¿Están forzando las criptomonedas la reforma del sistema monetario?

Una moneda digital lanzada por los bancos centrales traería transparencia, menor coste y más rapidez, pero destronaría al dolar como gran unidad de reserva

La aparición de las criptomonedas y el blockchain está acelerando la transformación del sistema fiduciario actual, fundado por el presidente Richard Nixon en 1971 cuando acabó con la convertibilidad del dólar americano de Bretton Woods. Estas nuevas formas de monedas y sus infraestructuras han abierto el debate sobre sus funciones como reserva de valor, unidad de cuenta y medio de cambio para poder ser consideradas dinero.

El creciente riesgo de la devaluación de las monedas fiduciarias y las perspectivas de un régimen inflacionario han ayudado a que las criptomonedas empiecen a verse como una reserva de valor similar a una versión digital del oro en un mundo digitalizado. Al igual que el oro debe extraerse de la tierra y existe una cantidad limitada, las criptos deben extraerse a través de medios computacionales y tienen una estipulación establecida en su código fuente que obliga a un suministro limitado y finito, como en el caso del bitcóin, establecido en 21 millones.

Sin embargo, las criptomonedas no pueden todavía ser consideradas dinero por dos razones. Su aceptación como unidad de cuenta que faciliten hacer cálculos económicos, fraccionar el dinero y determinar las unidades de valor o precios está limitada. Tampoco están aceptadas como medio de cambio para realizar transacciones y facilitar el intercambio de bienes, productos y servicios. Sin embargo, las criptos y las infraestructuras están recibiendo el apoyo de las generaciones mas jóvenes, de compañías como Square y Paypal, y de instituciones financieras como JPMorgan, Citibank y Fidelity, que quieren introducirlas en sus carteras de inversión.

El éxito de las criptomonedas y del blockchain está forzando a los bancos centrales a desarrollar monedas digitales que va a tener un impacto significativo en el sistema monetario y financiero global. Se convertirían en una nueva forma de efectivo digital, que no debe confundirse con las criptomonedas que están respaldadas por un activo subyacente, o por el blockchain en el caso del bitcóin. Bahamas ha sido la primera economía en lanzar su moneda, el sand dollar, en el 2020. China ya ha puesto en circulación pruebas piloto del yuan digital en varias grandes ciudades para empezar a promover una verdadera internacionalización de su moneda. En los Estados Unidos, el Banco de la Reserva Federal de Boston anunció una colaboración con el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) para realizar investigaciones técnicas relacionadas con la introducción de un dólar digital. Sin embargo, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, ha vacilado sobre la necesidad de una nueva forma de dinero digital para complementar lo que ya es un sistema de pagos altamente eficiente, confiable e innovador.

Hay quien defiende que se necesita un dólar digital para competir con el yuan digital, a pesar de que el dólar estadounidense se usa en más del 80% de las transacciones globales y que la mayoría de los pagos y las transferencias ya son electrónicos. En la eurozona, Christine Lagarde anunció que al Banco Central Europeo le tomara unos años lazar el euro digital, que no reemplazaría al dinero en efectivo, sino que lo complementaría para mejorar el acceso a otro medio de pago gratuito.

Hay tres razones que explica el repentino interés de los bancos centrales por lanzar monedas digitales. Los bancos centrales necesitan defender la soberanía monetaria, ya que las redes de pago privadas se han convertido en un medio de transacciones privadas muy competitivo y una amenaza para el control del sistema monetario. Por otro lado, ayudaría a la estabilidad financiera ya que cualquier fallo de un proveedor privado de dinero digital podría interrumpir el sistema de pago y crear inestabilidad financiera. Finalmente, la moneda digital de los bancos centrales evitaría que el aumento de las redes de dinero privado excluyese a ciertos segmentos de la sociedad no bancarizada.

Una moneda digital lanzada por bancos centrales traería transparencia, menor costo, y mayor rapidez en las transacciones, los bancos comerciales se enfrentarían al riesgo de desintermediación ya que los consumidores tendrían mas opciónes sobre dónde colocar sus depósitos bancarios. Además, la infraestructura tecnológica facilitaría la introducción de nuevas entidades no bancarias, lo que aumentaría las presiones competitivas sobre los bancos comerciales. La moneda digital sería un medio que no necesitaría el permiso ni la supervisión de un tercero para liquidar y ajustar transacciones, al eliminar los bancos intermediarios. Sin embargo, los bancos centrales obtendrían un control y una información ilimitada sobre cada transacción y sabrían cómo aumentar la oferta monetaria y dirigirla hacia donde los gobiernos lo deseen. Finalmente, si la moneda digital emitida por bancos centrales ganaran aceptación en el comercio internacional podría socavar la influencia de los Estados Unidos y erosionar el papel fundamental del dólar como principal moneda de reserva del mundo.

Los estadounidenses tienen mucho que perder si el dólar es destronado y pierde valor, principalmente los estadounidenses de clase media, cuya riqueza está bloqueada en fondos de retiro o tienen bonos en dólares estadounidenses a largo plazo pensando que son una inversión segura.

María Lorca-Susino es Profesora de Economía de la Universidad de Miami