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La meta es cronificar el cáncer de mama metastásico con los nuevos fármacos inteligentes

La lucha contra la enfermedad progresa con innovadoras terapias para mejorar la supervivencia y la calidad de vida de las pacientes. Es necesario seguir apoyando la investigación básica y mejorar la ley de mecenazgo

La meta es cronificar el cáncer de mama metastásico con los nuevos fármacos inteligentes

Cronificar el cáncer de mama metastásico, mantener vivas a las pacientes y con una buena calidad de vida durante una media de 20 años. Ese es uno de los principales objetivos de los investigadores de este tipo de tumores. La manera de conseguirlo es a través de “terapias innovadoras y fármacos inteligentes” dirigidos a “las alteraciones específicas” que se producen en este tipo de patologías, explica el doctor Miguel Martín, jefe del servicio de oncología médica del Hospital Gregorio Marañón.

En la actualidad existen algunos subtipos de cáncer en los que se produce una tasa media de supervivencia de entre cinco y siete años. Es más de lo que se tenía hace diez, pero es una cifra que no satisface a los investigadores.

Existe un gran desarrollo científico de fármacos para actuar sobre tumores con alteraciones en el oncogén HER2

Por esta razón, los nuevos tratamientos siguen la línea abierta hace algunos años. Ya no se busca un enfoque genérico, sino uno basado en alteraciones específicas moleculares o genéticas del tumor que son propias de algunos pacientes, pero no de todos. Este es el cambio principal. Terapias individualizadas y con dianas concretas.

El cáncer de mama no tiene tantas modificaciones como otros, pero, como indica el doctor, “tenemos algunas muy destacadas, siendo quizá la más importante la del oncogén HER2”. Actualmente se están desarrollando una serie de fármacos diseñados para actuar directamente sobre tumores con alteraciones en este gen.

Recreación de una célula tumoral de un cáncer de mama.
Recreación de una célula tumoral de un cáncer de mama.

Es el caso, por ejemplo, de los anticuerpos conjugados. El facultativo explica su funcionamiento: “Este anticuerpo llega a la célula tumoral y se une a la misma, a su superficie. Entonces, la célula tumoral lo introyecta dentro de su citoplasma y ahí se libera el medicamento. Es un preparado capaz de trasladar el citotóxico directamente a la célula tumoral.

La selectividad del medicamento reduce la exposición de otras células sanas del organismo, disminuyendo la toxicidad”. Es un modelo de innovación con gran beneficio para las pacientes”, manifiesta.

Falta de financiación

Pero esta es una línea más dentro de la investigación en el cáncer. Hay otras, como la académica o la básica, que, en opinión del doctor, adolecen de un problema de financiación y de graves dificultades para llevarlas a cabo. “La investigación goza de buena salud cuando está detrás el propietario de un fármaco que está interesado en desarrollarlo. Esto es lo que ocurre habitualmente. Invierte en ese medicamento y hay un avance notable”. Pero donde hay “una laguna enorme de mejora es en la investigación que no es interesante para el propietario de los fármacos”, señala. Antes, ese camino lo recorrían los investigadores independientes, pero los altos costes que tiene hoy en día lo impiden por una falta de financiación.

El coronavirus se impone a los tumores

El mundo ha logrado en solo un año crear una vacuna frente al coronavirus. Los tumores llevan décadas entre nosotros y aún no se ha encontrado una cura. El de mama, por ejemplo, es ya el más diagnosticado. “El Covid ha tenido un efecto perjudicial visible e inmediato. El de mama es más sutil y a largo plazo”, responde el doctor Miguel Martín, jefe del servicio de oncología del Hospital Gregorio Marañón, cuando se le hace la comparación.

Martín admite que hay inversión en I+D, “y cada vez más, porque es cada vez más importante”. Pero añade que debería prestarse más atención a esta patología de forma global. No se trata solo de un problema de tratamiento. Hay otros aspectos. “Las mujeres con cáncer de mama necesitan otras muchas cosas: hacer ejercicio, alimentarse de forma sana y que se les ayude a reintegrarse a su vida laboral, social y familiar”, dice.

El doctor Martín cree que a veces “hay muchas preguntas que no interesa contestar a la industria farmacéutica”. Para explicarlo, pone el ejemplo de dos medicamentos que valen para la misma indicación. “Ninguno de los dos propietarios van a querer hacer un estudio enfrentándolos. Tienen mucho que perder y poco que ganar. Pero para la academia es importante. Nos gustaría saber cuál va mejor y, sobre todo, si uno va mejor en unos pacientes y el otro en otros.”

En su opinión, debería ser la Administración la que cubra este tipo de estudios, algo que, recuerda, es el modelo elegido en algunos países anglosajones y otros europeos como Francia. “Todo lo que sea invertir en investigación a largo plazo puede ser útil incluso en términos egoístas y económicos para las distintas Administraciones que estén implicadas. Pero, para eso, hay que tener una visión de futuro que a veces no existe”.

Ley de mecenazgo

Desde el Grupo de Investigación en Cáncer de Mama (Geicam), que preside Martín, intentan hacerlo, pero con muchas limitaciones. “Hacer un estudio clínico hoy en día, de una forma absolutamente reglamentaria, supone gastarse mucho dinero. Son muchas cosas que cuestan mucho. Hacemos estudios académicos desviando dinero de otros de la industria, pero esto es una solución muy parcial”, lamenta.

Aun así, Geicam ha logrado impulsar 130 estudios con la participación de más de 60.000 mujeres desde su constitución en 1995. A esto hay que añadir la colaboración que han establecido con otros grupos de investigación internacionales.

Geicam ha conseguido poner en marcha más de 130 estudios a pesar de las limitaciones presupuestarias

Una posible solución para incrementar estos trabajos y conseguir la financiación necesaria pasaría, según el doctor, por contar en España con una ley del mecenazgo. La Administración otorga beneficios fiscales a los particulares o a las empresas que ponen su dinero para investigar. “Les gratificas por hacer una labor social y consigues así que el sistema global también se beneficie”, concluye.

Miguel Martín: “El Covid ha creado una barrera en la conexión emocional con el paciente”

Miguel Martín, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Gregorio Marañón y presidente de Geicam.
Miguel Martín, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Gregorio Marañón y presidente de Geicam.

Alteraciones dentro de una cierta normalidad. Así describe el doctor Martín, jefe del servicio de oncología médica del Hospital Gregorio Marañón y presidente de Geicam, la situación actual después de un año de coronavirus.

¿Cómo definiría el impacto del coronavirus en su hospital?

Al principio fue terrible. Hubo un alto nivel de contagios, se cancelaron consultas e intervenciones... Ahora la situación se ha normalizado, aunque con alteraciones. Y todo ello a costa de un desgaste del personal sanitario horroroso.

¿Qué pasó con oncología?

Fue de los pocos servicios que continuaron abiertos. Aunque hubo que suspender las grandes cirugías, otras como las de cáncer de mama se pudieron mantener.

¿Y con las enfermas de cáncer de mama metastásico?

El impacto ha sido mayor. Al principio, les redujimos las terapias que les ponemos, que pueden tener efectos inmunodepresores. Teníamos muchísimo miedo de que pudieran favorecer la infección de las enfermas. Luego nos dimos cuenta de que lo podíamos haber hecho de otra forma. Pero entonces no sabíamos nada de esta enfermedad.

¿De qué manera les sigue afectando hoy la pandemia?

Las mascarillas son un ejemplo. Estamos en una consulta con una paciente y estamos escondidos detrás de ellas. No les puedes dar la mano, un abrazo o un beso. Esto crea una obstáculo en la comunicación, que parece una tontería, pero que es muy importante. Noto en las enfermas que les deja una señal. El Covid ha creado una barrera en la conexión emocional con el médico.

¿Ha habido cambios positivos?

Sí, y algunos de ellos creo que van a quedarse. Tuvimos que modificar muchas terapias. Por ejemplo, en el caso de que hubiera dos opciones, elegíamos siempre la que exigiera menos visitas al hospital. O si el tratamiento se podía hacer por vía oral antes que por vía intravenosa, se le acercaban las medicinas al domicilio del paciente. Ambas opciones se van a seguir haciendo.

¿Cuál es la principal enseñanza que ha sacado de todo esto?

Lo importante que es tener una sanidad pública que funcione y esté bien dotada. No podemos ir reduciendo su financiación de forma solapada. Al contrario, tenemos que ir aumentándola. Solo con una buena sanidad podemos afrontar estos problemas con una cierta garantía.

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