Un hereje contra el pensamiento grupal de las políticas de inflación

Jeremy Rudd, asesor de la Fed, sostiene que las expectativas de precios de los ciudadanos influyen poco

Billetes de dólar.
Billetes de dólar. reuters

Jeremy Rudd está causando sensación en los círculos de la banca central al cuestionar una creencia clave que sostienen personas como el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell. Rudd, asesor principal de la Fed, ha atacado la noción de que las expectativas de precios de los ciudadanos influyen en las futuras tasas de inflación reales. Exponer opiniones heréticas siempre es útil. Y si tiene razón, los responsables de la política económica pueden estar mirando en la dirección equivocada.

Powell y otros hablan mucho de la importancia de mantener las expectativas de inflación “ancladas”. Pero Rudd considera que esa no es la razón principal por la que el crecimiento de los salarios —un importante motor del aumento sostenido de los precios— se ha mantenido bajo control desde mediados de la década de los noventa. Por el contrario, argumenta en un artículo reciente que la inflación fue lo suficientemente baja durante este tiempo como para no figurar en el radar de los trabajadores y, por lo tanto, no influyó mucho en sus decisiones. Si las tasas de inflación aumentan lo suficiente como para que se noten, un umbral que, según Rudd, se situaba en torno al 3% a mediados de la década de los sesenta, las cosas pueden cambiar.

El provocativo artículo de Rudd se basa en su primera frase: “La economía dominante está repleta de ideas que todo el mundo sabe que son ciertas, pero que en realidad son un auténtico disparate”. Y no se trata solo de un desacuerdo académico. El corolario de su argumento es que los banqueros centrales subestiman el riesgo de permitir que los precios suban mucho más rápido que sus objetivos. Si al hacerlo la inflación vuelve a estar en el radar de la gente, podría desencadenar una espiral de precios y salarios. Ello podría requerir un fuerte endurecimiento de la política monetaria, haciendo mella en la credibilidad de los bancos centrales y, lo que es más importante, en la economía y los mercados financieros.

Rudd sugiere un par de indicadores. Uno de ellos es si el ritmo de abandono de los puestos de trabajo aumenta de una forma que parece más correlacionada con los precios al consumo que con la salud del mercado laboral. Otro es si los aumentos salariales de las nuevas contrataciones superan a los de los empleados que permanecen en sus puestos de trabajo. Cualquiera de las dos cosas podría presagiar una espiral de precios-salarios, ya que los sueldos de los nuevos empleados son más sensibles a los cambios en el clima económico.

Las distorsiones pandémicas hacen que en este momento sea más difícil de lo habitual analizar los datos laborales. Pero las llamadas tasas de abandono en Estados Unidos están aumentando, y hay una brecha cada vez mayor entre el crecimiento salarial de los nuevos trabajadores y el de los ya existentes.

Banqueros centrales como Powell están llevando a cabo un experimento con la inflación, y deben estar atentos a las señales de que su hipótesis es errónea. La crítica de Rudd les da algunas cuestiones a las que prestar atención.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías