Jamie Dimon es la piedra en el zapato de la inversión verde

JP Morgan combina una posición discordante sobre el clima con un precio en Bolsa superior al de sus pares

Protesta ecologista en Nueva York contra Blackrock y JP Morgan.
Protesta ecologista en Nueva York contra Blackrock y JP Morgan. LightRocket via Getty Images

Jamie Dimon es una piedra en el zapato de la inversión verde. Una de las premisas que guían a los inversores centrados en el medio ambiente, la sociedad y la gobernanza (ASG) es que las empresas que permiten la fuerte contaminación serán vapuleadas por el mercado. JP Morgan, en cambio, consigue combinar una posición discordante sobre el cambio climático con una alta valoración y un precio de las acciones que supera ampliamente a la mayoría de sus rivales.

Los 317.000 millones de dólares (263 millones de euros) en préstamos y suscripciones a combustibles fósiles que realizó JP Morgan entre 2016 y 2020 lo convierten en el mayor prestamista del sector, según la organización ambiental Rainforest Action Network.

El banco de Dimon tampoco se ha comprometido a retirarse de la financiación del carbón en los mercados desarrollados para 2030, como hacen sus rivales, como HSBC. Ahora, es uno de los pocos grandes prestamistas mundiales que se niegan a unirse a la nueva Glasgow Financial Alliance for Net Zero (GFANZ) del exgobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney.

Dimon tiene varias razones para abstenerse. JP Morgan ya se ha comprometido a desplegar 2,5 billones de dólares (2,1 billones de euros) de financiación sostenible durante la próxima década y a establecer objetivos de emisiones para los sectores más contaminantes de su cartera de financiación, como el petróleo y el gas. Puede que no ayude el hecho de que Dimon se peleara con Carney hace una década por unas normas bancarias que el jefe de JP Morgan calificó de “tonterías ridículas”.

Puede haber otra sencilla razón para desviarse de GFANZ: JP Morgan ya tiene abundantes normas y objetivos que navegar. Aunque su nombre en forma de acrónimo puede sonar como una banda de alegre K-pop, el nuevo grupo de Carney, entre otras cosas, cargará a los bancos con los desafiantes compromisos de llevar sus emisiones de gases de efecto invernadero y las de sus prestatarios a un nivel neto de cero, acorde con la limitación del calentamiento global a 1,5 grados.
El plan de Dimon de seguir directrices “alineadas con París” podría dar al banco un poco más de margen de maniobra, apuntando simplemente a limitar el calentamiento global a menos de 2 grados Celsius.

El principal problema para los activistas ambientales es que JP Morgan puede permitirse el lujo de hacer caso omiso del pensamiento grupal de ASG. Los inversores valoran el banco en unos 450.000 millones de dólares (370.000 millones de euros), 1,7 veces su valor contable según las previsiones de Refinitiv, en comparación con el 1,1 de media de sus rivales.

En el primer trimestre obtuvo una rentabilidad sobre los fondos propios superior al 20%. Esto no significa que Dimon no tenga que hacer caso a los expertos en medio ambiente o que no se tome en serio la sostenibilidad. Pero cuando alguien que propicia la contaminación ya tiene a los inversores satisfechos de su lado, los activistas que quieren obligar al cambio tienen el trabajo complicado.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías