía en general. Además, venimos de valoraciones bursátiles históricamente altas, de unas primas de riesgo absurdamente bajas, con un nivel de endeudamiento en máximos históricos y unos niveles de estímulos que se desvanecen poco a poco.

Lo que tal vez llama más la atención son las previsiones que realiza la Reserva Federal para los próximos años, donde ajustan sin reparo y de forma drástica sus estimaciones respecto al trimestre anterior, pero apenas ven ningún efecto en 2023 y 2024. Es decir, que llevan fallando estrepitosamente en sus proyecciones de inflación a lo largo del último año y medio, lo que les obliga a cambiar drásticamente su política monetaria, pero no ven que eso suponga un riesgo en el ritmo de crecimiento de la economía a medio/largo plazo.

El mercado no coincide con esta visión tan utópica de la Fed, y a diferencia de lo que muestra el famoso dot plot, donde todos los consejeros reflejan su opinión de donde estarán las tasas de interés durante los próximos años, la curva de tipos ha comenzado a descontar que en 2024 la Reserva Federal tendrá que comenzar a bajar nuevamente los tipos, o por resumirlo de otra manera, “la necesidad de Powell por recuperar el tiempo perdido le llevará a retirar su apoyo a la economía y los mercados de forma agresiva, lo que acabará provocando una nueva recesión económica que obligará a bajar las tasas de interés una vez más de aquí a dos años”.

Esta tesis se apoya en un pilar importante como es el aplanamiento de la curva de tipos que se acerca peligrosamente al eje cero, y en el caso de perderse esta cota hablaríamos de una curva invertida, que históricamente ha sido un magnífico termómetro a la hora de predecir recesiones a un año vista.

Nadie tiene una bola de cristal que permita saber lo que va a ocurrir con la economía en los próximos meses y menos en un entorno de tanta incertidumbre geopolítica, pero tras 36 años navegando por los mercados financieros lo que si me atrevo a decir es que el riesgo de accidente grave cada vez es más elevado.

Pablo Gil es Estratega jefe de XTB