La eólica marina de EE UU está llamada a crecer a marchas forzadas

Si Biden cumple su promesa de acelerar las autorizaciones, podría deshacerse el atasco de proyectos en cartera

Turbinas de viento en el parque Eneco Luchterduinen, cerca de rn Ámsterdam (Países Bajos).
Turbinas de viento en el parque Eneco Luchterduinen, cerca de Ámsterdam (Países Bajos). reuters

Las aprobaciones de proyectos de energía eólica marina en Estados Unidos han resultado tan difíciles de cazar como las ballenas blancas. Eso está cambiando por fin. El primer gran proyecto, en el que participa Iberdrola, está valorado en 2.800 millones de dólares y tiene una capacidad de 800 megavatios, y está a punto de recibir la luz verde definitiva, quizá en un mes. Y hace una semana, el presidente Joe Biden fijó el objetivo de construir casi 40 veces más para 2030. Una administración favorable y la caída de los costes deberían acabar con la oposición.

Europa ya ha instalado 25 gigavatios de generación en alta mar, según Wind­Europe, una asociación del sector. Esta cifra es más de 30 veces la capacidad de Vineyard Wind 1, cuyos dueños son europeos: el mayor desarrollo del mercado en el viejo continente también ha hecho más viable el proyecto desde que se propuso por primera vez.

El 8 de marzo, la Oficina de Administración de la Energía Oceánica hizo pública la Declaración final de impacto ambiental de Vineyard Wind 1. La aprobación federal definitiva es el último paso necesario para que el proyecto se ponga en marcha.

Está situado a 24 kilómetros de la isla Martha’s Vineyard, en Massachusetts. Tendrá una capacidad de generación de 800 megavatios y se espera que entre en funcionamiento en 2023. Es propiedad conjunta de Copenhagen Infrastructure Partners y Avangrid, la utility estadounidense controlada por Iberdrola.

Hoy en día, las turbinas marinas pueden alcanzar los 250 metros de altura, unas tres veces más que la media de las turbinas terrestres instaladas hace 15 años. Por cada duplicación de la longitud de las palas de la turbina, la producción se cuadruplica teóricamente. Vineyard Wind, por ejemplo, tenía previsto utilizar hasta 100 turbinas, pero ahora serán 62. Eso implica la misma potencia a menor coste.

Lazard calcula que el coste nivelado de la eólica marina, que mide los ingresos necesarios para cubrir los costes de la vida útil, es de 86 dólares por megavatio-hora en 2020. Es más barato que las nuevas instalaciones nucleares y la mayoría de las nuevas de carbón, según el banco de inversión. El Laboratorio Nacional de Energías Renovables de EE UU (NREL) calcula que el coste de la eólica marina cae un 20% anual.

Ello hace que cada vez sea más fácil en términos financieros. Pero el capital privado no acudirá sin un proceso de concesión de permisos predecible y no demasiado largo. El NREL calcula que la cartera de proyectos eólicos en alta mar supera los 28 GW, pero no hay ningún gran proyecto en construcción. Vineyard Wind se puso en marcha en 2014.

Si Biden consigue convertir en realidad su promesa de acelerar las autorizaciones, podría deshacerse el atasco. Los nuevos puestos de trabajo junto con tarifas eléctricas competitivas podrían ayudar a los líderes locales a subirse también a bordo.

En un principio, Biden fijó un objetivo fácilmente alcanzable para las vacunas de Covid-19 de 100 millones de inyecciones en 100 días, objetivo que ha duplicado desde entonces. Teniendo en cuenta los proyectos que ya están esperando, su objetivo de 30 GW de eólica marina para 2030 debería de ser igualmente alcanzable.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías