Análisis

La familia sigue siendo lo más importante

Amancio Ortega ha abandonado su ejemplar distancia de la dirección del grupo que fundó para entregar la presidencia a su hija Marta y la gestión del día a día a un nuevo consejero delegado

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Cuánto tiempo lleva madurar y cómo se afronta un cambio de timón tan importante como el que acaba de dar el grupo Inditex en su gestión? Es la gran pregunta que subyace a los cambios que ayer, el primer accionista de la primera empresa española, Amancio Ortega, desveló al mercado en la primera linea de gestión del grupo que fundó en 1975.

Quién es capaz de decirle a Pablo Isla que se tiene que marchar, que ha llegado el momento de cambiar el rumbo. Quién le dice al primer ejecutivo de la primera empresa del Ibex que piense en su relevo después de haber conseguido un incremento de valor del 900% en las acciones de la compañía con su gestión. Cómo se argumenta un cambio de este calado.

Haciendo periodismo ficción. Eso solo lo puede decir Amancio Ortega, que fue quien nombró a Isla hace 15 años para protagonizar lo que a la postre ha sido la historia de éxito que ha llevado a Inditex a ser lo que es hoy. Y solo Amancio Ortega puede decidir que el nuevo presidente de Inditex sea su hija, Marta Ortega

Pero sin tener que hacer mayores valoraciones sin base alguna sobre las verdaderas y ocultas razones que han llevado a materializar lo que ayer se materializó, el que dejó patente su sorpresa y sus dudas frente al futuro fue el mercado
Los inversores dejaron clara su estupefacción al cotizar los cambios en la presidencia y en la figura del consejero delegado castigando el precio de las acciones de la compañía con una caída que llegó a ser de hasta el 6,7%, un correctivo que no se veía en la matriz del grupo Zara desde marzo de 2020, en plena explosión de la pandemia.

Ortega ha decidido, como propietario de la mayoría del capital de Inditex, que a pesar de todos los pesares, a pesar de las recomendaciones de gobierno corporativo al uso, a pesar de la indudable historia de éxito que la empresa ha cosechado desde el momento que decidió separar propiedad de gestión y entregar las llaves de la dirección del portaaviones que hoy es la empresa a Pablo Isla, dar un aparente giro de 180 grados y entregarse a una verdad que por renombrada y asumida parece inmutable: “No hay nada más importante que la familia”.

Hace años, con ocasión de la inauguración de su primera flag store en Nueva York, Isla comentaba que tenía el mejor trabajo del mundo. Defendía que trabajar codo con codo con el mejor empresario que ha dado España, el que mayor valor había creado en la historia empresarial española, era un honor que nunca hubiera sospechado. Isla aseguraba entonces que Ortega siempre quería estar informado de todo, daba su opinión si alguien se la pedía, pero no intervenía en la gestión; su conclusión es que había sabido delegar. Ante el anuncio de ayer cabe interpretar que Ortega ha cambiado de guion y ha decidido intervenir de nuevo, cambiando el rumbo.

El reto para su hija Marta y el nuevo consejero delegado es de vértigo. A principios del año que viene cogerán los mandos de la mayor empresa española con la responsabilidad de demostrar que Amancio Ortega no se ha equivocado.

Ortega acertó hace años al fundar, con su primera esposa, una empresa para hacer batas. Acertó años después al sacar a Bolsa la sociedad y acertó finalmente al nombrar a Pablo Isla como primer ejecutivo y asumir un papel más secundario en la empresa. Ahora, cuando se cumplen 46 años de la apertura de la primera tienda de la empresa en A Coruña, Ortega mete a su holding en una nueva encrucijada. El tiempo dirá si acierta plenamente.El beneficio de la duda lo tiene de forma incuestionable, aunque el mercado, ayer, en su cortoplacismo natural, discrepase abiertamente.

Pero ayer mismo, quien de verdad sabe de esto, el mismísimo Pablo Isla, en su comparecencia pública, minimizó la reacción del mercado asegurando que el precio de la acción hay que mirarlo en el largo plazo, porque “en el corto plazo puede haber circunstancias por un motivo o por otro”. “Tengo plena confianza en Inditex de cara al futuro y plena confianza, en consecuencia, en la evolución del precio de la acción”.

Ahora cabe preguntarse por el que ha de ser el segundo acto del cambio. Ayer Ortega puso en marcha el vertiginoso cambio en la dirección del grupo que no es poca cosa. Pero falta conocer que hará con sus acciones. Quién heredará la mayoría del capital del grupo, aunque por el momento, ayer los portavoces del grupo aseguraban que no hay cambios al respecto y no se esperan.
Amancio Ortega ha de pensar ahora, si es que no lo tiene ya decidido, qué hacer con ese 8,3% de acciones de Pontegadea, con derechos de voto hiperreforzados, que le otorgan el control y el poder de la empresa al menos hasta el año 2029.

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