Ucrania, en el punto de mira geoestratégico

La UE no puede esperar ayuda de EE UU, al que ya le va bien que el gas cueste entre cuatro y seis veces más en Europa que en Texas

Uno solo tiene que ver el mapa de Ucrania, atravesado por los tubos de gas que transportan un billón de metros cúbicos —140 bcm/año— desde Rusia a Centroeuropa, para entender la importancia estratégica de este país para Putin. Cuatro tubos con una capacidad equivalente a cuatro veces nuestras necesidades de gas en España. Tres de estos tubos están en el centro y oeste del país y enlazan con Eslovaquia, que asimismo lo entrega a República Checa, Alemania, Austria y Polonia. El cuarto, al este del país, pasa muy cerca de Crimea y alimenta Moldavia, Bulgaria y la zona europea de Turquía.

Con la invasión rusa de Sebastopol y Crimea, base de la flota rusa en el Mediterráneo, uno puede fácilmente visionar que como segundo objetivo Putin quería asegurarse la propiedad del área por donde pasa el cuarto tubo. No lo ha conseguido aún, pero la batalla continúa. Hace cinco años, trabajé en una fábrica en Kharkiv, en el punto de entrada del cuarto tubo, a 50 kilómetros al este de la ciudad; había muertos a diario entre los sublevados pro-rusos y los soldados ucranianos. Era y sigue siendo una guerra de baja intensidad que debilita a un país ya de por sí muy frágil.

Ucrania no es históricamente un país de fortalezas evidentes. Está acostumbrado a ser pasto de las llamas obsesivas de personajes como Stalin, que en 1933 dejó morir de hambre a más de 4 millones de ucranianos para darles una lección; o de Hitler, que durante la Segunda Guerra Mundial llevó miles de vagones llenos de lo que era entonces la tierra más fértil de Europa. Mongoles, turcos, polacos y rusos han campado a sus anchas en el país en sucesivas invasiones y posesiones.

Además, la siempre extensa corrupción interna que atraviesa sus instituciones desde la separación de la Unión Soviética hace que sus yacimientos de gas no puedan ni abastecer sus necesidades internas de 31 bcm, cuando hace unos años producían 70 bcm, y ahora solo producen 20 bcm y deben importar el resto de Rusia. Por último, la constante hostilidad y división entre los habitantes de habla rusa, principalmente viviendo en el este (30%), con los de habla ucraniana (70 %), en el centro y oeste, lo convierten en detonante imprevisible. Ucrania hace años que es un agujero negro de las ayudas con las que Occidente pretende cambiar el país; la última es anexionarlo a la OTAN para intimidar a Rusia.

Ucrania fue la razón principal por la que Rusia decidió construir Nordstream 1, completado en 2011. Rusia se cansó de los muchos robos de gas, entre 2005 y 2009, en su camino a Europa. La acusación fue denegada por los políticos corruptos ucranianos y Rusia cortó el gas en enero del 2006. Los desacuerdos siguieron y hubo más cortes en el invierno de 2009. El gas ruso no era fiable para Europa. Ucranianos y rusos seguían en sus desencuentros y Ucrania cobraba más de 3.000 millones de dólares por el paso del gas, pero eso no era suficiente.

Nord Stream 1 supuso un aviso que los políticos ucranianos no se tomaron en serio y Rusia decidió construir Nord Stream 2, paralelo a su homónimo y con una capacidad conjunta de 110 bcm. Ni Trump ni Biden están de acuerdo con la puesta en marcha de Nord Stream 2. Ya les va bien con que el gas cueste en Europa de cuatro a seis veces más que en Texas. La industria química americana volverá a renacer, mientras que las fábricas europeas, produciendo fertilizantes, químicos, cerámica o papel, se verán abocadas al abismo: nadie puede aguantar un diferencial de coste de estas dimensiones.

Puente a la transición energética

En 2021, hasta los más acérrimos idealistas vieron claro que en la transición energética a la energía renovable necesitamos del gas: es el puente para llegar al objetivo. Hasta las nucleares francesas están fallando y la alternativa a quedarse a oscuras y sin calefacción o sin industria es el gas. Europa debe despertarse del sueño de los justos y poner en marcha todo tipo de soluciones que nos permitan llegar al Nirvana de las renovables. De momento, el sol no sale de noche y en las noches más frías no hay viento para hacer electricidad. Hay que hacer algo y rápido. No esperemos la ayuda de los americanos, a los que hace tiempo que importamos poco. Hasta el descartado fracking puede ser una posibilidad más a tener en cuenta.

MidCat es otra posible opción, un tubo que con unos 200 kilómetros fue parado por los franceses hace cinco años y que preveía unir con más capacidad la Península Ibérica con la red europea de gas. Según la CRE—comisión francesa de la energía— y una consultora finlandesa, carecía de razón construirlo sin la suficiente demanda norte-sur, y la Dirección General de Energía de Bruselas —entonces dirigida por un francés— no apoyó que continuara la obra. Pues bien, si este tubo estuviera hoy en funcionamiento, aliviaría en gran manera la demanda de gas europea, ya que España es el país con más regasificadoras, siete, de toda Europa y podría descargar el triple actual de barcos, revertir la dirección de gas prevista y bajar la incertidumbre generada por las tensiones ruso-americanas en el este europeo. Como corolario, España podría cobrar a los franceses lo que ellos nos cobran por el paso del gas del norte por tubos que entran por el País Vasco y Navarra. Sería una pequeña y dulce venganza en el fragor de la guerra energética de hoy.

Juan Vila es presidente de Iberboard Mills y vocal de la junta de GasIndustrial