Los costes y oportunidades de mitigar el cambio climático

Para afrontar ese reto urge una industria fuerte y arropada por una política consensuada con todos los agentes sociales

Cada vez se condiciona más la sostenibilidad a nuestra capacidad de mitigar el cambio climático durante las próximas décadas. Durante el encuentro del COP26, celebrado hace unos días, se ha hablado mucho de la contribución que los países ricos deberán hacer para ayudar a los países menos desarrollados a luchar contra el cambio climático. Poco se ha hablado de los problemas que los propios países ricos tienen para acercarse a una situación de cero emisiones de gases efecto invernadero (GEI).

El primer problema es el coste de la transición. La UE solo contribuye con el 7% de las emisiones de GEI a nivel mundial. Pero los costes previstos para alcanzar el objetivo de cero emisiones en la UE en 2050 son enormes. En el informe de McKinsey Net-zero Europe se detalla la necesidad de reorientar las inversiones que hasta ahora se realizan en tecnologías tradicionales a tecnologías limpias. Además, para llegar a una situación de cero emisiones de GEI serán precisos 180.000 millones de euros al año durante los próximos 30. No es imposible, aunque la magnitud de estas cifras ilustra la complejidad de los retos a resolver. Afortunadamente, Europa está avanzando en la dirección adecuada para resolverlos. El 30% de los fondos del plan de recuperación para Europa son para la lucha contra el cambio climático.

Un tercio de estas inversiones adicionales necesarias para alcanzar cero emisiones de GEI son para el sector energético. Puesto que en muchos casos avanzar en la dirección adecuada implica la electrificación de muchas actividades (por ejemplo, del transporte) es preciso antes conseguir que la generación de energía eléctrica se haga de manera limpia. Sustituir el actual parque de coches en España por coches eléctricos, de cara a reducir las emisiones de GEI puede servir de muy poco. La carga de las baterías de esos millones de coches eléctricos actualmente dispararía el uso de centrales de ciclo combinado y la producción de GEI. Por lo tanto, será preciso invertir primero en reconvertir el sector energético y posteriormente el del transporte.

No está nada claro quién va a soportar los costes de esta transición. En julio de 2021, la Comisión Europea aprobó un conjunto de propuestas sobre clima, energía, uso del suelo, transporte y fiscalidad para reducir las emisiones netas de GEI en al menos el 55% respecto a los niveles de 1990, de aquí a 2030. Es parte de la hoja de ruta anunciada en diciembre de 2019 por la que se fijaba el objetivo de cero emisiones de GEI para la UE en 2050. Entre otras medidas, se incluye extender los derechos de emisión a actividades que hoy están exentas (como el transporte por carretera, el sector marítimo o la aviación) y subir paulatinamente el coste de estos derechos de emisión para desincentivar el uso de combustibles fósiles.

Es preciso que la transición sea justa. En Francia, la subida de un impuesto al combustible en 2018 originó las protestas de los chalecos amarillos. En España, la subida del precio de la electricidad (en parte debido a los derechos de emisión) ha disparado todas las alarmas. ¿Como justificar los sacrificios que se piden y pedirán a la ciudadanía ante el mal ejemplo de sus líderes? Para hacer una transición a un escenario de cero emisiones de GEI necesitaremos un nuevo liderazgo, ausente en los políticos actuales, que despliegue la regulación necesaria para que las inversiones relacionadas con la energía se orienten a mitigar el cambio climático. La transición, si bien es compleja, es posible y deseable. Y debe ser afrontada por todos de manera ejemplar y coherente con los objetivos a conseguir.

El segundo problema para alcanzar un escenario de cero emisiones de GEI es el gran esfuerzo innovador necesario para desarrollar nuevas tecnologías que permitan resolver problemas que hoy no tienen solución conocida. El primer problema por resolver es la intermitencia de las energías renovables disponibles hoy. Es imposible hoy mantener un país únicamente con energías renovables (eólica, fotovoltaica e hidroeléctrica). Es preciso aprender a almacenar energía en gran escala, o buscar otros métodos de generación de energías renovables.

Hacen falta nuevas tecnologías para la captura y almacenamiento de carbono, para producir hidrógeno a gran escala, para fábricas de cemento y siderúrgicas sin emisiones de GEI, repensar los fertilizantes que usamos en la agricultura, la ganadería y la producción de comida en general, buscar mejores procesos para aprovechar la energía geotérmica, buscar mejores reactores de fisión nuclear y seguir investigando la fusión nuclear buscando su viabilidad comercial, entre otras. Y la compra pública innovadora (o la compra de estas nuevas tecnologías por parte de las empresas que proveen servicios públicos) será determinante para que estas innovaciones salgan ­adelante.

Las industrias digitales serán fundamentales para encontrar soluciones a los retos anteriores. Debemos decidir si queremos ser meros usuarios de las innovaciones que se generarán para mitigar el cambio climático o si queremos ser agentes impulsores del cambio que se avecina. Debemos aprovechar la oportunidad para que nuestras empresas sean también impulsoras de productos y servicios innovadores, que contribuyan a resolver los anteriores problemas. Todo periodo de cambio es también un periodo de oportunidades. Pero para aprovechar estas oportunidades necesitamos una industria fuerte, arropada por una política industrial consensuada con todos los agentes sociales. Si no, nos limitaremos a ser meros espectadores de los cambios que se avecinan.

Grupo de reflexión de Ametic