Miriam Fernández: “La sostenibilidad no es buenismo, aporta rentabilidad”

“No estaríamos gestionando estos fondos si no pensáramos que añadir estos criterios aporta valor, y valor, para nosotros, es dar más retorno que la competencia”. No hemos entrado en el bono verde español porque “no nos parecía especialmente atractivo”

Miriam Fernández, gestora del Ibercaja de Pensiones Sostenible y Solidario.
Miriam Fernández, gestora del Ibercaja de Pensiones Sostenible y Solidario.

Entró en Ibercaja Gestión en 2008 y actualmente es responsable de inversiones ASG (ambientales, sociales y de gobierno corporativo) de la entidad, además de gestora de fondos de inversión y pensiones de renta variable y mixtos. Defiende que su gama ASG tiene un elemento diferencial en su gestión, que es aplicar exclusiones de manera más estricta que otros, así como situar el análisis de métricas financieras y extrafinancieras al mismo nivel de importancia.

¿Qué les llevó a lanzar este plan, el primero que se presentaba en España con la etiqueta sostenible?

Fue a finales de 2015, en el contexto de la Conferencia de Cambio Climático, la COP21, y los acuerdos para lograr la neutralidad en carbono y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de Naciones Unidas. Empezó con un patrimonio muy bajo, con solo un millón, y ahora se acerca a los 300 millones de euros bajo gestión. La acogida ha sido muy buena y no solo porque sea sostenible y solidario, también por el buen rendimiento, siempre en primera posición en los rankings. Esa rentabilidad es un buen ejemplo de que la sostenibilidad no es buenismo, sino es tener más elementos en la coctelera. Antes de lanzar este plan, solo aplicábamos criterios sostenibles en los planes de empleo, cuyas comisiones de control estaban demandando exclusiones, fijaban líneas rojas y tenían en cuenta las posiciones de los fondos de Noruega.

Siempre queda la duda de si al ahorrador particular le interesan estas estrategias o al final calan solo entre los inversores institucionales.

Hasta finales de 2019 sí que es cierto que había un tirón institucional claro, con la pandemia han cambiado muchas cosas y la sostenibilidad caló mucho y se le ha estado dando mucha importancia. Algunos se creían obligados a cumplir, pese a que aún no había regulaciones que te obligaran a manifestarte sostenible o no, como ocurre desde marzo. O eran grandes gestoras de procedencia francesa o inglesa, donde estaban más avanzados y sí tendrían que cumplir con sus inversores institucionales, en materia de sostenibilidad, de una forma más pronta. Pero el particular podría decirse que no lo estaba pidiendo en la calle. Pero creo que sí, que hay una demanda y esto tiene que ver con la educación, con la transmisión de la información y con todo este mundo de grises, sin blancos o negros, que es la inversión socialmente responsable que, al principio, nacía vinculada al buenismo, donde se entendía que estabas cediendo en rentabilidad para cumplir con un buen fin. Esto es totalmente obsoleto, falso y no tiene ningún sentido. Nosotros no estaríamos gestionando si no pensáramos que añadir estos criterios aporta valor, y valor, para nosotros, es dar más rentabilidad que la competencia. Y están tenido este retorno porque lo han tenido en el pasado y la gente quiere hacer crecer su patrimonio. Creo que ahora hay más interés a pie de calle por estos fondos.

Que se done parte de las comisiones es crucial para completar el atractivo de este producto

¿Ha notado en entrada de aportaciones ese mayor interés tras la pandemia?

En nuestro caso concreto sí. También es porque se ha hecho bien. Si nuestros fondos no hubieran funcionado bien, no hubieran rentado, quizás no podrías acompañar a la venta, o quizás no puedas educar al partícipe de la misma manera.

¿Por qué, además de sostenible, solidario?

Creo que fue muy acertado en aquel momento. Ahora estamos en 2021 y, aunque a los expertos nos parece que vamos muy despacio, en realidad vamos rápido. Al principio nadie quería hablar de sostenibilidad, luego empezó a calar porque mejora el retorno financiero y ahora el espíritu de la norma es que tenga una doble materialidad: que no solo ayude a la gestión de las compañías a tener unos buenos resultados en sus ingresos y en su gestión del balance, sino que además genere un impacto positivo en el exterior, que es donde nos encontramos actualmente. En 2015 era muy difícil, a través de activos cotizados, llevar a cabo ese impacto y lo conseguías donando una parte de lo que paga de comisión el partícipe a proyectos solidarios. Esa pata de solidaridad creo que es crucial para completar el atractivo de este producto.

Hablamos de un plan mixto con más renta variable que fija. ¿Cómo ha evolucionado la composición de la cartera en estos años?

Ahora, prácticamente, toda la pata de renta fija es bono verde social sostenible o ligado a sostenibilidad. En 2015 era más difícil poder acceder a estas emisiones, pero el plan ha sido pionero en centrarse en estos bonos. En cuanto a la parte de renta variable, ha ido evolucionando en función de la sofisticación de las herramientas de acceso a información extrafinanciera. Al principio podría estar más basado en exclusiones o sesgado a evitar determinados sectores a los que no veíamos viabilidad, como ocurrió con el tema del Dieselgate, que hizo que durante un tiempo los autos estuvieron abandonados. La evolución que ha podido haber es la propia de una gestión activa identificando tendencias con crecimiento a futuro o mirando la intensidad de la huella de carbono precisamente para mantenerla por debajo de su índice de referencia. Estamos hablando de gestionar activamente un fondo como cualquier otro.

En la parte de renta fija solo tenemos deuda privada. Ahora mismo se pierde dinero invirtiendo en Gobiernos

Actualmente, el sector con más peso es el tecnológico, con compañías en las primeras posiciones por peso en la cartera. ¿Qué puede hacer la tecnología para mitigar el cambio climático?

La tecnología es un facilitador de todo, de toda la transición ecológica y hacia la conectividad y lleva dos años sobreponderado. Las empresas de semiconductores también han ido ganando preponderancia, precisamente por la vinculación con el carbono de silicio, que está presente en las baterías de los vehículos eléctricos, por su crecimiento estructural y por su poder de fijación de precios. No estamos gestionando solo con una lente de sostenibilidad sin mirar más, todo está impregnado. Aplicamos puntuaciones, medimos huella de carbono, pero también tenemos en cuenta la información bruta. Requiere una gestión sofisticada.

Como compañías españolas en cartera, tiene a Iberdrola.

Ahí analizamos las juntas generales de accionistas, no solo a través de la información que nos puedan pasar, también haciendo nuestro propio informe interno. Pensábamos que se iba a gestionar de la mejor manera el tema de la gobernanza y que no afectaría tanto a su buena gestión ambiental, pero este año está sufriendo más varapalo.

¿Por qué en la parte de renta fija ahora solo tienen deuda privada?

Se debe a nuestra distribución de activos por razones macro. Ahora mismo vemos que se pierde dinero invirtiendo en Gobiernos.

¿Ni siquiera en bonos verdes? ¿Qué le ha parecido el bono verde español?

Lo hemos recibido con los brazos abiertos, pero no nos ha parecido especialmente atractivo en términos de rentabilidad. Quizás en el momento puntual de esa colocación no teníamos liquidez suficiente, porque las carteras están prácticamente invertidas, pero eso no quiere decir que no lo vayamos a encontrar atractivo más adelante.

Normas
Entra en El País para participar