Solo la eficiencia energética puede controlar el precio de la luz

La rehabilitación energéticamente eficiente de hogares y edificios es fundamental, pero es urgente habilitar soluciones de financiación

El precio de la electricidad, sin techo en el mercado mayorista y superando máximos históricos día sí y día también está generando un intenso debate político pero, sobre todo, supone un drama para miles de familias y empresas. España está teniendo este verano el nada honroso primer puesto entre los países europeos en que se paga más por el megavatio hora (MWh).

Independientemente de los ajustes que puedan venir de la mano de los planes de choque que se activen desde el Ejecutivo y de la guerra comercial en que han entrado las eléctricas en la batalla por ofrecer la mejor tarifa, la solución no parece fácil ni cercana. Algunos analistas apuntan que a partir del segundo trimestre de 2022, cuando el mercado mayorista anticipa costes más bajos que los actuales, el precio de la luz podría bajar. Una perspectiva a medio-largo plazo que, de un lado, no consuela. De otro, no garantiza que la situación no se vuelva a repetir, porque no olvidemos que los actuales precios se deben, principalmente, al encarecimiento del gas en los mercados internacionales y a los derechos sobre C02, que fueron creados con un papel fundamental de cara a luchar contra el cambio climático: desincentivar las emisiones.

En este contexto hay que reivindicar la eficiencia energética como una herramienta fundamental en la descarbonización, una estrategia clave para rebajar y controlar la factura eléctrica de empresas y ciudadanos, así como una eficaz palanca para reducir enormes costes dentro del sistema de generación, distribución y almacenamiento, que sin duda tienen un impacto importante en el coste final de la tarifa que pagamos todos.

Podríamos decir sin temor a equivocarnos que la eficiencia energética es, en realidad, la fuente de energía más abundante y económica, además de la que más beneficios aporta al conjunto del sistema energético de un país como España, muy dependiente aún de fuentes contaminantes. Y eso sin tener en cuenta su valor en términos de reducción de emisiones, salud y otros beneficios no energéticos.

Según un estudio de Synapse publicado el pasado mes de agosto, la evaluación del impacto ambiental en Estados Unidos arroja que el coste medio nivelado de las medidas para ahorrar energía implementadas por las empresas de servicios públicos es de unos 25 dólares/MWh, demostrando que la eficiencia energética es un recurso menos costoso que cualquiera de las fuentes de energía utilizadas –alternativas o convencionales– y el método más eficaz para reducir la demanda y la factura final. En el horizonte 2021-2030, el informe proyecta una reducción originada por la eficiencia energética del 34% en la necesidad de recurrir al gas para generar electricidad en Estados Unidos, país en el que esta fuente es sustancialmente más barata que en España.

Para lograr la eficiencia energética es importante diversificar y ampliar la adopción de medidas prácticas y regulatorias que, no relacionadas única o directamente con el sistema energético, redundan significativamente en la disminución de la factura.

En este marco encontramos un punto de apoyo fundamental en la rehabilitación energéticamente eficiente de hogares y edificios. Un área en el que España está muy rezagada con respecto a sus países vecinos, pese a que nuestro parque inmobiliario es muy antiguo, con cerca del 80% de los edificios con calificación energética E o inferior y contamos con una tasa de renovación de inmuebles muy por debajo del 0,3%, lejos del 3% recomendado por la Unión Europea.

Solo para el sector de la edificación, el objetivo de España en 2030 para avanzar en el compromiso de descarbonización adquirido con la Unión Europea pasa por disminuir el consumo de energía final en 43.464 GWh respecto al consumo actual, correspondiendo el 73,7% de esta reducción a los usos térmicos. El 60,7% del objetivo de disminución del consumo se concentra en el sector residencial, donde se prevé la rehabilitación de la envolvente de 1,2 millones de viviendas y la sustitución de más de 3,5 millones de sistemas de calefacción y agua caliente. Buenos propósitos, pero insuficientes.

Para seguir dando pasos hace falta ofrecer seguridad, facilidades y herramientas para que las rehabilitaciones sean efectivas. El éxito del plan dependerá de los mecanismos y los nuevos instrumentos administrativos, fiscales y jurídicos que se habiliten para su implementación.

El mayor freno para avanzar al ritmo deseado en rehabilitación energética de edificios y asegurar su continuidad en el tiempo más allá del horizonte Next Gen es la financiación. Los fondos públicos disponibles no cubren las acciones necesarias. Instrumentos como ecobonus, préstamos PACE –Programa para la Activación de Capital Ecológico en Edificios– o certificados de ahorro energético han demostrado su eficacia en otros países y presentan grandes oportunidades. Resulta vital que se incorporen en los desarrollos regulatorios en nuestro país.

Es necesario también potenciar las comunidades energéticas locales, decisivas en la transformación de nuestro sistema energético hacia un modelo descentralizado, democrático, distribuido y digitalizado, con el ciudadano y los municipios como núcleo. Son además altamente eficaces contra la pobreza energética que, según un reciente estudio de Eurostat, en 2019 afectaba al 7,5% de la población (3,52 millones de españoles). Una cifra que va a incrementarse en el periodo 2020-2021 a causa de las consecuencias económicas y sociales de la pandemia por Covid-19 y el incesante incremento del precio de la energía eléctrica.

Reforcemos la puja por la implantación de soluciones eficaces y por modelos de gestión profesional público-privada innovadores, por una financiación que siga esquemas que faciliten a los propietarios –y especialmente a quienes se encuentran en mayor situación de necesidad– el acceso a la rehabilitación integral para la disminución de la demanda energética de inmuebles. Solo alcanzando un volumen más ambicioso de eficiencia energética conseguiremos mantener bajo control la demanda y el precio de la energía sin necesidad de tener alcanzar complicados acuerdos políticos respecto a la reforma de nuestro sistema energético. ¡Está en nuestras manos ya!

Eduardo Brunet es Cofundador y Presidente de Greenward