Contante y Sonante

Las exigencias de sostenibilidad a la banca las pagará el cliente

La subgobernadora se reunió el día 15 con el sector para explicar los nuevos test ‘verdes’ de 2022. Reacción: “Imposibles de asumir”

Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España
Margarita Delgado, subgobernadora del Banco de España

Una de cal y otra de arena. El viernes el Banco Central Europeo (BCE) retiró el veto a los dividendos de la banca europea 16 meses después de que decidiese recomendar al sector que anulara las remuneraciones a los accionistas vía dividendos o recompra de acciones. La resolución del BCE, aunque esperada, supuso un balón de oxígeno para un sector cada vez más presionado, más regulado, menos atractivo para el inversor y con una competencia interna como externa sin precedentes. Aunque la decisión del BCE tiene su letra pequeña, ya que los supervisores domésticos tendrán un mayor papel en las políticas de dividendos de los bancos, según expuso el BCE en su comunicado.

“Las entidades deben mantener la prudencia al tomar sus decisiones sobre dividendos y recompra de acciones, considerando detenidamente la sostenibilidad de su modelo de negocio”, expone el BCE en su comunicado. Y añade que será durante el presente verano, y tras conocerse los resultados de los test de estrés, cuando los supervisores examinarán con las entidades sus planes de remuneración al accionista.

Esta es la buena noticia, la arena. Ahora llega la mala, la cal.

Los consejeros delegados de los bancos se reunieron hace unos días con la subgobernadora del Banco de España, Margarita Delgado, y el día 15 con los responsables de sostenibilidad del sector. En ambas reuniones la supervisora les explicó cómo se iban a desarrollar los próximos test de estrés de 2022, cuya protagonista es la sostenibilidad. Serán las primeras pruebas en las que se analicen los riesgos contaminantes de la banca. Lo malo es que la banca no es la que contamina, sino sus clientes. De ahí que para lograr que estos reduzcan al máximo sus emisiones de CO2 y se inclinen por la economía sostenible las entidades financieras irán cerrando el grifo del crédito a las compañías más contaminantes, o incluso a los clientes particulares.

Las entidades van a tener que pedir a sus clientes los certificados de sostenibilidad de sus proveedores

Este fue uno de los mensajes transmitidos por la subgobernadora, pero trasladado a los números de la banca. Así, les comunicó que en estas nuevas pruebas se medirán los riesgos vinculados a la sostenibilidad, pero claro, llevados a cabo en nueve escenarios (en los tres de estrés son tres escenarios si se cuenta el base).

Si subiera la temperatura del planeta dos grados, ¿cómo afectaría a las emisiones de CO2 de su cartera crediticia (dicho de otro modo, a la financiación concedida a sus clientes)? ¿Cómo aumentaría el riesgo de la entidad en los próximos 30 o 50 años? Estos son ejemplos de las cuestiones que se plantean en los borradores de estos nuevos test sobre el riesgo climático.

La banca, para lograr una respuesta –si es que la hay–, deberá pedir a sus clientes los certificados de sus proveedores sobre descarbonización. “Esto, además de ser engorroso, encarece el proceso de financiación”, explica un directivo de una destacada entidad financiera.

“Según están planteados los test sobre el riesgo de cambio climático y los protocolos y normas que tenemos que llevar a cabo lo hacen imposible de asumir”, inciden dos directivos.

Los resultados de estos test, cuyo inicio del proceso estaba previsto para este mes de julio, pero se han logrado retrasar inicialmente en un mes, se conocerán a finales de julio de 2022. Según los riesgos contaminantes de las carteras de cada banco y sus planes estratégicos de sostenibilidad, se aplicará una penalización en el capital de la entidad, aunque está por determinar esta influencia en los ratios de solvencia.

Todas las fuentes consultadas coinciden en que las medidas que se están reclamando, y el giro en las carteras crediticias para su descarbonización en un tiempo determinado, “van a provocar un encarecimiento de los créditos, bien vía tipos de interés, bien por comisiones. Al final, estos costes hay que trasladarlos al cliente. Además, va a dificultar la concesión de financiación al tener que examinar nuevos riesgos para la aprobación de cada crédito”, explican.

“La presión para que las entidades bancarias incorporen los riesgos climáticos en su gestión es cada vez mayor dado que es una preocupación por parte de los supervisores y los reguladores. La necesidad de que se avance en los objetivos del Acuerdo de París y el Pacto Verde europeo hace que vayamos hacia una economía baja en carbono y esto tiene implicaciones también para el sector bancario desde dos puntos de vista. Por un lado, los riesgos físicos, es decir, el hecho de que ocurra algún tipo de evento climático relevante (inundación, incendio, etc. ); por otro, los riesgos de transición”, subraya una directiva experta en sostenibilidad.

“Los avances hacia una economía descarbonizada necesitan de una desinversión en determinadas actividades y una inversión en nuevas tecnologías y fuentes de energía. Ambos riesgos pueden tener un impacto relevante en el sector bancario”, remarca esta ejecutiva.

El sector coincide en que la presión sobre los planes de una economía verde son tan fuertes que ya superan a otros hasta ahora muy importantes. Las entidades financieras entienden la presión de los supervisores, aunque no la compartan. “Los reguladores y supervisores solo están transmitiendo la presión de los Gobiernos sobre las medidas a adoptar sobre el cambio climático.

La Comisión Europea está forzando esta transición que es buena, pero aún hay muchos puntos sin aclarar o definir. Hay muchas, muchas lagunas, y así es muy complicado, por no decir imposible, llevar a buen puerto los planes de sostenibilidad”, declara otro directivo consultado por este periódico, que añade que “los planes de sostenibilidad se convertirá en la nueva guerra bancaria al trasladarse a los precios de los productos”.

Y toda esta presión llega en un momento delicado para la banca, con rentabilidades bajas, que no cubren aún el coste de capital, operando aún durante varios años con tipos de interés bajos o negativos, con un cambio de modelo del sector empujado en tiempo récord a su digitalización casi total y con una mayor competencia proveniente de otros sectores, como el de las big tech. “Todo para triunfar”, bromeaba el sábado un conocido exbanquero.

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