¿Podría EE UU declararse en ‘default’?

Pasan los días y sigue sin estar cerca de un acuerdo para elevar el techo de la deuda y acabar con el cierre de la actividad gubernamental

Pasan los días y EE UU sigue sin estar cerca de un acuerdo para elevar el techo de la deuda y acabar con el cierre de la actividad gubernamental. Este límite, establecido en 28,4 billones de dólares, es la máxima cantidad que se le permite a EE UU pedir prestado para pagar sus deudas y gastos.

No aumentar este techo tendría consecuencias económicas catastróficas e implicaría que el Gobierno federal incumpliera sus obligaciones legales y entrara en default. Se trata de una situación financiera en la que un Estado, actuando como prestatario, no puede hacer frente a los pagos derivados de la deuda pública contraída, en la forma establecida en las condiciones de emisión. Se trataría de un escenario sin precedentes en la historia norteamericana.

La posibilidad de que esto ocurra es más bien baja. No obstante, a medida que pasa el tiempo y no se llega a un acuerdo político, la probabilidad de que esto suceda va en aumento.

Esto implicará que, cuando nos aproximemos al deadline, la confianza de los inversores se vaya erosionando paulatinamente, percibiendo un mayor riesgo y solicitando al mismo tiempo un aumento de los tipos de interés por la situación de incerteza creada.

Si no se consiguiera llegar a un acuerdo definitivo y el Tesoro permaneciera sin fondos, aumentaría la posibilidad de que la calificación crediticia de EE UU se degradara, tal como ya sucedió en el año 2011, en un escenario muy parecido al actual.

Esto implicaría una reacción extrema de los mercados y de las tasas de interés generando enormes costes para la economía, las empresas y los hogares. Así mismo, se originaría una rápida devaluación del dólar, con una huida hacia monedas más seguras como son el euro, el yen o el franco suizo.

Según un estudio realizado por Mark Zandi, economista jefe de Moody’s Analytics (Playing a Dangerous Game With the Debt Limit), una prolongación en el tiempo de la situación de impago costaría a la economía estadounidense hasta seis millones de puestos de trabajo, y las tasas de desempleo aumentarían en un 9%. Asimismo, implicaría una fuerte caída de los mercados globales, eliminando hasta 15 billones de dólares de la riqueza en posesión de los hogares.

Sería por consiguiente la forma más fácil de desencadenar un auténtico tsunami financiero que arruinaría seguramente la economía norteamericana, con efectos colaterales en el resto de las economías mundiales. Un escenario complejo, precisamente en un momento en el que las familias y las empresas estadounidenses todavía sufren los efectos de la pandemia.

A pesar de que el levantamiento del límite de endeudamiento federal se ha aprobado 94 veces desde la Segunda Guerra Mundial, convirtiéndose en algo rutinario, ahora parece que se ha trasformado en una herramienta política que corre el riesgo de un incumplimiento soberano.

Esperemos que el sentido común se imponga a la política y las disputas partidistas entre demócratas y republicanos. En esta ocasión hay muchas cosas en juego que afectarían gravemente a los intereses de todas las personas que les votaron. Realmente sería injustificable.

Rafael Sambola Puig es economista y profesor de Eada Business School