Criptomonedas

¿Bitcóin como refugio? La prueba de fuego de la invasión rusa

La volatilidad de la criptodivisa por excelencia no fue un impedimento para que se registraran notables alzas en su volumen de negociación en rublos en los días críticos del ataque sobre Ucrania. Firmas de análisis digital apuntan a un elevado número de pequeños inversores como los causantes del aumento del volumen

Bitcóin pulsa en la foto

No es de extrañar que en medio de un contexto de elevada volatilidad y miedo por el futuro económico tanto inversores como personas no relacionadas con los mercados busquen protección para su dinero. La respuesta que los primeros suelen dar en estos casos son los denominados como activos refugio. El oro, el bono alemán o el yen son los más conocidos, pero eso no significa que no lleguen otros activos que traten de postularse como tal. Este es el caso del bitcóin. Desde hace años han ido surgiendo voces defendiendo el papel de la principal criptomoneda como valor refugio, llegando incluso a calificarlo como un oro digital. La invasión de Ucrania por parte de Rusia y toda la incertidumbre que ha traído aparejada sirve de prueba de fuego para ver hasta qué punto ejerce como tal.

El preludio de la guerra fue el 22 de febrero. En aquel entonces, el Parlamento ruso reconoció como independientes a los territorios de Donetsk y Lugansk. Ese mismo día llegó una primera reacción en forma de sanciones económicas por parte de Estados Unidos y la Unión Europea. Tras la invasión del 24 de febrero, se intensificaron los castigos hacia Moscú, con el día 28 de febrero como la fecha en la que se fijaron los más duros.

La evolución del precio del bitcóin a lo largo de esta crisis bélica demuestra que no termina de ser un refugio, aunque existe una notable excepción que sí lo convierte en cierto modo en uno. Del 21 de febrero al 10 de marzo, el oro se ha revalorizado un 4,9%, mientras que el bitcóin denominado en dólares lo ha hecho un 6,58%. Pese a experimentar un alza mayor, su camino ha sido mucho más accidentado que el del oro.

En el caso del oro, un hipotético inversor con mala suerte que comprara en el peor momento posible a lo largo de estas jornadas, es decir, el día 24 de febrero cuando el precio de la onza se disparó por la invasión, habría tenido que soportar unas pérdidas de hasta el 4,54% si hubiera vendido tras la caída que se produjo poco después.

En el del bitcóin, ese mismo desafortunado e hipotético inversor podría haber llegado a perder un 16% por comprar en el momento más caro y venderlo en el posterior mínimo de la criptodivisa. Este hecho, fruto de la famosa volatilidad del bitcóin, también se aplica a la inversa, y alguien que hubiera comprado la criptomoneda justo el día de la invasión, cuando llegó a caer un 8,54% en la jornada, hasta los 34.337 dólares, podría haber sacado un 22% de rentabilidad de venderlo en los 45.302 dólares que llegó a valer el 2 de marzo. Incluso con su alza en términos globales desde el 21 de febrero, todavía puede haber inversores en negativo, ya que el pasado 10 de marzo cotizaba en el entorno de los 39.516 dólares, aún por debajo de los niveles del 2 de marzo y los del día previo.

A la vista de estas fluctuaciones, se puede inferir que el oro es mucho menos volátil que el bitcóin no solamente en situaciones de cierta estabilidad, sino también cuando llegan momentos de incertidumbre. La volatilidad a la hora de querer encontrar un valor refugio es algo negativo, ya que una de las características que se busca es precisamente la estabilidad. Por otro lado, el mismo día de la invasión, el bitcóin se comportó durante gran parte de la sesión como lo opuesto a un valor refugio, al haber llegado a caer un 8,54%. Esto también atenta contra otra característica deseable en los valores refugio, que es la falta de correlación con los movimientos del resto del mercado. La falta de correlación significa que un valor refugio ideal, en el caso de que la Bolsa baje, experimentaría un movimiento opuesto de un alza en su precio. Paradójicamente, atendiendo a los valores de cierre del 24 de febrero, el oro terminó la jornada del inicio de la guerra en negativo (-0,27%) y el bitcóin en positivo (+2,32%).

El papel del bitcóin

Los datos apuntan a que su elevada volatilidad y correlación con los mercados no ha sido un impedimento a la hora de que parte de los ciudadanos rusos hayan buscado cobijo en el bitcóin. Según un informe elaborado por Bloomberg Intelligence, el número de wallets se encuentra en máximos históricos. “La adopción del bitcóin se ha acelerado desde los episodios de desobediencia civil en Canadá y el estallido de la guerra en Ucrania, demostrando la utilidad de un activo al margen de los Estados durante momentos de tensión geopolítica o restricciones. El número de wallets con alguna cantidad de bitcóin ha subido hasta los 40,36 millones de unidades”, detalla el documento.

Al mismo tiempo que se alcanzaba este máximo histórico de wallets con bitcóin, el día de la invasión se detectó un volumen real para la criptomoneda de más de 10.000 millones de dólares, la mayor cifra desde inicios de diciembre de 2021, según los datos recopilados por la firma de análisis noruega Arcane Research.

Estudiando la actividad dentro de Binance, principal exchange de criptomonedas del mundo, Arcane detectó que el día de la invasión se produjo un repunte en el volumen de compras de bitcóin en rublos. El volumen en el par bitcóin/rublo alcanzó un valor equivalente a 17 millones de dólares, cuando, por ejemplo, la jornada anterior no llegaba a 5 millones. El día que se impusieron las sanciones más duras, el 28 de febrero, el volumen de negociación se situó en 13 millones de dólares.

Pero esta tendencia también se detectó en Ucrania. “Al igual que los rusos, los ucranianos también están comprando criptomonedas como nunca antes. El par entre el bitcóin y la grivna (moneda de curso legal en Ucrania) ha registrado significativos repuntes de volumen dentro de Binance”, explica al respecto del apetito por el bitcóin como refugio una presentación de Arcane Research. En el caso de la grivna, el día 24 de febrero el volumen de negociación con el bitcóin en Binance escaló hasta un valor equivalente a 3 millones de dólares, mientras que en el 23 de febrero, no llegaba al millón.

La firma francesa de análisis sobre activos digitales Kaiko Research, basándose en los volúmenes de negociación entre rublo y bitcóin, llega a la conclusión de que estos repuntes en la actividad negociadora tuvieron origen en un gran número de pequeños inversores que operaban con pequeñas cantidades. “Observamos que el tamaño medio de las transacciones entre bitcóin y rublo se situó el 24 de febrero en un equivalente a 830 dólares, una cifra que se redujo a la mitad los días siguientes. El tamaño de las transacciones sugiere que principalmente son pequeños usuarios los que han provocado los mayores volúmenes. Para ponerlo en contexto, el tamaño medio por transacción en el par bitcóin/euro en Binance ronda un valor equivalente a 2.000 dólares”, ilustra el informe de Kaiko Research.

Cuando sí es refugio

Al comienzo del presente artículo se mencionaba una excepción en la que el bitcóin sí ejerce en cierto modo como refugio. Esto ocurre cuando una moneda se deprecia súbitamente, que es justo lo que ha ocurrido con el rublo.

Desde el 21 de febrero hasta el 10 de marzo, un ruso que tuviera sus ahorros en rublos y no haya adoptado ninguna decisión inversora respecto a ellos ha visto cómo perdían un 40,11% de su valor, si se toma como referencia el cambio de su divisa frente al dólar. La pérdida asciende al 62,43% si el euro es la referencia. En ese mismo periodo, el bitcóin denominado en rublos se ha revalorizado un 67%, un porcentaje más que suficiente para paliar la depreciación de la moneda.

No obstante, este efecto refugio puede resultar engañoso, ya que cualquier activo financiero que haya mantenido un valor más o menos estable desde esa fecha arrojará porcentajes similares de revalorización respecto al rublo. En el caso del oro, el objeto de comparación durante este artículo, la onza valía el pasado día 10 de marzo un 58,44% más rublos que el 21 de febrero. Dicho con otras palabras, ante una dramática depreciación de una moneda del 40,11%, cualquier activo financiero que no caiga tanto como ese porcentaje puede llegar a ejercer como refugio, incluso, aunque por definición no lo sea.

Un ejemplo de este efecto refugio sin serlo sería la cotización de una petrolera que se negocie en una divisa distinta a la que ha experimentado el desplome. Dedicada a un sector muy influenciado por el ciclo económico, un valor de estas características se puede considerar como lo opuesto a un refugio inversor.

Si se observa la cotización de Repsol desde el 21 de febrero hasta el 10 de marzo, sus acciones se han revalorizado un 1,76% en el periodo, desde los 11,62 euros a los 11,82 euros por título. Hecha la conversión entre euros y rublos con el tipo de cambio de cada momento, el 21 de febrero un inversor ruso que comprara una acción de Repsol tendría que haber hecho un desembolso de 1.056 rublos; si la vendió el pasado 10 de marzo, obtuvo a cambio 1.733 rublos. Es decir, un 64,2% más gracias a la mayor fortaleza del euro respecto a la divisa rusa, lo que convertiría de forma engañosa a una petrolera que cotiza en euros en un mejor valor refugio que el oro.

No todo es oro

Si bien ha podido servir para evitar lo peor de la depreciación del rublo, el bitcóin está lejos de ser un refugio del nivel del que supone el metal amarillo. Aurelio Medel, doctor en Ciencias de la Información y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, advierte de que comparar el comportamiento del bitcóin con el del resto del mercado en situación de shock puede ser engañoso. “Se está comparando algo que es volátil por definición con algo que fluctúa de forma normal en situaciones normales. El bitcóin ha tenido volatilidad incluso en periodos de cierta estabilidad en los mercados”, afirma.

“El punto central es que el bitcóin sigue siendo una moneda que no tiene amparo legal. No tiene cobertura a diferencia de los depósitos bancarios, no está regulado. Las autoridades siguen sin entrar a regularlo más allá de aspectos secundarios como la publicidad. En sí mismo, su valor es tan etéreo, no está amparado en nada concreto. El oro tiene, aparte del componente de especulación de mercado, un cierto valor de uso, por ejemplo, con la joyería. El bitcóin, que se presenta como una moneda, si luego no se puede utilizar como moneda, entonces su valor real es limitado porque no cumple su principal cometido”, añade Medel.

A ojos del profesor, el gran contratiempo de haber usado como refugio el bitcóin vendría a la hora de querer volver a convertirlo en la moneda con la que se efectuó la compra del criptoactivo.

“El problema es luego cómo el comprador puede hacer efectivo ese dinero. Cómo se hace líquido, y cómo se puede utilizar como moneda. Que es lo que plantean siempre el Banco de España, la CNMV y el sentido común. Si hay muchos rusos que transforman sus rublos en bitcóins y luego los quieren transformar de nuevo a rublos, se producirá entonces una caída del bitcóin cuando quieran hacer uso de ese dinero. No vale para nada que no sea intercambiarlo con alguien”, asevera el Medel al respecto.

Años de advertencias

CNMV

El supervisor español de los mercados, la CNMV, lleva años advirtiendo junto al Banco de España del peligro que representan los criptoactivos para los inversores. Su último aviso al respecto data de febrero de 2021, cuando el supervisor detectó un incremento en la publicidad de los brókeres de este tipo de activos. En 2018, ambas instituciones ya advirtieron sobre “el riesgo de este tipo de inversiones debido, entre otros factores, a su extrema volatilidad, complejidad y falta de transparencia, que las convierten en una apuesta de alto riesgo”.

Perder todo

En el comunicado, CNMV y Banco de España hablaban de más de 7.000 criptomonedas distintas con características similares a bitcóin. “Son instrumentos complejos, que pueden no ser adecuados para pequeños ahorradores, y cuyo precio conlleva un alto componente especulativo que puede suponer incluso la pérdida total de la inversión”. Difícilmente un activo en el que se puede perder todo es un refugio.

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