Gestión

El fútbol, un espejo del mundo corporativo

Los clubs controlados por fondos de países árabes están rompiendo el mercado. La complejidad de los contratos podría incorporarse al ámbito empresarial

 Lionel Messi del Paris Saint-Germain celebra una jugada con Kylian Mbappe  en un partido del Paris Saint-Germain frente al RB Leipzig en el  Parque de los Príncipes en París
Lionel Messi del Paris Saint-Germain celebra una jugada con Kylian Mbappe en un partido del Paris Saint-Germain frente al RB Leipzig en el Parque de los Príncipes en París Getty Images

En el ámbito corporativo son frecuentes las comparativas entre el mundo del fútbol y los recursos humanos, pero las semejanzas se pueden extrapolar también al resto de departamentos. Así lo ve el socio de Talengo José Ignacio Jiménez, quien expone que “a nivel geopolítico, lo que está ocurriendo en el mundo del fútbol no deja de ser lo mismo que está pasando en el mundo del dinero y la empresa, donde Asia tiene cada vez una mayor presencia”.

Es el caso del Paris Saint-Germain (PSG), propiedad del emir de Qatar, Tamim bin Hamad Al Thani; el Manchester City, que pertenece a Mansour bin Zayed Al Nahayan, hijo del presidente de Emiratos Árabes; o del Newcastle, que ha sido comprado recientemente por Public Investment Fund (PIF), un fondo de inversión que gestiona Mohamed bin Salmán, el príncipe heredero de Arabia Saudí. “Están entrando grandes Estados con mucho presupuesto detrás que rompen el mercado”, resume Jiménez.

Esto también ocurre con los directivos y los profesionales. “Hace 20 años no sucedía, pero ahora hay muchos que se van a países de Oriente Medio porque allí se cobra una barbaridad y no tienen que pagar impuestos. Eso en sueldos altos se nota muchísimo”, continúa el consultor. Así, parte del mundo se sienta ante el tablero con unas reglas de juego diferentes. “En Europa tenemos normas de fair play por las que no se puede dedicar más de equis porcentaje a las cuentas de los futbolistas, pero a Catar, por ejemplo, que no es un Estado europeo, no le importa”, ilustra. Un problema que ocurre porque no es solo el fútbol lo que está sobre la mesa. “Su estrategia es distinta a todo el mundo. No quieren construir una liga, sino estar presentes a nivel internacional. Buscan ganar prestigio y lavar su imagen a través de los equipos de fútbol”, insiste Jiménez.

Sin embargo, para asegurar la sostenibilidad del club, es importante mirar al terreno deportivo. Lo ve así Pablo Burillo, profesor de Gestión Deportiva en la Universidad Europea y director del MBA en Sports Management de la Escuela Universitaria Real Madrid-Universidad Europea, quien considera que un equipo es una empresa más, aunque su objetivo principal es ganar títulos, no solo el rendimiento económico. “Ningún aficionado va a una plaza a celebrar los balances económicos, pero sí hacen falta para tener éxitos en lo deportivo”, apunta. De la misma forma que desarrollar un buen producto, o contar con un equipo ganador, también contribuirá a los logros económicos.

La principal diferencia, recoge Burillo, es que en el fútbol es interesante que le vaya bien a la competencia, con el fin de conseguir una competición que capte a más espectadores. “Si la liga española está más equilibrada, habrá más incertidumbre, la gente tenderá más a verla que si se sabe desde el principio lo que va a pasar. Cuanto mejores son mis rivales, más dinero gano yo”, señala el docente. El monopolio puro en el fútbol no funciona, aunque sí es una industria muy cerrada. Al final solo puede haber 20 equipos que se reparten la tarta, mientras que en otros sectores cualquiera puede innovar y romper el mercado.

Pero el fútbol también puede aportar su granito de arena al mundo corporativo. El último cierre del mercado de fichajes fue trepidante, algunos clubs tenían varios contratos preparados por si lograban llegar a un acuerdo de última hora para fichar a los jugadores más cotizados. El director ejecutivo de la startup de gestión deportiva Director11, Sergio Casalins, explica que la complejidad se debe a la gran cantidad de partes interesadas (el jugador, su agente, su familia, el club de origen, el de destino, el de formación...), así como por las variables por rendimiento que se suelen incorporar (renovación automática si se cumple determinado objetivo, un bonus por superar las metas fijadas...).

Las compañías podrían incorporar este sofisticado proceder en sus contratos para retener mejor talento. En concreto, Casalins destaca el hecho de que compensen económicamente al club donde el futbolista comenzó, pues dan por hecho que gracias a esos primeros pasos pudo despegar. “En un país con tanto paro juvenil, que hubiera que compensar a la primera empresa en la que se trabajó podría incentivar que se apostara por el talento joven, con menos recelo a formar a alguien y que se vaya una vez capacitado”, resume.

Las grandes estrellas

  • Polarización. Hay dos velocidades en lo que a la remuneración se refiere: los grandes fichajes y el resto del equipo. Un movimiento que se repite en las empresas; mientras que en 1965 el ratio entre el sueldo de los directivos y los empleados era 15-1, este llega ahora a 300-1 en EE UU, explica Jiménez.
  • Celebridades. “Ahora, los grandes directores ejecutivos son personajes conocidos a nivel social. Hasta sueñan con ir a la luna”, ilustra el portavoz de Talengo. Un reflejo de una sociedad cada vez más individualista que no ve que la fortaleza está en el equipo, continúa.
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