Lo barato sale caro, en la inversión pasiva y en la activa

La proliferación de ETF similares entre sí, unida a la avalancha de dinero, ha provocado una enorme concentración en unos pocos valores

El descanso veraniego permite reflexiones sencillas que de otro modo no encuentran su hueco. Todo empezó con una bomba de riego rota. Y alguien dijo: “¡Ojo, que lo barato sale caro!”.
A menudo fallamos al intentar ser los más listos, aunque de vez en cuando acertemos en descubrir algo bueno, bonito y barato. Yo lo intenté hace algunos años, con unos destornilladores en un todo-a-100. ¡Pero se doblaron al atornillar! Fallo total –aunque coste muy limitado. Fallé con una cortacésped de segundo nivel –coste medio. Y creo que acerté cuando no arriesgué con mis botas de campo –carillas, pero no me han defraudado ni en las condiciones más extremas.

El coste de probar y fallar a veces se mide solo en dinero, pero también se debe medir en tiempo y esfuerzo. Y especialmente se debe medir el coste de la segunda derivada –¿cuáles son las consecuencias del fallo?, más allá del dinero inmediato gastado. Nadie se la jugaría con una cuerda de escalada –no habría segundas oportunidades. Los marinos no escatiman con una radio para el barco. Y para BMW, Audi, Mercedes…una batería eléctrica barata y poco fiable podría suponer arruinar la reputación que tanto les costó labrarse.

Según en qué momento y en qué lugar, lo razonable es pagar una prima para asegurar la fiabilidad. Y así surgen marcas que la ofrecen y pueden cobrar por ella. Y muchos acaban eligiéndolas también como símbolo de estatus porque ofrecen ciertas garantías.

Cuando hablamos de inversiones, la confianza y la fiabilidad son críticas, y también se da lo del estatus. Pero la verdad es que el tema se complica un poco, porque hay dos corrientes contradictorias. Queremos lo mejor… pero si pagamos mucho, por definición, perjudica a la inversión.

A nivel de inversión en fondos, los ETF son una buena propuesta calidad-precio. John Bogle prestó un enorme servicio creándolas, y Warren Buffett ha defendido la gestión pasiva en más de una ocasión.

Pero lo que tiene éxito prolifera. Según Bloomberg, en 2019 se eliminaron 770.000 índices utilizados como referencia para inversión pasiva. Eso dejó solamente ¡2,96 millones de índices...! En el mundo hay 630.000 compañías cotizadas. O sea que, elegir entre índices puede ser como encontrar una aguja en un pajar, aún peor que las compañías.

La moda de los ETF está dando lugar a algunos de curioso valor añadido, de DeFi (finanzas descentralizadas con blockchain), de Vegan Climate, y otras muchas. En todas, Facebook, Apple, Amazon, Microsoft y Google (FAAMG) aparecen muy prominentemente, a pesar de lo dispar de sus objetivos. Y la proliferación de ETF similares entre sí, unida a la avalancha de dinero pasivo invertido a través de ellas, ha provocado una enorme concentración en unos pocos valores. Hoy en día, en un índice general como el S&P 500, alrededor de un 25% acaba de nuevo en Facebook, Apple, Amazon, Microsoft y Google. Cuanto más suban y más caros, más flujo pasivo reciben esos valores, y más vuelven a subir.

Así pues, la inversión pasiva, el dinero pasivo, que es más barata porque paga menos comisión de gestión, puede estar llegando a un punto problemático. Lo barato puede costarnos muy caro en este caso también.

Finalmente, considerando la inversión directa en compañías, nos encontramos con la posible contradicción de nuevo. Nos gustaría invertir en las mejores compañías, las que nos suenan. Pero si la inversión no comienza suficientemente barata, el éxito no es muy probable y el fallo en nuestro objetivo de rentabilidad puede ser difícil de evitar. Pero ¿cuanto más barato mejor, o también aquí lo demasiado barato sale caro?

En este caso, especialmente, el esfuerzo y el tiempo son claves. Esfuerzo implica el estudio de las posibles inversiones para entender su valor intrínseco y sus riesgos. Tiempo implica paciencia, doblemente: para entrar, se espera hasta que se presenten las oportunidades, y para salir, hasta recibir un buen precio. La espera y la incertidumbre se pueden mitigar invirtiendo en base a catalizadores –la chispa que ayuda a que una inversión madure, y que identificamos durante el estudio de las compañías.

Los catalizadores ayudan a evitar trampas de valor, a gestionar los pesos a lo largo del ciclo de inversión, y son una gran herramienta de control del riesgo –menos inversión al principio, y más a medida que se van solucionando los problemas. Cada maestrillo tiene su librillo y algunos inversores ponen más énfasis que otros en la valoración frente a otros factores. En mi humilde experiencia, los catalizadores han demostrado ser muy útiles y de sentido común. Inversores como Seth Klarman también los consideran importantes, así como multitud de fondos activistas y de private equity.

Así pues, la inversión directa bien hecha tampoco invierte simplemente barato, sino que paga de otros modos –en esfuerzo y en tiempo. E incluso puede estar dispuesta a pagar un poco más a cambio de mitigar el riesgo parcialmente y acercarse al catalizador. Solamente la valoración no es suficiente. El mercado y el saber popular no son tontos. Lo barato sigue saliendo caro.

Andrés Allende es gestor de A&G