¿Cómo se retiene algo etéreo como el talento en un bufete?

Lo que debería de preocuparnos es el abandono de personas ya que la simple expresión "retener" nos hace errar de raíz

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No vamos a hablar de la Champion League de la Abogacía, de esos 25 bufetes más importantes de España que cuentan con diez mil abogados, y a los que todos admiramos y respetamos, aunque nos encanta batirnos con ellos. Vamos a hablar del resto de los 154.000 abogados ejercientes en España, del abogado de barrio, del de pueblo, del que está en el turno, de los que están formado equipos con mucho esfuerzo e, incluso, hablaremos del abogado que está en un gran despacho, pero sueña con fundar el suyo propio. De aquellos abogados que se juntan para compartir gastos y poco a poco van creciendo y necesitan unión y alineación porque aspiran a entrar algún día en la liga de los grandes. En definitiva, voy a hablar para más del 90% de la abogacía.

 

Los dos aforismos esenciales son: un camino empieza por el primer paso y solo se avanza rápido, pero juntos se llega más lejos. A la mayoría de los pequeños y medianos despachos nos encanta leer y nos interesa la flexibilidad laboral, la formación continua, la conciliación laboral… Y lo intentamos implementar en nuestros despachos. También sabemos que tener una misión y una visión es importante. Lo que ya vemos pura ciencia ficción son temas como el uso de la inteligencia artificial, el big data y de la formación en el extranjero. Eso es para los grandes, o no tanto.

 

Quizás también interese a los grandes despachos atajar la excesiva rotación y dimisión de sus jóvenes, y no tan jóvenes, promesas justo en el momento en el que más productivos son. Pues me consta que les preocupan la fuga del talento.

Seré duro. Lo que debería de preocuparnos es el abandono de personas. La simple expresión de retener o, peor aún, comprar talento nos hace errar de raíz. Me parece que sería mejor enamorar a la persona y mantener esa llama durante toda una vida profesional. Sólo así tendremos una posibilidad de hacer ese camino tan largo y duro que nos llevará tan lejos como soñamos. Veamos cómo.

 

En primer lugar, hay que empezar por auto examinarnos, porque actos son amores. Basar nuestra actuación profesional y personal los valores que todos buscamos en el otro, espetando la regla de oro: trata a los demás como desearías ser tratado. No basta con enunciar los valores del bufete en nuestra web y luego actuar de forma contraria a ellos.

 

En segundo término, hace falta más generosidad. Deberemos comprender y hacer comprender que esta cualidad significa dedicar tu tiempo y transmitir tu conocimiento a sabiendas de que una vez lo hayas hecho pasará a atesorarlo en su cabeza otra persona. Debemos aceptar que generosidad no es esperar reciprocidad y, por tanto, un pequeño grupo de personas no te corresponderá de igual manera, pero los que sí lo hagan generarán junto al ti y al resto del equipo mucha riqueza, pues esa espiral virtuosa no tiene un efecto sumatorio sino multiplicador.

 

En tercer lugar, hay que tener claro cuál es nuestro oficio. Cuando en las entrevistas de selección pregunto a los candidatos qué hace falta para ser abogado, me suelo encontrar con las respuestas estereotipadas típicas. El conocimiento de la ley, empatía, la capacidad de trabajo etc.

 

A continuación, les planteo el siguiente escenario: “si te alquilas un despacho, pones tu cartel en la puerta y te sientas con enorme motivación, empatía y demás, ¿qué puede que suceda tras varias horas? ¿Clientes? Efectivamente, respondo y, además, que nos paguen porque damos solución al problema que nos plantean. Hemos de tener claro que la esencia del oficio es la independencia, es una profesión liberal, personal, y aunque se trabaje en equipo, esta esencia nunca se debe olvidar.

 

Sin embargo, en un mundo cada vez más complejo, en soledad no será fácil que retengas a un cliente para todo tipo de cuestiones, será importante trabajar en un equipo multidisciplinar. Y la generosidad del grupo volverá a surtir sus efectos.

 

Por último, dejar crecer al compañero, incluso mucho más que tú. Trabaja tu autoestima y los valores de equipo, ayuda a crecer a tus compañeros de viaje incluso más que a ti mismo. Fomentar su grandeza te hará más grande ti. El verdadero éxito de cuando el alumno supera al maestro.

 

Y todo ello es especialmente importante, o más, para el resto de los miembros del despacho, me refiero a personal administrativo, y otros profesionales del bufete. Sin ellos, no somos el mismo equipo, ni siquiera un verdadero equipo.

 

Acabo de caer en la cuenta de que he escrito sobre la vida y debía de haberlo hecho sobre la retención del talento en los despachos de abogados. Quizás otro día sea posible.

 

Abel Marín, abogado y socio de Marín & Mateo Abogados

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