Alemania: el futuro del trabajo se reinventa

El escenario más plausible tras la pandemia será el modelo híbrido, en el que el ‘home office’ y el teletrabajo representen el 60% del tiempo total trabajado

El futuro del trabajo es hoy. Lo que está pasando aquí es lo que viene. Alemania ha vencido el paro masivo de hace quince años, cuando tenía más de cinco millones de trabajadores sin empleo, pero el mundo laboral es hoy otro. En 2019, antes de la pandemia, había casi pleno empleo. Y, aunque durante los últimos doce meses haya perdido medio millón de puestos de trabajo, los va a recuperar. Sin embargo, nada volverá a ser como antes. La nueva realidad laboral castiga a los trabajadores poco formados y, en parte, también a la clase media.

Es un golpe para la población con rentas medias. La tecnología amenaza a quienes hasta ahora se sentían seguros: la clase media representada por los trabajadores cualificados. Más de la mitad del trabajo realizado por un especialista puede hacerlo ahora una máquina, según las expertas Katharina Dengler y Britta Matthes, del Instituto de investigación del mercado laboral y profesional (IAB) de Nuremberg. Hablamos de la mano de obra cualificada; es decir de la mayoría en el mercado laboral germano. Hoy son 25 millones. En 2040 serán 2 millones menos. Dengler y Matthes dicen que si además la industria del automóvil y el comercio reducen empleo a raíz de la electromovilidad y las telecompras o compras online, nos dirigimos hacia un grave problema social. Para Enzo Weber, otro de los investigadores del IAB, el reto será recolocar, recualificar, y reciclarse para prepararse para otras actividades. Seguirán buscándose trabajadores extremadamente especializados. El escenario más plausible tras la epidemia será el modelo híbrido y flexible, en el que el home office y el teletrabajo representen entre un 40% y un 60% del tiempo trabajado.

Y en este sentido se piden nuevas reformas. El presidente hasta el pasado año del consejo económico del Gobierno alemán, Christoph M. Schmidt, apela en Alemania a liberalizar más su mercado laboral y a subir la edad de jubilación a los 69 hasta el año 2060. Está en contra de aumentar más el salario mínimo por considerar que impide la integración laboral de trabajadores poco cualificados y de los refugiados. Considera que una de las grandes cuestiones futuras es hacer una política climática eficiente económicamente, pero social. Schmidt está a favor de un impuesto CO2 y de fortalecer los sistemas de seguridad social teniendo en cuenta el cambio demográfico. “En los últimos años se han debilitado con nuevos gastos”. El llamado canciller de la economía alemana, es hoy el presidente del Instituto Leibniz de Investigación Económica (RWI) de Essen y catedrático en la Ruhr Universidad de Bochum.

En Alemania hay un amplio consenso en torno a las últimas grandes reformas de la Agenda 2010. Los últimos quince años han sido un éxito. Tras la reunificación de 1990 se registró un paro masivo por el colapso de las empresas en el Este. El canciller Helmut Kohl reaccionó jubilando a los mayores de 50, pero no solucionó el problema del desempleo. El cambio llegó con la reforma del sistema social y del mercado laboral del canciller socialdemócrata Gerhard Schröder, quien implementó entre 2003 y 2005 las polémicas y extremadamente controvertidas medidas para crear empleo, como la llamada Hartz IV, la más debatida por implicar la reducción del subsidio de desempleo. La llamada Agenda 2010 salió bien, pero su partido, el socialdemócrata SPD, está pagando todavía hoy un alto precio. La reforma no encajó en el ideario socialdemócrata clásico y las protestas por las reformas dividieron a la izquierda.

Pero funcionó. Desde entonces el paro ha caído a la mitad. Sobre todo, fueron efectivas medidas como la reconfiguración de las oficinas de empleo y la apuesta por la cualificación profesional. Y aumentó el trabajo temporal, ocasional y subcontratado. Las empresas avanzaron en el mercado mundial. Luego, a raíz de la crisis financiera de 2008, la economía recurrió a la fórmula de la reducción del tiempo de trabajo y de los expedientes de regulación de empleo para mantener los puestos de los trabajadores que, de otro modo, hubieran sido despedidos. Mantener a tiempo parcial a los trabajadores en fases de recesión ha sido también la clave durante esta pandemia. La otra cara de la moneda de la reforma Schröder es que hoy hay más trabajo subcontratado, más trabajo temporal y más empleo en ocupaciones peor pagadas, por menos de 11,4 euros brutos la hora. El porcentaje de trabajo en el sector de bajos salarios ha pasado del 16,9% en 1995 al 20,7% en 2019.

En los últimos 50 años los ingresos de los alemanes se han desigualado. Los perdedores son varones solos y con baja cualificación. Ganan una sexta parte menos que ese mismo grupo de población en los años setenta. Tras la última guerra no era necesario tener formación. También en la fábrica o en la construcción se podía avanzar. Bastaba con tener 16 años. A finales de los 70 uno de cada tres trabajadores entre los 25 y los 55 estaba poco formado.

Hoy el mundo es otro. Quien no está cualificado profesionalmente no tiene trabajo o, si lo tiene, apenas gana dinero; pero quien tiene el bachillerato o una formación profesional gana el 50% más que en los setenta. Nada nuevo: formarse seguirá siendo la clave en el futuro del trabajo.

Lidia Conde es analista de economía alemana