Macron cambia de piel mientras se acercan las elecciones

Terminar su plan de reformas puede resultarle difícil, dada la situación financiera de Francia

Emmanuel Macron, presidente de Francia.
Emmanuel Macron, presidente de Francia. reuters

El Macron que se presenta a la reelección en abril no es el de hace cinco años. Está en torno al 30% en las encuestas, suficiente para garantizarle la segunda vuelta, y probablemente para ganar. Socialistas y conservadores no se han recuperado de la paliza de 2017. Y los candidatos de extrema derecha, Marine Le Pen y Éric Zemmour, han sufrido un golpe en los sondeos tras el ataque de Putin, al que antes profesaban admiración.

Los empresarios galos y los inversores extranjeros pueden sentirse alivio por que las posibilidades de Macron hayan mejorado. Pero sus intenciones siguen siendo un misterio. Uno de sus eslóganes es proteger. Los franceses parecen pensar que logró protegerlos en la pandemia. Ahora puede seguir haciéndolo en un contexto diferente, prometiendo que hará lo posible para proteger a sus compatriotas de las consecuencias de las hostilidades de Rusia.

Lo que no dice, o no puede decir, es que ya no es el candidato que sedujo a los votantes con la promesa de transformar Francia y revitalizar su economía. Y es que la misión está a medias. El país estaba en la senda del crecimiento antes de la pandemia, y su economía creció en 2021 más rápido que el conjunto de la zona euro. El paro está bajando y las reformas del mercado laboral han dado resultados innegables.

Terminar la tarea puede ser difícil. La promesa de una gran reforma de las pensiones se topó con las arenas de la recesión pandémica. Macron propone ahora elevar la edad legal de jubilación de 62 a 65 años, pero para 2033, lo cual no es una reforma radical. También afronta restricciones fiscales tras soportar los costes de la pandemia. Bruselas preveía que la deuda pública estuviera en el 120% del PIB este año, antes del ataque de Rusia. El coste de mitigar el impacto de los precios de la energía y las enormes inversiones necesarias en seguridad energética se sumarán a esa carga. Eso no implica que el único curso de acción deba ser un intento de austeridad. Pero indica que cualquier programa audaz requerirá decisiones difíciles y prioridades estrictas, del tipo que no gustarían a un presidente aún ambicioso.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías