Samantha Ricciardi, impulso holístico y multicultural a Santander AM

La próxima consejera delegada de la unidad tiene dos décadas de experiencia en Citi, Schroeders y últimamente en BlackRock

Samantha Ricciardi, próxima jefa de Santander Asset Management.
Samantha Ricciardi, próxima jefa de Santander Asset Management.

Una carrera de más de 20 años en la gestión de fondos, en empresas como Black­Rock, Schroeders y Citi, y experiencia en geografías europeas y latinoamericanas. Samantha Ricciardi (Ciudad de México, 1974) será la próxima consejera delegada de la gestora de activos Santander Asset Management. Entrará en el cargo a finales de febrero, cuando se hayan cumplido los plazos de transición.

Hasta ahora era la responsable de clientes estratégicos y soluciones para Europa, Oriente Próximo y África (EMEA) de Black­Rock. Sucederá a Mariano Belinky, que dejó la firma a finales de octubre “para afrontar nuevos retos profesionales” (ha fichado por la empresa de capital riesgo Motive Partners).

Persona de trato cercano, Ricciardi estudió en el Liceo Franco Mexicano, algo que, cuenta, la preparó para la vida, y la volvió perseverante, resiliente, una persona que piensa y cuestiona las cosas. Tiene triple nacionalidad: mexicana, estadounidense e italiana. Con ascendencia italiana por parte del padre e irlandesa y húngara por la de la madre, tenía claro que quería conocer gente de diferentes culturas y países. Estudió Relaciones Internacionales en el Instituto Tecnológico Autónomo de México para ser diplomática y “cambiar el mundo”.

Sus primeros pasos en ese ámbito la decepcionaron, por lo burocrático, y la hicieron dudar de su orientación profesional. Trabajó en el área de asesoría especializada del banco Banamex durante un año. Pero como en la empresa se ponía en duda su capacidad para las finanzas, en 1998 decidió hacer un máster en gestión en la London School of Economics. Acabaría viviendo diez años en Londres.

En el máster les decían que debían ser consultores, así que viajó a París y estuvo un año en una consultoría. Le gustaba analizar los sectores, pero no que una vez entregado el informe al cliente, no pudiera comprobar si sus recomendaciones funcionaban o no.

Volvió a Londres para trabajar en Citi durante tres años, como encargada de la selección de fondos para sus canales de distribución en Europa y Oriente Próximo. Allí conoció a su marido, belga, que trabajaba en la oficina de Luxemburgo. En Citi valoró la utilidad de sus estudios diplomáticos, que le habían dado la capacidad de escuchar y entender a gente de procedencias muy distintas.

Empezó el doctorado en Oxford, a fin de entrar en un organismo internacional y retomar su ilusión de mejorar la sociedad, y a trabajar en Schroeders, primero en Luxemburgo y después de vuelta a Reino Unido. Pero le dijeron que para entrar en el Banco Mundial no servían los méritos académicos, así que, decepcionada, dejó los estudios.

La vuelta a México

Entró en el equipo de Schroeders que manejaba las relaciones a nivel global con los grandes bancos. Rechazó una oferta para ir a Nueva York, a fin de quedarse con su marido en Londres. Pensaba que no volvería a México, pero la empresa le ofreció hacerlo por dos años, ya con tres hijos muy pequeños (Lara, Emilio y Zoé). Dice que para ser CEO puedes estudiar cursos, pero para ser madre no, y por eso es más difícil.

En México fue jefa de clientes, consejera delegada, jefa de país y por último jefa del país y Centroamérica. Por la crisis financiera de 2008, desde Londres le comunicaron que debía cerrar la oficina, o reducir los costes a la mitad. Optó por lo segundo, que también fue duro, por tener que despedir a gente. Además, a su marido no le gustaba México, porque era diferente a lo que estaba acostumbrado y no hablaba español. Y lo peor de todo: su hija pequeña tuvo que ser operada a corazón abierto con ocho meses de vida. Son años que preferiría borrar de su recuerdo.

En 2010 aceptó una oferta, después de pensarlo mucho, de BlackRock porque lo consideraba un lugar “meritocrático”. Como jefa de ventas para México, dirigía a 26 personas y gestionaba 8.000 millones de dólares. En 2013 pasó a ser jefa de país, al frente de 160 empleados y de 70.000 millones en activos. Allí, cuenta, hizo que la firma pasara de ser un proveedor de productos de inversión pasiva a un proveedor de soluciones de carteras completas. Estableció una agenda regulatoria que mejoró la visibilidad, el perfil de riesgo y el cumplimiento ante los reguladores locales, el mercado de valores y las entidades gubernamentales.

Desde enero de este año era directora general en BlackRock. Allí aporta, dice en su Linkedin, “una perspectiva holística y una conciencia multicultural”. Ricciardi domina el francés, además del inglés y el italiano. “Como miembro del comité ejecutivo europeo y del comité operativo global, aporto supervisión estratégica e influyo en la toma de decisiones.”

Pasiones

Una de sus aficiones es hacer triatlones (ya participaba en su etapa pre-Londres) y entre los temas que le apasionan destacan “la diversidad y ayudar a las mujeres a avanzar en sus carreras”. En concreto, lidera para Latinoamérica la Women’s Initiative Network de Black­Rock.

Ricciardi ha sido seleccionada, según Santander AM, tras un “intenso” proceso realizado por ejecutivos del grupo, miembros del consejo de la gestora y apoyo externo. Había candidatos tanto internos como externos. Desde el banco se considera que su experiencia ayudará a dar un nuevo impulso al crecimiento en un momento en el que la división de banca privada, seguros y gestión de activos ha dado un giro en su organización. Su jefe, Víctor Matarranz, será el responsable directo de Ricciardi.

La directiva mexicana conoce a fondo el mundo financiero anglosajón y el latinoamericano; ahora dominará también el español.

El futuro

Samantha Ricciardi, dice Santander AM, “aporta un perfil muy internacional en la actividad de la distribución y gestión de activos, tanto a escala local como global, así como en el desarrollo de negocio”.

La digitalización y reforzar los nuevos productos serán sus dos objetivos principales.