El riesgo de inflación exige mucha fineza a los Gobiernos y a los bancos centrales

España está a tiempo todavía de hacer un presupuesto acorde con las exigencias

Los mercados financieros están mirando con un ojo la inflación y con otro el crecimiento y los beneficios de las empresas, y de tal observación resulta que un día cotizan optimismo por la buena marcha del negocio y al otro el pesimismo que inyecta el riesgo cierto de una subida de tipos de interés, una contracción del consumo y la inversión y un recorte de los beneficios de las sociedades. Ayer tocaba un ajuste en las cotizaciones por la posibilidad de un acortamiento de los plazos en tal espiral desatada por la inflación, iniciada con una retirada prematura de compras de activos por parte de los bancos centrales y seguida de una no menos prematura subida de los tipos de interés, primero en EE UU y, quiérase o no, en Europa también.

Todas las señales están siendo de alarma para las autoridades monetarias, por mucha continuidad que quieran proporcionarle a la política expansiva. El empleo en EE UU avanza más de lo estimado, con alzas en los salarios no acostumbradas, el petróleo vuelve a la carga alcista por la decisión de los productores de no estirar la oferta y los precios de la electricidad y el gas rompen todos los registros en Europa. En plata, más inflación y más tiempo, con riesgo cierto de consolidarse en elevadas tasas subyacentes, lo que desataría la reacción contractiva de los bancos centrales. Los ajustes de precios de las Bolsas no cotizaban otra cosa ayer que tales riesgos, mientras que los mercados secundarios de bonos mantenían las subidas de las rentabilidades de las últimas semanas, en una primera señal inequívoca de alzas en los costes de financiación de la actividad, tanto de empresas como de particulares.

Es complicado saber si habrá solución a corto plazo a los cuellos de botella generados en muchas actividades por falta de suministro de bienes intermedios y materias primas, y si tal fenómeno dañará más la inflación. Pero las dudas sobre el crecimiento en todas las zonas del mundo vuelven a aparecer con la misma intensidad que los riesgos de inflación, en lo que puede convertirse en el más corrosivo cóctel para la economía: más inflación y menos crecimiento, la temida estanflación. La firmeza y fineza de los bancos centrales es clave ahora en sus decisiones, ejecutadas con la suficiente sutileza como para frenar los precios sin erosionar en exceso la financiación y el crecimiento, y los Gobiernos tienen que dar en paralelo señales no menos firmes de que compartirán el esfuerzo para no agravar los desequilibrios, tanto en materia de precios como de gasto público, que muchas veces van de la mano. El Gobierno español está a tiempo todavía de hacer un presupuesto acorde con las exigencias, y dejar el expansionismo solo en manos de los flujos presupuestarios europeos.