Retos a los que se enfrenta el sector inmobiliario

La irrupción del trabajo híbrido, la demanda de espacios sostenibles y el interés inversor de las grandes gestoras globales son algunos de ellos

El año 2020 ha supuesto un gran cambio en nuestras vidas, un punto de inflexión tanto a nivel personal como profesional que nos hace reflexionar sobre nuestra condición de no inmortales. Esta constatación ha sido también de aplicación al sector inmobiliario. En este último año y medio, las compañías se han tenido que adaptar en todos los sentidos a un entorno completamente diferente en el que hemos cambiado nuestra manera de trabajar, de consumir, de vivir y de disfrutar de nuestro tiempo de ocio, afectando a nuestras relaciones personales. Y en todo ello el principal medio de comunicación ha sido casi forzosamente lo digital.

El sector inmobiliario ha sido capaz de atravesar esta circunstancia de forma notable, quizás por su propia naturaleza ligada a los espacios de trabajo, quizás también porque nada de lo que ha traído la pandemia era nuevo para nosotros. Hemos sido de los que más rápido nos hemos adaptado a la nueva realidad y hoy, tras lo más duro de la pandemia, cuando la vacunación nos ofrece cierta confianza en el futuro más cercano, hemos adoptado como naturales los nuevos modelos de trabajo híbridos, en muchos casos, casi totalmente remotos. Por tanto, la industria inmobiliaria debe evolucionar y enfrentarse a nuevos retos, ligados a los espacios de trabajo, a la flexibilidad y a la atracción y retención del talento.

El sector inmobiliario juega un papel fundamental y las consultoras más, al ser las encargadas de orientar estas necesidades de revisión de los espacios de trabajo que, no solo pasan por lo que la empresa desea, sino que deben combinar las demandas de los equipos y del talento, que hoy es más exigente, siendo los guías, a través del rediseño de los espacios de trabajo, en la gestión del cambio que el nuevo status quo demanda.

Y es que las compañías tienen que adaptarse a las nuevas formas de trabajo híbridas predominantes en casi todos los sectores. Los espacios actuales deberán ajustarse para responder a nuevas necesidades, como la creación de más y mejores espacios de trabajo colaborativo, el teletrabajo, la flexibilidad en las entradas y salidas, etc. Se deberán revisar también los espacios dedicados al comercio, online y offline. El retail, que con un incremento de la venta online en porcentajes del 50% durante el último añox debe seguir adaptando sus espacios de venta para que contribuyan de forma clara a una experiencia omnicanal, en la que tener acceso al producto de manera cuasi inmediata no sea un problema, con independencia del canal de venta.

La sostenibilidad es otro de los grandes retos a los que se enfrenta la industria, en especial inversores y promotores: hacer de ella un estandar y no un rara avis. La pandemia ha demostrado cómo la sostenibilidad será cada vez más una constante en la demanda por parte de los usuarios en todos los niveles y órdenes de la vida. El entorno laboral no es ajeno a ello y, aquellos promotores e inversores que involucren los aspectos sostenibles en sus carteras inmobiliarias, sin duda irán por delante del mercado.

Todos los grandes actores del mundo de la inversión inmobiliaria han adoptado nuevos estándares de sostenibilidad con el objetivo de aplicarlos a toda su cartera inmobiliaria existente y futura de manera inmediata. Y lo mismo está ocurriendo con todas las grandes empresas del mundo occidental donde cada vez más veremos cómo sus decisiones de traslado de oficinas dependerán, sobre todo, de la capacidad de encajar sus políticas de sostenibilidad en sus propios lugares y espacios de trabajo, de tal manera que, aquellos espacios de trabajo que no ofrezcan los mayores estándares en sostenibilidad y well-being, serán desechados por esta tipología de usuario.

Finalmente, una de las tendencias que más claramente se ha acelerado en la etapa pos-Covid es la mayor asignación, en términos porcentuales, de volúmenes de inversión en manos de los grandes gestores del ahorro a nivel global, al mercado inmobiliario frente a otros asset class. Ya veníamos de una tendencia alcista imparable en los últimos 30 años, cuando la inversión inmobiliaria pasó de ser una de las posibilidades minoritarias dentro de la cesta de las llamadas inversiones alternativas, pesando menos de un 5%, a ser en sí misma un capítulo tan importante como lo es la renta fija, la renta variable o la inversión en infraestructuras. Justo antes de la pandemia, las 50 mayores instituciones de inversión colectiva mundiales tenían asignada de media un 12,9% de sus inversiones en el mercado inmobiliario.

Hoy nos encontramos con un entorno de yields negativas en la deuda soberana (Alemania, Francia, Irlanda y Suecia). Trillones de euros que vencerán en los próximos 3 años, y que se vendieron con yields por encima del 3%. Algunas de ellas, compradas en medio de la crisis financiera, alcanzaron rentabilidades por encima del 5%, sobre todo la deuda de los países del sur de Europa. Ese dinero, que ahora les devolverán los bancos centrales europeos, buscará de nuevo una ubicación segura, poco volátil y rentable.

El ahorro mundial asignado en el sector inmobiliario en 2019 se estimó en un trillón de dólares. Se estima que 2021 pudiera rebasar ese importe record. Solo la primera mitad del año ya ha canalizado más inversión inmobiliaria que la media de los últimos 5 años.

Es, por tanto, razonable pensar que esta tendencia se consolidará y seguirá haciendo crecer los volúmenes de capital que los grandes gestores mundiales, del ahorro privado y público, destinarán a la inversión inmobiliaria.

Enrique Losantos es Consejero Delegado de JLL España