A Fondo

Ese falso debate nuclear

El encarecimiento de la luz por el gas y la lucha contra el cambio climático han despertado ilusiones entre los pronucleares

Central nuclear Olkilouto-3, en Finlandia, inaugurada este mes,
Central nuclear Olkilouto-3, en Finlandia, inaugurada este mes,

Por qué no se ha construido prácticamente ninguna central nuclear en el mundo en los últimos años? Porque el capitalismo (entiéndase, las compañías eléctricas capaces de abordar estas inversiones y los bancos que pueden financiarlas) le han dado la espalda. Incluso las primeras, en el caso de España, que hasta hace unos años defendían a capa y espada el funcionamiento de las que están en funcionamiento, ya amortizadas y supuestamente rentables, forzaron al Gobierno de Pedro Sánchez hace ahora tres años a fijar un calendario ordenado del cierre de las ocho centrales que componen el actual parque nuclear en la próxima década larga. 

Lo ocurrido con la planta finlandesa de Olkilouto, que los defensores de este tipo de tecnología enarbolan como bandera de que la energía nuclear sí tiene futuro, es más claramente un ejemplo de lo contrario: 13 años ha durado una construcción llena de avatares y con un sobrecoste de 11.000 millones de euros. ¿Qué inversor que no sea el propio Estado o cuyos fines sean puramente científicos se puede permitir el lujo de aportar dinero sin retorno a un proyecto durante más de una década y cuya vida útil tampoco se compadece con semejante esfuerzo?

Otro ejemplo para los partidarios de la energía nuclear es Francia, cuyo presidente, Emmanuel Macron, ha prometido renovar su viejo parque de 60 reactores con tecnología de última generación (más pequeños y seguros, dice) a partir del horizonte de 2035. La promesa de Macron, a tres meses de las presidenciales, ha sido vista como un adelanto de la campaña electoral. En cualquier caso, Francia está atrapada en un modelo de generación monocultivo debe dar una respuesta al problema. Tampoco dicho modelo le ha servido para librarse de la escalada imparable de los precios de la electricidad desde el pasado verano. Ha resultado más útil para el consumidor francés el hecho de contar con una eléctrica pública, EDF, que con un vasto parque atómico. Y es que esta va asumir en su cuenta de resultados la decisión del Gobierno de limitar la subida de la luz a un 4% este año: casi 8.000 millones que encajará EDF, esto es, el Estado, y a la larga, los contribuyentes.

La central finlandesa de Olkilouto, tras 13 años y sobrecoste de 11.000 millones, puede ser la última gran inversión en Europa

La subida de los precios de los mercados mayoristas de la electricidad derivada del disparatado precio del gas ruso, que en Europa la luz subió más de un 64% en 2021; el peligro de que razones geopolíticas, como ocurre actualmente, hagan peligrar el suministro energético en la UE, y, fundamentalmente, porque la nuclear no contribuye a la destrucción de la atmósfera porque no emite CO2, ha despertado las esperanzas de los amantes de la nuclear, que han promovido un debate en falso sobre el papel de una energía que, “por un resabio ideológico de la Guerra Fría”, como lo describe un experto, ha tenido a la derecha política como adalid.Quizás por llevar la contraria a aquella izquierda de los años 70 y 80 que difundió el eslogan: “Nucleares, no gracias”, al que aquella respondió: “Hoy, nuclear, mañana, solar” (y en medio, la canción gamberra del grupo icono de la movida, Aviador Dro, “nucleares, sí, por supuesto”).

En vías de extinción

En España, los partidos de derecha y los pronucleares han llegado a forzar la maquinaria informativa asegurando que las grandes eléctricas habían roto el protocolo firmado con el Gobierno para el cierre de las centrales. Pero ninguna de las tres compañías implicadas (Iberdrola, Endesa y Naturgy) se ha pronunciado al respecto. Ni ellas ni sus lobbies, Aelec (antigua Unesa) y el prácticamente desaparecido Foro Nuclear. También las industrias proveedora –muchas de ellas integradas en esta asociación– ha tirado la toalla. Hace tiempo que el capitalismo, viejo defensor de la nuclear, ha entendido que el negocio del futuro (y el presente) son las energías renovables.

A lo más que aspira el sector eléctrico es a que las plantas que siguen en pie no se les toque la retribución mínima que las hace rentable, 57 euros/MWh, ni se les incrementen la tasa de Enresa para sufragar el futuro desmantelamiento y gestión de los residuos. Y si, mientras tanto, el mercado marginalista les proporciona beneficios llovidos del cielo, miel sobre hojuelas. Pero nada de invertir en nuevas centrales.

Hace tiempo que el capitalismo, viejo defensor de la nuclear, ha entendido que el negocio del futuro (y el presente) son las energías renovables

Su bajo coste variable (la materia prima, el uranio, es barata), su gran capacidad de producción y su estabilidad la convierten sobre el papel en la energía ideal. Pero las onerosas exigencias de su seguridad y construcción, así como la herencia de los residuos, la han convertido en una tecnología (tal como hoy la conocemos), en peligro de extinción. ¿Hay algún tipo de energía que requiera de la existencia de un consejo de seguridad o de una compañía pública que se encargue del desmantelamiento y los residuos en el futuros? Costes que, en puridad, hay que sumar a su precio.

Otra trampa al solitario es la propuesta de la Comisión Europea de considerar la energía nuclear, junto con el gas natural , como energías verdes. Una nueva taxonomía para que los fondos de inversión se la vendan a sus partícipes en el mismo paquete de las renovables, aunque no a efectos de retribución o de no contabilizar las emisiones de CO2 de la generación con gas.

Si definir este combustible como verde es un tramposo lavado de cara (greenwashing) desde el punto de vista ambiental, esta calificación en el caso de la nuclear es un brindis al sol, ya que, hoy por hoy, nadie invierte en ella. Detrás de ello está la esperanza de atraer a los fondos de inversión y el afán del Gobierno francés de mantener la llama viva de una tecnología, que, si no acontece un milagro, podría pasar pronto a la historia.

 

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