Agua, cambio climático y escasez

Es fundamental desalinizar, digitalizar y construir acuíferos en zonas de inundaciones, para crear empleo y evitar la confrontación

Las inundaciones en Alemania de este verano han abierto de nuevo el debate sobre el agua y el cambio climático. Son episodios que se producen muy ocasionalmente. Pero como anticiparon los científicos desde hace ya un siglo, las emisiones contaminantes aumentarían la temperatura del planeta Tierra y provocarían una evaporación más rápida del agua y mayor volatilidad de desastres naturales.

El caso de Centroeuropa tiene más que ver con nuestra cornisa cantábrica, donde hay menos estrés hídrico. En España la principal amenaza es en la costa mediterránea, donde la pluviosidad ya se ha reducido un 20% en los últimos 30 años y buena parte de las lluvias se concretan en danas, huracanes europeos, que acaban vertiendo buena parte del agua al mar sin poder aprovecharse para el ciclo urbano, agrícola o industrial y provocando inundaciones y daños en las localidades costeras y en ecosistemas naturales como el Mar Menor o el delta del Ebro.

Estamos ante uno de los retos y problemas más complejos de resolver y es necesaria una visión multidisciplinar para conseguirlo. En este artículo daré una visión económica pero que tiene que ser compatible con una visión ambiental, tecnológica, social y política. La economía nació para analizar la escasez y el agua en el actual cambio climático es un bien más escaso. El agua no es un bien plenamente competitivo y la economía de mercado no puede gestionar por si sola el recurso. Es un bien público desde su nacimiento y en el cauce de los ríos hasta conectar con el mar y cerrar el ciclo circular del agua.

Por lo tanto, necesita la intervención pública. Pero, como ha reconocido Naciones Unidas, las inversiones para revertir el cambio climático y especialmente en el agua son tan elevadas que solo con inversión pública fracasaríamos en el intento. Ello explica que se haya incluido el Objetivo de Desarrollo Sostenible 17, de alianzas y la colaboración público-privada. El ciclo urbano del agua sí es un bien competitivo y la mayoría de las ciudades y municipios del mundo, incluidos países comunistas como Cuba, tienen un mercado del agua. Esto exige una regulación compleja, como ha analizado la OCDE.

En la era del descontento de la globalización, la percepción de la mayoría de los ciudadanos es que las grandes multinacionales secuestran a los Gobiernos para que desarrollen regulación en su beneficio y no en el de la ciudadanía. Esto añade más complejidad social y política a la gestión del problema. A ello hay que añadir que la transición a una economía adaptada al cambio climático tendrá costes y es necesario explicárselos a la sociedad y decirles quién y cómo va a pagarse. La mayoría de los españoles está de acuerdo con las reivindicaciones de Greta Thunberg, pero no están dispuestos a pagar más por la luz que incluye un impuesto a las emisiones de dióxido de carbono, por el diésel o por el agua.

California sufre una de sus peores sequias en décadas este año y está liderando el reto del agua. Desde el Foro de Economía del Agua es uno de los casos que hemos analizado y anticipa bien lo que puede pasar en España. California produce dos tercios de las frutas y un tercio de las verduras de Estados Unidos, caso similar a España en Europa. No hay heladas y el clima favorece el desarrollo de la agricultura de regadío. Son extremadamente eficientes en el uso del agua y su reutilización, tanto en California como en España, pero eso hace que bajen los costes de producción y aumente la demanda. Consumen menos agua por hectárea, pero aumentan la producción y el consumo de agua total. Sobreexplotan los acuíferos, abusan de los fertilizantes químicos, y eso acelera la desertificación y el cambio climático y hace que el agua sea más escasa.

En California han iniciado inversiones masivas para recuperar los acuíferos y el subsuelo. España tiene grandes empresas y la mejor tecnología de agua del mundo. Dinapsis, en Alicante, ha digitalizado todo el consumo de agua y sensorizado los acuíferos y gestiona el recurso con inteligencia artificial. La dana que en 2019 arrasó la Vega Baja de Alicante se gestionó desde su centro de Benidorm. Pudieron reponer el acceso al agua de la población en pocos días. Sin ese proceso de digitalización, esa población y el sector agrícola, turístico e industrial habrían estado semanas sin agua. Hay que replicar ese modelo en toda España aprovechando los fondos europeos.

España es líder en el mundo en tecnología de desalinización. En zonas semidesérticas con estrés hídrico como Almería, Murcia y Alicante comienzan a usar esa agua para regadíos y uso industrial. Las placas fotovoltaicas permiten abaratar mucho el proceso y reducen las emisiones contaminantes. De nuevo hay que priorizar fondos europeos para este uso, controlando que no aumenta la demanda del recurso.

En zonas de inundaciones, se pueden construir acuíferos artificiales que consigan retener buena parte del agua en las danas y reutilizarla después en el ciclo urbano. Hay que reutilizar cada gota de agua como hacen los agricultores en piscinas, riegos de parques y jardines, etcétera. Otra prioridad para usar los fondos europeos.

Todas estas inversiones gestionarán mucho empleo y buenos salarios. La naturaleza tiende a la entropía y los humanos buscamos el orden. Pero para generar nuestro orden, provocamos desorden a nuestro alrededor. De nuevo volvemos a hablar de guerra del agua en España y hay que evitarla. La guerra es pura entropía en la que las dos partes siempre pierden. Las medidas aquí propuestas tendrán fácil aceptación social y eso facilitará los consensos políticos necesarios para aprobarlas. La alternativa es la confrontación y otra década pérdida en el agua que no nos podemos permitir.

José Carlos Díez es profesor de economía de la Universidad de Alcalá y director del Foro de Economía del Agua