PP: mayoría absoluta o extrema derecha

El éxito del Partido Popular con la absorción de Ciudadanos pondrá a sus gobiernos regionales en manos de Vox

Los primeros datos apuntan a que el PP está abordando con mucho éxito el desguace de Ciudadanos. Ha conservado los gobiernos de Murcia, aunque para ello se haya tenido que tapar la nariz, y Castilla y León; y las encuestas les auguran un crecimiento espectacular, duplicar escaños, en Madrid y Andalucía. El problema está en que ese viaje tiene a Vox como final de estación.

En las últimas elecciones autonómicas (mayo de 2019) el PP sufrió un duro golpe, con fuerte caída de votos y escaños que fueron a parar a Ciudadanos y Vox. Sin embargo, pudo amortiguar la pérdida de poder porque le acababa de levantar al PSOE el gobierno de Andalucía (diciembre de 2018) y porque conservó dos emblemas del PP, Madrid y Castilla y León, que políticamente equivalen a la Andalucía del PSOE.

Los partidos de derechas habían parido en Andalucía un modelo de cooperación que extendieron a todos los gobiernos donde pudieron. Ese modelo consistía en una coalición de gobierno entre PP y Ciudadanos, por la cual el primero tiene la presidencia y el segundo la vicepresidencia, y Vox les apoya desde fuera, votando la investidura y luego en el Parlamento ya se iría viendo, que cada día tiene su afán.

El esquema andaluz se implantó tal cual en Madrid, Murcia y Castilla y León, aunque en esta tenían la enorme ventaja de no necesitar los votos de Vox. Estos pactos, que aún no han cumplido dos años, forman parte del principio del fin de Albert Rivera y de Ciudadanos. El pacto andaluz, que encamaba a los teóricos centristas de Ciudadanos con la ultraderecha, tenía un argumento potente: remover al PSOE de un gobierno en el que llevaba instalado más de tres décadas y con una gestión que ha llevado a que dos de sus ex presidentes, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, hayan sido condenados por malversación y prevaricación de caudales públicos por el Caso ERE.

Sin embargo, ese compromiso por la regeneración política no fueron capaces de llevarlo a Madrid, Castilla y León y Murcia, pese al historial de casos de corrupción. Madrid es el epicentro del Caso Gürtel y de toda otra serie de casos particulares del PP regional. De hecho, tres presidentes autonómicos de este partido (Esperanza Aguirre, Ignacio González y Cristina Cifuentes) han tenido y tienen problemas con la justicia, así como el ex vicepresidente Francisco Granados. Un mes después de las elecciones autonómicas, junio de 2019, Albert Rivera no quiso pactar el gobierno de la nación con Pedro Sánchez, cuando sumaban una mayoría 180 diputados.

Es ahí, en la renuncia a la regeneración y al centro, donde enraíza la actual crisis y próxima desaparición de Ciudadanos. “Déjennos morir en paz”, dijo esta semana David Castaño, portavoz de Ciudadanos en las Cortes de Castilla y León. Pudo decir “déjennos en paz”, pero la realidad le pudo.

Todo apunta a que hace tiempo que Génova y Albert Rivera trabajan mano a mano en Derribos Ciudadanos y Reconstrucciones PP. El Partido Popular tiene contratado al despacho Martínez-Echeverría & Rivera Abogados desde, al menos, primeros de noviembre de 2020. El propósito inicial era el recurso ante el Tribunal Constitucional de la Ley de Alquileres de Cataluña. Pero ya se sabe que del roce viene el cariño, tanto que Teodoro García Egea ha dicho públicamente mantener una gran relación con Rivera. El desastroso resultado de las elecciones catalanas llevó a Inés Arrimadas a pensar que podría tener una última oportunidad, si recuperaba el discurso de la regeneración política y pactó la moción de censura de Murcia. Cataluña y Murcia, las patrias chicas de Rivera y Egea, de los encargados del equipo de Derribos Ciudadanos y Reconstrucciones PP.

Murcia se presentaba como la gran oportunidad de Albert Rivera de vengarse de su sucesora y prestar un servicio de calado a sus patrocinadores. Y lo consiguieron. Reventaron la moción de censura partiendo en dos a Ciudadanos en esa región. “García Egea y Rivera harán el asalto final a Ciudadanos el 4-M”, decía La Razón en portada el pasado martes 23. Un día antes había fracasado la moción de censura socialista de Castilla y León, aunque los entresijos de esta operación son otra historia.

Para empezar, el dúo que gobierna la región –Alfonso Fernández Mañueco (PP) y Francisco Igea (Ciudadanos)– tiene unas relaciones claramente mejorables con la cúpula de sus partidos en Madrid y mantienen una entente cordial, sustentada en que Mañueco deja hacer y deshacer e Igea. Pese a todo, la ola de agua de Murcia arrastró a una procuradora de Ciudadanos fuera del partido en las Cortes de Valladolid. Este movimiento fue insuficiente para que triunfara la moción de censura del PSOE, pero provocó que el gobierno actual buscara el apoyo del único diputado de Vox.

Con estos mimbres se llega a la campaña para las elecciones a la Comunidad de Madrid, un territorio donde se van a experimentar todo tipo de cócteles químicos. Los votantes madrileños se han convertido en una manada de ratones a los que inocular todo tipo de mensajes, como si fueran cuerpos en espera de reprogramar. La estrategia y los nombres se están imponiendo desde las sedes centrales de los partidos, imponiendo nombres y mensajes. Si los animalitos reaccionan bien, la medicina será administrada a toda España.

Está claro que la gran batalla en Madrid y en las siguientes elecciones autonómicas y municipales está en atraer a los votantes de Ciudadanos. Por eso Ángel Gabilondo dice renegar de Pablo Iglesias e Isabel Díaz Ayuso ficha a Toni Cantó, capaz de disfrazarse de lagarterana. La dura realidad de Madrid y de Andalucía, que son las siguientes, es que el éxito de absorber a Ciudadanos les hará más dependientes de Vox. Eso va de mayoría absoluta o Vox. Comunismo o libertad es un ardid.

Aurelio Medel es Doctor en Ciencias de la Información. Profesor de la Universidad Complutense