El camino de salida de la guerra fiscal digital empieza a abrirse

La apertura de Biden a que las grandes tecnológicas paguen impuestos donde generan sus ventas es un gran avance

La larga lucha por adaptar las normas internacionales del impuesto de sociedades a la era digital está a punto de dar un paso adelante. Sigue habiendo obstáculos, pero poco a poco se va abriendo un camino que los sortea.

El acontecimiento clave se produjo a última hora del miércoles con una nueva propuesta de Estados Unidos sobre el reparto de los derechos fiscales entre los países. La administración del presidente Joe Biden quiere que unas 100 de las mayores empresas del mundo, incluidos gigantes tecnológicos como Facebook, paguen algunos impuestos en función del lugar donde se generan las ventas y no solo del lugar donde se declaran los beneficios, informó el Financial Times.

Esto se parece al proyecto propuesto el año pasado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, con sede en París, que supervisa las negociaciones entre unos 135 Gobiernos sobre la reforma del impuesto de sociedades. Cuando una empresa francesa compra publicidad en las búsquedas de Google para dirigirse a un consumidor local, por ejemplo, las normas propuestas significarían que el Ministerio de Hacienda de Francia obtendría una mayor parte del precio pagado a Alphabet, en lugar de ver cómo gran parte de los beneficios fluyen hacia Irlanda y EE UU.

La nueva propuesta probablemente también afectaría a grupos de consumo como LVMH, que podría deber algún impuesto por sus ventas en Estados Unidos. Sin embargo, las empresas digitales representan entre un 30% y un 40% de los beneficios empresariales que se están debatiendo en la OCDE, según declaró a Breaking­views una persona familiarizada con las conversaciones.

La concesión de Biden podría desbloquear un premio mucho mayor, el de un tipo mínimo de impuesto de sociedades a nivel mundial. La mayoría de los principales Gobiernos que participan en las conversaciones de la OCDE estaban de acuerdo en que esto era necesario, pero la intransigencia de EE UU sobre la tributación digital bajo el expresidente Donald Trump detuvo los avances.

El nuevo impulso significa que países posiblemente reacios a ello como Irlanda, Holanda o Luxemburgo tendrían pocas esperanzas de evitar un golpe. Los países pueden imponer en la práctica impuestos mínimos de forma unilateral exigiendo a las empresas que entreguen la diferencia entre ese mínimo y el impuesto de sociedades que la empresa ya esté pagando. Al conseguir que Gran Bretaña, Francia, India, Alemania y otros países se sumen a la iniciativa, Biden puede acorralar a los paraísos fiscales.

La política interna podría echar por tierra las conversaciones. El presidente francés, Emmanuel Macron, intentará vender la nueva propuesta de Biden como un gran retroceso de Estados Unidos, mientras que el presidente estadounidense tendrá que argumentar lo contrario en el Congreso. Uno o ambos esfuerzos pueden fracasar. Pero por primera vez en mucho tiempo, los jefes de los principales Gobiernos occidentales parecen estar en la misma línea sobre la reforma global del impuesto de sociedades. Eso ya es un progreso.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías