Camino Pardo: “Cada vez hay menos gente para vendimiar”

Vende la mayor parte del vino que elabora fuera de España, y es experta en adaptarse a otras culturas, tanto que ha sido pionera en elaborar vinos ‘kosher’ con tempranillo y toro

Camino Pardo, directora de Bodegas Nexus & Frontaura.
Camino Pardo, directora de Bodegas Nexus & Frontaura.

Pasa media vida vendiendo vino por el mundo. A Camino Pardo (Valladolid, 1965), directora de las bodegas Nexus & Frontaura –la primera en Pesquera del Duero (Valladolid) y la segunda en Toro (Zamora)– le sorprendió la pandemia en Estados Unidos, y nada más que ha podido ha vuelto a subirse a un avión para asistir a un viaje comercial a Nueva York y New Jersey, además de atender un evento organizado por el ICEX sobre Foods & Wines from Spain, organizado en Little Spain Market, el mercado que abrieron en 2019 José Andrés y Ferran Adrià. Confiesa, durante una entrevista celebrada en el restaurante Goizeko Wellington –uno de sus preferidos para atender sus compromisos profesionales cuando está en Madrid–, en el hotel Welington, donde se realizó la sesión de fotos, que ya vuelve a estar de gira por el mundo, y eso le hace tremendamente feliz. Forma parte de una familia empresarial vallisoletana ligada al sector agroalimentario a través del negocio de avicultura Hibridos Americanos (Hibramer), que fundó su padre, Adolfo Pardo, en 1959. Estudió Filosofía y letras, realizó un master en el IE, y abandonó su trabajo como docente de niños superdotados para hacer crecer el negocio bodeguero de su marido, Ulpiano González, que había heredado unas viñas de 1840 en Toro. El proyecto se inició en 1999 con 15 hectáreas de terreno. Hoy se nutre de 150 hectáreas –90 en Toro y 60 en Ribera del Duero–, cuenta con un plantel de viticultores de confianza, y acaba de plantar 25 hectáreas de uva en ecológico en las tierras de Valladolid.

Cómo han vivido este tiempo de pandemia?

Ya me he olvidado de ella. A pesar de que ha sido un año difícil, a principios de 2021 se activaron todos los pedidos, aunque se agravó con el tema del transporte, ya que hubo mercancía que no pudo salir de España en el plazo establecido. Pasé meses preocupada, porque el 80% lo vendemos fuera de España, y no había barcos suficientes por lo que hubo que pagar un sobrecoste total. El transporte es un problema junto con la falta de materia prima. Ahora se empieza a retomar todo, tanto el mercado y los proveedores te quieren ver la cara.

¿Es fundamental para vender?

Es necesario para generar confianza. La gente, en el negocio del vino, quiere ver al propietario. Lo que tengo claro es que cuanto más me muevo más vendo.

¿Cuánto venden?

Nosotros acabamos bien el año, con una facturación en Nexus de unos 3,5 millones, y en Frontaura de casi 4 millones. Elaboramos 500.000 botellas, y también hacemos vino para otros clientes. Lo importante es tener un estilo de vino consistente y reconocido en el mercado. Nosotros afortunadamente tenemos bastante materia prima para atender toda la demanda que tenemos. La profesión de bodeguero es una carrera de largo plazo, para la que se requiere de humildad y sencillez. No hay otro secreto que desarrollar los valores del esfuerzo y del trabajo.

Antes hablaba de problemas logísticos, ¿puede ser un freno a las exportaciones?

Evidentemente, el transporte es un problema que puede frenar todo, y esto se mezcla con la falta de materias primas, de botellas, de cartón o de corchos. A pesar de los retrasos, no me ha pillado desprevenida y a partir del mes de junio empecé a hacer acopio. En 2020 hubo un parón y sabía que en 2021 se iba a reactivar todo, y que no se daría abasto.

La falta de personal en determinados sectores está siendo un problema, ¿les está afectando?

Es una carencia importante, y hemos tenido dificultades para encontrar gente en vendimia. Cada vez hay menos gente que quiera trabajar en el campo. A mí siempre me ha ido bien trabajando con gente de otras culturas, son excelentes trabajadores.

Aunque cada vez sois más, sigue habiendo pocas mujeres bodegueras.

Hay bastantes. Este es un oficio en el que no tiene nada que ver ser hombre o mujer, sino para el que se requiere de compromiso y esfuerzo. Yo no me acuerdo de cómo era mi vida antes del vino. Iniciamos el proyecto en 1996, y yo me incorporé plenamente en 1999, y desde entonces me he entregado a este trabajo. Puede que las mujeres tengamos una sensibilidad especial para este negocio, para el que se requiere de mucha intuición.

¿Esa intuición es la que les ha llevado a elaborar vino kosher [que se preparan de acuerdo a normas dietéticas judías]?

Eso y sobre todo conocer el mercado, y ahí descubrí que el origen de las cosas era muy importante. La palabra kosher significa puro, la gente lo identifica con un producto natural. Y el vino también es eso, la fermentación arranca por sí misma, luego hay que controlar parámetros y temperatura. Me puse a investigar en 2011, pero sobre todo tuve la ayuda de un hermano que es sacerdote y que me puso en contacto con la persona de la Conferencia Episcopal que lleva las relaciones con la religión judía en España. Y así pude sacar en 2013 un vino en Ribera del Duero el primer trempranillo con certificación kosher, dado que es un producto natural, sin sulfitos añadidos, que se elabora bajo unas estrictas normas de pureza. Las manos que elaboran el vino tienen que pertenecer a la comunidad judía, y de ello se encarga un rabino que vive en Barcelona. Es parte de mi familia del vino. También elaboramos el primero en Toro, donde la conjunción de tanino, acidez y alcohol lo protege en perfectas condiciones durante más tiempo. Hacemos 20.000 botellas y se venden bien. Son vinos desnudos.

Normas
Entra en El País para participar