Busco abogado, pero gratis: así se lidia con los clientes que no quieren pagar

El exceso de confianza o los vínculos afectivos pueden conducir a situaciones incómodas

Busco abogado, pero gratis: así se lidia con los clientes que no quieren pagar

“¿Alguna vez le han pedido asesoramiento gratis?”. La abogada responde: “¿En qué realidad o dimensión alternativa no lo intentan semanalmente?”. Es una experiencia compartida por muchos letrados. Familiares, conocidos y extraños acuden a profesionales para buscar ayuda legal con un desembolso total no superior a “muchas gracias”. También hay casos de potenciales clientes que, cuando surge el tema de los honorarios, deciden que es el momento de dar la consulta por concluida. Que sean asuntos sencillos, que no requieran ir a juicio o no firmar una hoja de encargo son algunos de los factores que inducen al error.

Los letrados relatan experiencias variopintas. Antonio ejerce en un conocido despacho. Asegura que le han abordado por la calle o en actos sociales para plantearles problemas legales. Su vía de escape es derivar el asunto al despacho, donde la gente “ya viene predeterminada a que haya una actuación profesional remunerada”. Es algo más recurrente “en los primeros años de ejercicio profesional”, agrega, cuando amigos y familiares intentan abusar de la inexperiencia y de las “ganas de uno de darse a conocer”.

También pasa “muy frecuentemente” cuando el contacto viene de Google o redes sociales, expone el abogado penalista Cristóbal Calvo, de Calvo Abogados. Un clásico es intentar resolver el problema por teléfono para tantear por dónde van los tiros. “La primera llamada o mensaje normalmente es avasalladora, por educada que sea. Con la mínima información se suele exigir inmediata respuesta experta”, relata el jurista.

¿Cómo salir airoso? El abogado explica su método. “Mi política es muy clara. Salvo que se trate de clientes habituales o en casos en curso, con las obvias limitaciones, no atiendo nunca consultas telefónicas, ni por redes sociales ni por WhatsApp”. La sensación general, lamenta, es que muchas veces no se valora el tiempo, el esfuerzo o la formación detrás de respuestas a priori sencillas, pero que esconden horas de trabajo.

Casos

Clientes como empresas o fondos de inversión conocen mejor las reglas del juego. Morad Maanan, letrado de Whitewell Legal, atestigua que, aun así, ha vivido algún “episodio atípico”, en los que se planteaban “su­puestos muy parecidos al asesoramiento gratuito” bajo el famoso paraguas de “es una cuestión muy sencilla”.

Los intentos de conseguir consejo legal gratuito han sido una realidad constante en los 30 años de ejercicio de Jesús Pérez, un letrado de Huelva. En su camino ha identificado dos clases de personas. Por un lado, los que “vienen de mala fe, pensando que todo es gratis”; por otro, los que simplemente “no saben por dónde empezar a abordar un problema legal”.

Aquí entra en juego el instinto profesional y la experiencia para decidir si cobrar o no la primera toma de contacto. “No cobrar una consulta puntualmente puede ser la mejor inversión en publicidad que se puede hacer con determinados clientes”, remarca el abogado. “Atendí en el despacho a una persona y no le quise cobrar la primera consulta. Hoy llevo todos sus asuntos y los de sus hijos y otros familiares”, expone. Como contrapunto, recuerda un caso donde se negaron a pagar por resolver el problema demasiado rápido. “Les evité un pleito que habrían perdido. Pagaron”.

¿Cobrar o no cobrar la primera consulta?

Rafael del Rosal, abogado experto en deontología, aclara que prestar asesoramiento a coste cero “no es contrario al código deontológico”. De hecho, es una práctica común, en un mercado donde la competencia es alta y “muchos profesionales ofrecen la primera consulta gratis para captar clientes”. Por lo que protestan los abogados es que, aprovechando el deseo de captar encargos, hay quien siempre exige esta gratuidad.

Otro factor que puede llevar a error es pensar que por no firmar una hoja de encargo no hay obligación de pagar. Pero redactar este documento “no es obligatorio”, recuerda Del Rosal. El contrato surge en el momento en el que alguien acude a un profesional y este acepta su caso. “El problema es que, si la consulta es verbal, es difícil acreditar que te han dado un mal consejo”, agrega el letrado. En casos así, exigir responsabilidad es difícil.

Evitar problemas

Familia. Aunque no sea una práctica contraria al Código Deontológico, lo mejor es dejar a la familia aparte, recomienda el letrado Rafael Del Rosal. De la misma manera que ningún médico operaría a su pareja, “no tienes la capacidad de mantener la distancia con el asunto”.

Transparencia. Para evitar equívocos, el área de deontología del Ilustre Colegio de Abogados de Madrid (ICAM) recomienda a los profesionales ser transparentes y claros en las hojas en encargo.

Anuncios. Publicitar consultas gratuitas no es una práctica ilegal. Pero si al cliente le llegan facturas que no esperaba, los expertos del ICAM recuerdan que “la deslealtad puede ser objeto de tratamiento deontológico”. No obstante, probar que ha existido engaño puede ser difícil.

Derecho al cobro. Fernando Candela, presidente de la Comisión de Deontología del Consejo General de la Abogacía Española, recuerda que todo profesional de la abogacía tiene derecho a exigir que “las consultas se paguen”.

Tribunal Supremo. En 2008, el Tribunal Supremo confirmó la posibilidad de que los letrados eligiesen no cobrar las primeras consultas si así lo deseaban, al “constituir en muchas ocasiones solamente una evaluación previa al encargo”, explica Fernando Candela.

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