Pedro Sandoval: “Las galerías queman mucho a los artistas”

El artista venezolano, representante del neoexpresionismo abstracto, reflexiona sobre el bum del arte en el mundo y sobre el auge del coleccionismo

Pedro Sandoval.
Pedro Sandoval.

Fue un artista precoz. Asegura que con tan solo seis años obtuvo su primer reconocimiento, al serle concedido el premio Young Master of the World de la trienal de arte contemporáneo en Osaka (Japón). Pedro Sandoval (Ciudad Bolívar, Venezuela, 1968) es el único artista del mundo que se ha alzado dos veces con el premio Lorenzo el Magnífico en la Bienal de Florencia, en los años 2015 y 2019. El día de la entrevista, que se celebra en su estudio, próximo al parque de la Fuente del Berro de Madrid, está feliz; una pieza suya, un paper, se subasta en Durán y ha alcanzado el precio de 60.000 euros. Acaba de publicar con Taschen un nuevo libro sobre sus últimos trabajos, Utopía.

¿Cuál es la clave para vivir del arte?

La clave del éxito es la constancia y la innovación. Soy muy constante, nunca he hecho bocetos, y con solo dos años empecé a crear, y a partir de ahí han llegado numerosos reconocimientos. He sido artista desde pequeño, y la verdad es que no me veo haciendo otras cosas.

¿Pero no hay un componente de suerte en todo esto?

He trabajado mucho, he hecho muchas cosas, y creo que la suerte no existe, solo existe la constancia, el trabajo y estar atento a lo que ocurre en el arte. Yo vivo del arte y vivo bien. Soy un artista cotizado, y esto hoy día es difícil. Acabo de subastar un paper en Durán y se ha vendido por 60.000 euros, es el más caro de Europa de un artista vivo. El mundo del arte ha cambiado mucho.

Ahora hay muchos artistas vivos cotizados.

Se trata de un proceso mental; una obra es como un hijo, y es una especie de parto. Una vez que la terminas te sientes liberado. Yo estoy constantemente trabajando, se han publicado 40 libros sobre mi trabajo. Un artista pertenece al público, eres como un gran actor, como un artista de la música. Y luego cuento con clientes fieles. He estado muy ligado a Alberto de Mónaco, a Borja Thyssen, que tienen mucha obra mía, como también la hay en la Casa Blanca o en el Vaticano. Cuando llegas a ese nivel, la obra te supera, eres un actor dentro de un teatrillo, porque haces cosas que no te pertenecen. Un artista tiene que ser generador de ideas, de proyectos, porque cualquiera puede ser pintor hoy día.

Pero a usted parece que le fue fácil llegar ser reconocido.

Yo me fui de Venezuela con 13 años, con una beca del Museo Guggenheim; me fui a Parson School of Design, en Nueva York. En esta ciudad vivía con mi tío en el hotel Waldorf Astoria, que era modelo de Calvin Klein. Yo he limpiado pinceles a artistas, y creo que hay momentos difíciles que han sido realmente fáciles. No he tenido complicaciones si se compara con los artistas del siglo XIX, que sufrían mucho e incluso pasaban hambre.

No es el caso de artistas como Jeff Koons o Damien Hirst, por ejemplo.

No, no es el caso. Ellos ganan millones de dólares, son fábricas de hacer arte y crean mucha expectación con todo lo que hacen. Ellos han creado un imperio. Yo lo hago todo de manera manual, en la línea del escultor Antonio Soler y de otros artistas. Mi obra es única y mi fuerte son los papeles. A mí no me gusta atarme a nadie. Por ejemplo, la galería Gagosian [con las oficinas centrales en Nueva York] me ofreció 2 millones de euros al año, pero lo rechacé porque quise quedarme en Madrid. Podría vivir en esta ciudad sin dinero. Me encanta. La vida que tengo aquí no la tendría en Nueva York. Yo iba al Studio54 [el legendario club nocturno de Manhattan], conocía a todos los artistas.

¿Qué valoración hace del momento actual del arte en España?

Hay muchas posibilidades, aunque no hay una corriente artística como en Alemania. También sucede que aquí no hay subvenciones ni una ley de mecenazgo que favorezca el arte. Debería haber una ayuda gubernamental para que los artistas puedan desarrollarse y crear una corriente. Desde hace 15 años, en España no pasa nada con el arte. Aquí tenemos a una gran mecenas como es Mayte Spínola, impulsora del grupo Pro Arte y Cultura, es un auténtico motor dentro del mundo del arte. Colabora en la mejora de los museos, pero no se da ninguna publicidad.

¿Hace falta una mayor formación artística desde la base, desde los colegios?

Hoy día no se forma en arte en los colegios. Tengo en marcha un proyecto para fomentar el arte a través de los colores. Es necesario desarrollar esa libertad de creación desde la infancia. Yo, por ejemplo, no hago nada por encargo, tampoco tengo galería, y así me siento más libre para crear. Trabajo con marchantes, las galerías queman mucho a los artistas, los limitan mucho.

Ahora hay un bum del arte, ¿es un elemento de distinción para las grandes fortunas?

En las redes sociales hay un surgimiento de las inversiones de arte, pero muchos de los que compran arte no tienen ni idea, compran arte porque el artista está de moda.

¿Qué opina de los famosos NFT [corresponde a las siglas non fungible token, que traducido es activo no fungible, algo que es único]?

Están valorados en millones de dólares, pero todo esto es reflejo de lo rápido que va todo, y el arte va a la misma velocidad. El mundo del arte no es ajeno a todo lo que está sucediendo en el mundo, a los bitcóins, a las criptomonedas…, pero mi percepción es que hemos perdido el sentido de amar. La gente joven vive otras situaciones y valoran otras cosas. Los millennials son coleccionistas de mi obra, les gusta porque da vida, está llena de color y produce felicidad, y es un honor. Los artistas somos creadores de ilusión, de magia y de belleza.

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