Un nuevo tejido empresarial más globalizado y sofisticado en Latinoamérica

En la actualidad hay más de 1.000 compañías tecnológicas de rápido crecimiento, con una valoración conjunta de 220.000 millones de dólares

América Latina fue la región económica más golpeada por la pandemia en el mundo, con una pérdida de PIB del 7,4%, la mayor en 120 años, lo que ha generado importantes daños a su tejido empresarial. Se estima que han desaparecido 2,7 millones de empresas, en particular las de menor tamaño, y que actualmente entre un 40% y un 60% de las compañías en muchos países podrían estar en situación de mora como consecuencia de la caída de ingresos. Sin embargo, en este 2021, América Latina está retornando a una senda de crecimiento positivo, empujada por nuevos vientos de cola que, una vez más, proceden del exterior.

Las compañías latinoamericanas se ven beneficiadas de la actual coyuntura económica a través de dos canales frecuentemente mencionados, las exportaciones, particularmente de materias primas, y el acceso a financiación internacional derivado de las laxas condiciones financieras. Pero existe un tercer canal menos analizado: la mejora de los resultados empresariales para aquellas firmas con inversiones en el exterior. Las compañías con mayor implantación en mercados maduros, que han salido antes de la crisis económica, encuentran una válvula de escape en el negocio internacional, de la misma manera que las empresas españolas compensaron las pérdidas derivadas del mercado interno en la crisis de la eurozona (2008-2012) –muchas de ellas precisamente por su exposición hacia América Latina–.

La inversión internacional latinoamericana es un fenómeno económico poco explorado, pero de gran importancia, especialmente dadas las evidentes ventajas inherentes a la internacionalización empresarial como la apertura de mercados, la fijación de empleo local, la mejora de procesos o el acceso a innovación, entre otros. La inversión exterior acumulada por las empresas de América Latina es de 750.000 millones, lo que es indicativo de que pueden crearse grandes compañías globales desde São Paulo, Ciudad de México, Bogotá o Buenos Aires, y que las capacidades competitivas y el talento están a la altura de las de cualquier otra geografía. Además, existe una clara evolución positiva de estas inversiones, que han crecido un 69% desde 2011 e incluso durante la pandemia el comportamiento inversor de las compañías latinoamericanas fue mejor que en otras regiones. Estamos por lo tanto ante una historia de éxito para muchas empresas, que debe contribuir a generar una narrativa complementaria sobre América Latina, alejada de simplificaciones y estigmas.

Además, la inversión latinoamericana en el exterior es un fenómeno económico que se está transformando rápidamente, y hoy día encontramos un patrón de inversión más sofisticado, más allá de las operaciones de adquisición y extracción de materias primas que fueron predominantes en los años 80 y 90. Las grandes compañías siguen invirtiendo en el exterior y realizando operaciones más tradicionales, pero a esto se han unido inversiones que siguen una lógica y unas estrategias distintas respecto a años atrás, especialmente buscando incorporar estrategias de innovación y sostenibilidad.

Por ejemplo, la multilatina química Mexichem adquirió en 2018 un fondo de capital privado, Netafim, una startup israelí especializada en tecnología de riego por goteo, para impulsar el desarrollo de ventajas competitivas. Otra multilatina, la brasileña de cosméticos Natura, está apoyando su ambiciosa expansión internacional (también en 2018 adquirió la multinacional británica The Body Shop y en 2020 la estadounidense Avon) incorporando un importante vector de sostenibilidad mediante la utilización de insumos de la Amazonía a sus productos y eliminando el plástico de todas sus tiendas.

Por otro lado, hay nuevas tendencias que apuntan a nuevas compañías desde las cuales puede generarse una nueva oleada inversora desde la región al exterior. Concretamente, en la actualidad existen más de 1.000 compañías tecnológicas de rápido crecimiento en América Latina, con una valoración conjunta de 220.000 millones de dólares, y hasta 22 unicornios (startups con un valor de mercado por encima de los 1.000 millones de dólares) que se están expandiendo rápidamente a nivel internacional (no en vano semanas atrás Financial Times publicaba el artículo How Latin America became the next big frontier). Por ejemplo, la fintech Nubank, fundada en 2013 y que ya es el sexto mayor banco brasileño, se ha expandido desde Brasil a Ciudad de México, Buenos Aires o Berlín. Incluso de acuerdo con nuestro análisis, los fondos tecnológicos con origen en América Latina ya han invertido 11.500 millones de dólares en compañías en el exterior, tanto en la propia región como en Europa y Estados Unidos.

El fenómeno de la inversión directa latinoamericana se ha manifestado con particular intensidad en España, segundo país del mundo escogido por el capital latinoamericano para su internacionalización, únicamente por detrás de Estados Unidos, y lo hacen principalmente como puerta de entrada al mercado europeo. Las inversiones directas han pasado a ser una de las piedras angulares que constituyen el espacio iberoamericano, y a través de los cuáles se manifiestan con más fuerza los poderosos vínculos entre América Latina y España. La inversión latinoamericana en España es hoy una realidad de más de 42.000 millones de euros, conformada tanto por grandes compañías como por family offices con intereses inmobiliarios o pequeños emprendimientos, convirtiéndose en el cuarto mayor inversor en nuestro país. Algunos de los productos y servicios de consumo común en las ciudades españolas, como los panes Bimbo, los restaurantes Vips, las mochilas Totto, las alpargatas Hawaianas o los autobuses Avanza proceden de compañías latinoamericanas establecidas en España.

En definitiva, el nuevo escenario económico pospandemia que se está abriendo no está exento de riesgos para las compañías latinoamericanas, tanto de naturaleza económica (subida de tipos en Estados Unidos) como política (excesiva polarización a las puertas de un nuevo ciclo electoral). Pero también está llena de oportunidades, en particular para aquellas compañías que abracen los mercados internacionales y puedan diversificar el riesgo y aprovechar además la más rápida salida de la crisis de las economías avanzadas. En este contexto, España puede ofrecer innegables ventajas para la expansión de este capital latinoamericano, como la estabilidad macroeconómica, su elevado grado de apertura al capital exterior, una valoración de activos más competitiva que sus pares europeos o una elevada cualificación de recursos humanos compatible con costes laborales moderados.

Adrián Blanco Estévez es Latam Desk, Icex-Invest in Spain